“Creo que en la vida existen varios lugares, algunos íntimos, otros abiertos, los primeros son solitarios y únicos, los segundos son de todos, lugares donde todos podemos reinventarnos, recrearnos, redimirnos, lugares para compartir, para ser generosos, lugares para amar y reír, lugares donde llorar y estar con alguien, lugares para construir entre todos” Alejandro
Yo creo que las palabras se van gastando, así dejan
de ser, se trasmutan y adquieren una personalidad diferente, es entonces cuando
quedan huecas, son fantasmas y así se vuelven desechables, cuando eso sucede
nos volvemos más pobres, mas ciegos, sordos y mudos, les dejo con un texto de Cortázar.
Alejandro.
Las palabras se
gastan
Julio
Cortázar
"Si algo
sabemos los escritores es que las palabras pueden llegar a cansarse y a
enfermarse, como se cansan y se enferman los hombres o los caballos. Hay
palabras que a fuerza de ser repetidas, y muchas veces mal empleadas, terminan
por agotarse, por perder poco a poco su vitalidad..."
"Sabemos muy bien cuáles
son esas palabras en las que se centran tantas obligaciones y tantos deseos:
libertad, dignidad, derechos humanos, pueblo, justicia social, democracia,
entre muchas otras.
Sin la palabra no habría
historia y tampoco habría amor; seriamos, como el resto de los animales, mera
sexualidad. El habla nos une como parejas, como sociedades, como pueblos.
Hablamos porque somos, pero somos porque hablamos…
Todo esto sería acaso
menos grave si frente a nosotros no estuvieran aquellos que, tanto en el plano
del idioma como en el de los hechos, intentan todo lo posible para imponernos
una concepción de vida, del estado, de la sociedad y del individuo basado en el
desprecio elitista, en la discriminación por razones raciales y económicas, en
la conquista de un poder omnímodo por todos los medios a su alcance, desde la destrucción
física de pueblos enteros hasta el sojuzgamiento de aquellos grupos humanos que
ellos destinan a la explotación económica y a la alienación individual.
Si algo distingue al
fascismo y al imperialismo como técnicas de infiltración es precisamente su
empleo tendencioso del lenguaje, su manejo de servirse de los mismo conceptos
que estamos utilizando aquí esta noche para alterar y viciar su sentido más
profundo y proponerlos como consignas de su ideología. Palabras como patria,
libertad y civilización saltan como conejos en todos sus discursos, en todos
sus artículos periodísticos. Pero para ellos la patria es una plaza fuerte
destinada por definición a menospreciar y a amenazar a cualquier otra patria
que no esté dispuesta a marchar de su lado en el desfile de los pasos de ganso.
Para ellos la libertad es su libertad, la de una minoría entronizada y
todopoderosa, sostenida ciegamente por masas altamente masificadas. Para ellos
la civilización es el estancamiento en un conformismo permanente, en una obediencia
incondicional…
Por la muy simple razón de
que nuestros enemigos han mostrado sus capacidad de insinuar, de introducir
paso a paso un vocabulario que se presta como ninguno al engaño, y si por
nuestra parte no damos al habla su sentido más auténtico y verdadero, puede
llegar el momento en que ya no se vea con la suficiente claridad la diferencia
esencial entre nuestros valores políticos y sociales y los de aquellos que
presentan sus doctrinas vestidas con prendas parecidas; puede llegar el día en
que el uso reiterado de las mismas palabras por unos y por otros no deje ver ya
la diferencia esencial de sentido que hay en términos tales como individuo,
como justicia social, corno derechos humanos, según que sean dichos por
nosotros o por cualquier demagogo del imperialismo o del fascismo.
Un ejemplo entre muchos
puede mostrar la cínica deformación del lenguaje por parte de los opresores de
los pueblos. A lo largo de la segunda guerra mundial, yo escuchaba…que las
noticias difundidas por la radio de Hitler comenzaban cada vez con esta frase:
Aquí Alemania, defensora de la cultura». La repetía mientras millones de judíos
eran exterminados en los campos de concentración.
Eso sucedía en los años
cuarenta, pero la distorsión del lenguaje es todavía peor en nuestros días,
cuando la sofisticación de los medios de comunicación la vuelve aún más eficaz
y peligrosa puesto y desde los canales de la televisión o las ondas radiales
puede invadir y fascinar a quienes no siempre son capaces de reconocer sus
verdaderas intenciones.
Y así podíamos seguir
pasando revista al doble juego de escamoteos y de tergiversaciones verbales que
como se puede comprobar cien veces, golpea a las puertas de nuestro propio
discurso político con las armas de la televisión, de la prensa y del cine, para
ir generando una confusión mental progresiva, un desgaste de valores, una lenta
enfermedad del habla, una fatiga contra la que no siempre luchamos como
deberíamos hacerlo.
La tecnología le ha dado
al hombre máquinas que lavan las ropas y la vajilla, que le devuelven el brillo
y la pureza para su mejor uso. Es hora de pensar que cada uno de nosotros tiene
una máquina mental de lavar, y que esa máquina es su inteligencia y su
conciencia; con ella podemos y debemos lavar nuestro lenguaje político de
tantas adherencias que lo debilitan. Sólo así lograremos que el futuro responda
a nuestra esperanza y a nuestra acción, porque la historia es el hombre y se
hace a su imagen y a su palabra".
La
mente y el espíritu humano tienen formas singulares de actuar, leen donde la
razón dice que no hay nada, caminan por caminos escondidos buscando sueños
perdidos o recuerdos olvidados.
Alejandro
Yo estaré en
todas partes, en todas partes donde quiera que mires, donde exista una
posibilidad de que los hambrientos coman, allí estaré, donde exista un hombre
que sufra allí estaré, y estaré en la risa de los niños cuando sientan hambre y
la cena esté ya preparada, y cuando los hombres coman de la tierra que trabajan
y vivan en las casas que levanten, allí también estaré.
John Streimberk
Hubo un tiempo en que estábamos bien -y
prosiguió-: Hubo un tiempo en que estábamos en la tierra y teníamos unos
límites. Los viejos morían, y nacían los pequeños y éramos siempre una cosa...
éramos una familia... una unidad delimitada. Ahora no hay ningún límite claro. Al...
suspirando por marcharse solo. El tío John no hace más que dejarse llevar. Y
Padre ha perdido su lugar. Ya no es la cabeza de la familia. Y Rosasharn...
-miró detrás de ella y vio los ojos abiertos de par en par de la joven-. Va a
tener un bebé y no habrá familia. No sé. He intentado mantener la familia.
- Antes significaba que eras de
Oklahoma. Ahora quiere decir que eres un cerdo hijo de perra, que eres una
mierda. En sí no significa nada, es el tono con que lo dicen. [...] He oído que
hay trescientas mil personas como nosotros, que viven como cerdos porque en
California todo tiene propietario. No queda nada libre. Y los propietarios se
van a agarrar a sus posesiones aunque tengan que matar hasta el último hombre para
conservarlas.
Los frutos de las raíces de las vides,
de los árboles, deben destruirse para mantener los precios y esto es lo más
triste y lo más amargo de todo. [...] La gente viene con redes para pescar en
el río y los vigilantes se lo impiden; vienen en coches destartalados para
coger las naranjas arrojadas, pero han sido rociadas con queroseno. Y se quedan
inmóviles y ven las patatas pasar flotando, escuchan chillar a los cerdos
cuando los meten en una zanja y los cubren con cal viva, miran las montañas de
naranjas escurrirse hasta rezumar podredumbre; y en los ojos de la gente se
refleja el fracaso; y en los ojos de los hambrientos hay una ira creciente. En
las almas de las personas las uvas de la ira se están llenando y se vuelven pesadas,
cogiendo peso, listos para la vendimia.
Pero me gusta pensar lo bien que
estaremos, a lo mejor, en California, donde nunca hace frío y la fruta crece
por todas partes. La gente vivirá en los lugares más hermosos, en casitas
blancas levantadas entre los naranjos. Me pregunto... es decir, si todo
conseguimos un empleo y todos trabajamos, tal vez podamos comprar una de esas
casitas blancas. Y los pequeños saldrán a recoger naranjas del mismo árbol. No
podrían aguantarlo, gritarán como locos.
Dijo fieramente: ve río abajo y díselo.
Ve hasta la calle y púdrete y díselo de este modo. Esa es tu manera de hablar.
Ni siquiera sabemos si eras niño o niña. No lo averiguaremos. Baja ahora y yace
en la calle. Quizás entonces se den cuenta -giró la caja con suavidad hacia la
corriente y la soltó.
Los ojos de Madre fueron más allá de
los de Rose of Sharon y luego volvieron a ellos. Y las dos mujeres se miraron
profundamente la una a la otra. La respiración de la muchacha era entrecortada.
Ella dijo:
-Sí.
Madre sonrió.
- Sabía que lo harías. ¡Lo sabía! -miró
sus manos, entrelazadas en su regazo.
- Rose of Sharon susurró:
- ¡Podéis... saliros todos?
[...]
Luego levantó su cuerpo y se ciñó el
edredón. Caminó despacio hacia el rincón y contempló el rostro gastado y los
ojos, abiertos y asustados. Entonces, lentamente, se acostó a su lado. Él meneó
la cabeza con lentitud a un lado y a otro. Rose of Sharon aflojó un lado de la
manta y descubrió el pecho.
- Tienes que hacerlo- dijo. Se acercó
más a él y atrajo la cabeza hacia sí-. Toma- dijo- Así -su mano sujetó la
cabeza por detrás. Sus dedos se movieron con delicadeza entre el pelo del
hombre. Ella levantó la vista y miró a través del granero, y sus labios se
juntaron y dibujaron una sonrisa misteriosa.
El Rey Lear lo vi por vez primera en escena a finales de los años
setentas, en una de las mejores salas teatrales de México, en la Ciudad
Universitaria, la interpretación del terrible y soberbio anciano hizo Ignacio López
Tarzo, recién la había leído en una hermosa edición en inglés que me regalo
Virginia, de hecho fue ella quien me enseño a conocer a Shakespeare, al
descubrirlo encontré una manera maravillosa de usar el lenguaje, del poder de
la palabra, así, esta junto con Macbeth
, (de quien publique el 11 de julio del 2010 en: http://alejandro-ellugardetodos.blogspot.mx/2010/07/blog-post.html) Sueño de una noche de verano y Falstaf son mis obras preferidas y
claro, sus sonetos, sobretodo Venus y Adonis.
“Thrice-fairer thanmyself,‘thus she began,
The field’s chief flower, sweet above
compare,
Stain to all nymphs,more lovelythan a man,
More white and red than doves or roses are;
Nature that made thee, with herself at
strife,
Saith that
the world hath ending with the life.”
“Tú, tres veces más bello que yo misma – comienza–¡
Tú, flor principal de la
pradera, imponderable perfume!
Tú, prodigio entretodas las ninfas,
más adorable que un hombre,
Más blanco y carmíneo que
las palomas o las rosas.
La Naturaleza que te ha
creado, en competencia con ella misma,
dice que el mundo con tu
muerte acaba.”)
(...)
“Are thou ashamed to kiss? Then wink again,
And I will wink; so shall the day seem
night;
Love keeps his reveals where are but twain;
Be bold to play, our sport is not sight:
These blue-vein d`whereon we lean
Never can blab, nor know not what we mean.”
“¿Sientes vergüenza de besar? Cierra, pues, los ojos, y yo los
cerraré;
así, el día parecerá noche;
el amor revela sus secretos
donde se encuentran dos a solas;
sé audaz para jugar, nuestro
juego no está a la vista:
estas violetas de venas
azules en que nos apoyamos
nunca podrán delatarnos, ni
saber lo que deseamos.”
ooOOoo
Perdón por el breve desvío, pero no pude resistirme, en fin, hace
algunos días me tope con el libro que estaba debajo de otros textos, así como
olvidado, decidí resarcir el daño hecho a Shakespeare y lo he vuelto a leer.
La historia de Lear y de sus hijas,
uno de los temas que más han preocupado a los estudiosos de las tradiciones
populares, se encuentra en Geoffrey of Monmouth (Historia Regum Britanniae,
obra compuesta hacia 1140), en Holinshed (Chronicle), y en una
aportación de John Higgins (1574) alEspejo
de los magistrados (obra en la que, siguiendo el modelo de las Caídas de
los príncipes, de John Lydgate, que a su vez imitaba lasDesventuras de Boccaccio, hombres
ilustres, generalmente pertenecientes a Inglaterra, narran su caída). También
se halla en la Reina de las hadas, de Edmund Spenser (lib. II, canto 10,
st. 27-32). Shakespeare utilizó un drama precedente, Lear. La leyenda
del rey Lear tiene motivos comunes con la de la Cenicienta: la figura de
Cordelia, hija del rey Lear, es una de tantas encarnaciones del tipo de
muchacha virtuosa perseguida.
Escrita en 1605-1606 y representada en 1606, esta tragedia en
cinco actos en verso y prosa de William Shakespeare fue publicada en 1608
(primero en cuarto con el título La verdadera crónica de la vida y muerte
del rey Lear y de sus tres hijas), en 1619 (segundo en cuarto), en 1623 (en
folio) y en 1655 (tercero en cuarto).
El
rey Lear es una de las más perfectas piezas dramáticas de Shakespeare. Su tema
principal es la ingratitud, por culpa de la cual los personajes puros, como
Cordelia, hija de Lear, tienen un final trágico. La maldad de los personajes
impuros? las otras hijas de Lear y Edmund? desencadena una tormenta de locura,
odio, muerte y dolor.
Vota:
Al principio de la obra, Lear convoca a sus tres
hijas, Goneril, Regan y Cordelia, y a los esposos de las dos primeras, los
duques de Cornwall y Albany respectivamente. Explica que, por su ancianidad,
piensa repartir el reino entre las tres, en función de cuánto amor sientan por
él. Goneril y Regan, hipócritamente, expresan un amor ilimitado por su padre,
pero Cordelia, la hija menor, se muestra incapaz de decir palabras vanas que
ensucien de interés el profundo amor que siente por su padre el rey.
ooOOoo
El Rey Lear
William Shakespeare –
fragmentos
Cordelia.
(Aparte.) ¡Entonces, pobre Cordelia!
¡Pero no, nada de eso, puesto que estoy segura de que mi amor es más rico que
mi lengua!
Rey Lear
A ti y a los tuyos quede por siempre en herencia este amplio
tercio de nuestro bello reino, no menor en espacio, valía y deleite que el
conferido a Goneril. Y ahora, vos, alegría nuestra, la última, aunque no la
menos querida, cuyo amor juvenil se disputan competidores las vides de Francia
y la leche de Borgoña, ¿qué puedes decir que merezca un tercio más rico que el
de tus hermanas? ¡Habla!
Cordelia.
Nada, milord.
Rey Lear
¿Nada?
Cordelia.
Nada.
Rey Lear
De nada no vendrá nada; habla de nuevo.
Cordelia.
¡Infeliz de mí, que no puedo llevar dentro de mis labios el
corazón! Amo a Vuestra Majestad conforme a mi deber; ni más ni menos.
Rey Lear
¡Cómo, cómo, Cordelia! Enmendad un poco vuestras palabras, si
no queréis dañar vuestros intereses.
Cordelia.
Bondadoso señor, me disteis el ser, me habéis alimentado y
querido. Os retorno, en reconocimiento, cuanto el deber me impone; os obedezco,
os honro y os amo sobremanera. ¿Por qué tomaron esposo mis hermanas si, como dicen,
no aman sino a vos? Es posible que, cuando me case, el esposo cuya mano reciba
mi prenda se lleve la mitad de mi amor, de mis solicitudes y de mis deberes;
con seguridad, nunca me casaré como mis hermanas, para amar únicamente a mi
padre.
Rey Lear
Pero ¿es tu corazón el que habla así?
Cordelia.
Sí, mi buen señor.
Lear
¡Tan joven y tan falta de ternura!
Cordelia.
¡Tan joven, milord, y tan sincera!
Rey Lear
Bien; ¡sigue así!, tu franqueza sea entonces tu dote; pues
por el sagrado resplandor del sol, por los misterios de Hécate y la noche, por
todos los influjos de los astros conforme a los cuales somos y dejamos de
existir, abdico de todo cuidado paternal, parentesco e identidad de sangre, y
desde ahora por siempre jamás te consideraré como extraña a mí y a mi corazón.
El bárbaro escita o el hombre que hace de sus hijos alimento para saciar su
hambre se hallarán tan próximos a mi amistad, a mi conmiseración y amparo como
tú, la que en otro tiempo fuiste mi hija.
Conde de Kent
Mi buen soberano…
Rey Lear
¡Silencio, Kent! ¡No te interpongas entre el dragón y su
furia! Era la que más amaba, y creí poder confiar el reposo de mi vejez a sus
tiernos cuidados, como se confía un niño a su nodriza. (A Cordelia.) ¡Fuera de
aquí y esquiva mi presencia! ¡Así me siga la paz hasta la tumba como abjura de
ti el corazón de tu padre! ¡Llamad al de Francia!... ¿Quién osa moverse?...
¡Llamad al de Borgoña! Cornwall y Albany: con las dotes de mis dos hijas,
distribuíos el de la tercera.
(…)
Rey Lear
Dónde estuve? ¿Dónde estoy? ¿La
bella luz del día? Estoy en una gran confusión: moriría de la lástima que me
produjese ver a otro como yo me hallo. No sé qué decir. No juraría que sean
estas mis manos. Veamos: siento el pinchazo de esta aguja. Quisiera darme
cuenta de mi situación.
Cordelia.
Oh! ¡Miradme, señor!… Extended
sobre mí las manos para bendecirme… ¡No, señor, no sois vos quien debe
arrodillarse!
Rey Lear.
Os ruego que no os burléis de mí.
Soy un pobre, débil anciano, que tiene ochenta años, ni una hora más ni menos,
y que, para hablaros con franqueza, teme haber perdido el juicio. Me parece que
os conozco, y que conozco a este hombre; pero estoy confuso, pues ignoro en
absoluto en qué lugar estoy, y por más que recorro mi memoria, no recuerdo
haber traído estos vestidos, y dónde he pasado la última noche. Vais a reíros
de mí, pero, tan cierto como soy hombre, creo que esta dama es mi hija
Cordelia.
Cordelia.
Lo soy, lo soy.
Rey Lear
Están húmedas vuestras lágrimas?
Sí, a fe. ¡Por favor, no lloréis!
(…)
Rey Lear
¡Lastimosa
vista! ¿No eres Kent?
Conde de Kent
El
mismo, tu súbdito querido. ¿Dónde está tu criado Cayo?
Rey Lear
Era
una buena persona, yo lo digo. Andaba listo para golpear; murió, y ya pudre.
Conde de Kent
No,
bondadoso señor. Aquél soy yo. El mismo que desde el principio al fin de tus
desventuras fue siguiendo tus tristes pasos.
Rey Lear
Bien
hallado seas.
Conde de Kent
No lo
soy. Nadie tampoco. Todo es desconsuelo, negrura y muerte. Tus hijas mayores
anticiparon su fin desesperadas.
Rey Lear
Lo
creo.
Duque de Albania
No
sabe lo que se dice; en vano es pretender que nos conozca.
Edgardo
En
vano. (Entra un capitán).
Capitán
Señor,
Edmundo ha muerto.
Duque de Albania
Esa
noticia es aquí una futesa. Señores y amigos leales, sepan mi decisión. Yo he
de ofrecerle cuanto pueda servirle de consuelo en tan gran desventura. Por mi
parte, mientras el anciano Rey viva, resigno en él toda autoridad. (Al Conde de
Kent y a Edgardo). Ustedes recobren cuanto fue suyo y a más tendrán en
recompensa cuanto han merecido con creces. Los leales saboreen el galardón de
sus virtudes; los traidores apuren la copa de sus maldades. ¡Oh, vean, vean!
Rey Lear
¡Y
ahorcaron a mi pobre loquilla!! ¡No, no vive! ¿Por qué un perro, un caballo, un
ratón tienen vida, y tú no? ¡No, no volverás nunca! ... ¡Nunea, nunca, nunca,
nunca, nunca! ... Por favor, suéltenme este botón. Gracias, señor. ¿Ven esto?
Mírenla, miren su boca, mírenla, mírenla... (Muere).
Edgardo
Se
muere. ¡Señor, señor!
Conde de Kent
¡Rómpete,
corazón, por piedad, rómpete!
Edgardo
Ve,
señor.
Conde de Kent
No
inquietes su alma. Déjala ir. Mucho lo odia el que pretenda retenerlo amarrado
a las torturas de esta vida miserable.
Edgardo
Ya es ido...
Mira.
Conde de Kent
Lo
extraño es que haya soportado tanto. Era una usurpación su vida.
Duque de Albania
Llévenlo
de aquí. A nosotros sólo nos corresponde llorar. (A Kent y a Edgardo). Amigos
del alma, reinen los dos juntamente, y sean el sostén de un reino desangrado.
Conde de Kent
He de
emprender una jornada en breve, señor; mi Rey me llama, y no puedo negarme a
seguirlo. (Se va).
Duque de Albania
Debemos
rendirnos a la pesadumbre de tiempos tan aciagos. Digamos lo que sentimos, no
lo que debiéramos decir. El más anciano padeció más que nosotros; los jóvenes
no veremos todo lo que él vio ni viviremos tanto. (Marcha fúnebre).
“A veces es necesario dejar salir la ira en aras de la razón” Cicerón
I. Me exigiste, caro Novato, que te escribiese acerca de la manera de dominar la ira, y creo que, no sin causa, temes muy principalmente a esta pasión, que es la más sombría y desenfrenada de todas. Las otras tienen sin duda algo de quietas y plácidas; pero esta es toda agitación, desenfreno en el resentimiento, sed de guerra, de sangre, de suplicios, arrebato de furores sobrehumanos, olvidándose de sí misma con tal de dañar a los demás, lanzándose en medio de las espadas, y ávida de venganzas que a su vez traen un vengador. Por esta razón algunos varones sabios definieron la ira llamándola locura breve; porque, impotente como aquélla para dominarse, olvida toda conveniencia, desconoce todo afecto, es obstinada y terca en lo que se propone, sorda a los consejos de la razón, agitándose por causas vanas, inhábil para distinguir lo justo y verdadero, pareciéndose a esas ruinas que se rompen sobra aquello mismo que aplastan. Para que te convenzas de que no existe razón en aquellos a quienes domina la ira, observa sus actitudes. Porque así como la locura tiene sus señales ciertas, frente triste, andar precipitado, manos convulsas, tez cambiante, respiración anhelosa y entrecortada, así también presenta estas señales el hombre iracundo. Inflámanse sus ojos y centellean; intenso color rojo cubre su semblante, hierve la sangre en las cavidades de su corazón, tiémblenle los labios, aprieta los dientes, el cabello se levanta y eriza, su respiración es corta y ruidosa, sus coyunturas crujen y se retuercen, gime y ruge; su palabra es torpe y entrecortada, chocan frecuentemente sus manos, sus pies golpean el suelo, agitase todo su cuerpo, y cada gesto es una amenaza: así se nos presente aquel a quien hincha y descompone la ira. Imposible saber si este vicio es más detestable que deforme. Pueden ocultarse los demás, alimentarles en secreto; pero la ira se revela en el semblante, y cuanto mayor es, mejor se manifiesta. ¿No ves en todos los animales señales precursoras cuando se aprestan al combate, abandonando todos los miembros la calma de su actitud ordinaria, y exaltándose su ferocidad? El jabalí lanza espuma y aguza contra los troncos sus colmillos; el toro da cornadas al aire, y levanta arena con los pies; ruge el león; hínchase el cuello de la serpiente irritada, y el perro atacado de rabia tiene siniestro aspecto. No hay animal, por terrible y dañino que sea, que no muestre, cuando le domina la ira, mayor ferocidad. No ignoro que existen otras pasiones difíciles de ocultar: la incontinencia, el miedo, la audacia tienen sus señales propias y pueden conocerse de antemano; porque no existe ningún pensamiento interior algo violento que no altere de algún modo el semblante. ¿En qué se diferencia, pues, la ira de estas otras pasiones? En que éstas se muestran y aquélla centellea.
II. Si quieres considerar ahora sus efectos y estragos, verás que ninguna calamidad costó más al género humano. Verás los asesinatos, envenenamientos, las mutuas acusaciones de cómplices, la desolación de ciudades, las ruinas de naciones enteras, las cabezas de sus jefes vendidas al mejor postor, las antorchas incendiarias aplicadas a las casas, las llamas franqueando los recintos amurallados y en vastas extensiones de país brillando las hogueras enemigas. Considera aquellas insignes ciudades cuyo asiento apenas se reconoce hoy: la ira las destruyó; contempla esas inmensas soledades deshabitadas; la ira formó esos desiertos. Considera tantos varones eminentes trasmitidos a nuestra memoria «como ejemplos del hado fatal»: la ira hiere a uno en su lecho, a otro en el sagrado del banquete; inmola a éste delante de las leyes en medio del espectáculo del foro, obliga a aquél a dar su sangre a un hijo parricida; a un rey a presentar la garganta al puñal de un esclavo, a aquel otro a extender los brazos en una cruz. Y hasta ahora solamente he hablado de víctimas aisladas; ¿qué será si omitiendo aquellos contra quienes se ha desencadenado particularmente la ira, fijas la vista en asambleas destruidas por el hierro, en todo un pueblo entregado en conjunto a la espada del soldado, en naciones enteras confundidas en la misma ruina, entregadas a la misma muerte... como habiendo abandonado todo cuidado propio o despreciado la autoridad? ¿Por qué se irrita tan injustamente el pueblo contra los gladiadores si no mueren en graciosa actitud? considerase despreciado, y por sus gestos y violencias, de espectador se trueca en enemigo. Este sentimiento, sea el que quiera, no es ciertamente ira, sino cuasi ira; es el de los niños que, cuando caen, quieren que se azote al suelo, y frecuentemente no saben contra quién se irritan: irrítense sin razón ni ofensa, pero no sin apariencia de ella ni sin deseo de castigar. Engáñenles golpes fingidos, ruegos y lágrimas simuladas les calman, y la falsa ofensa desaparece ante falsa venganza.
III. «Nos irritamos con frecuencia, dicen algunos, no contra los que ofenden, sino contra los que han de ofender, lo cual demuestra que la ira no brota solamente de la ofensa». Verdad es que nos irritamos contra los que han de ofendernos; pero nos ofenden con sus mismos pensamientos, y el que medita una ofensa, ya la ha comenzado. «Para que te convenzas, dicen, de que la ira no consiste en el deseo de castigar, considera cuántas veces se irritan los más débiles contra los más poderosos: ahora bien, éstos no desean un castigo que no pueden esperar». En primer lugar, hemos dicho que la ira es el deseo y no la facultad de castigar, y los hombres desean también aquello que no pueden conseguir. Además, nadie es tan humilde que no pueda esperar vengarse hasta del más encumbrado: para hacer daño somos muy poderosos. La definición de Aristóteles no se separa mucho de la nuestra, porque dice que la ira es el deseo de devolver el daño. Largo sería examinar detalladamente en qué se diferencia esta definición de la nuestra. Objétase contra las dos que los animales sienten la ira y esto sin recibir daño, sin idea de castigar o de causarlo, porque aunque lo causen, no lo meditan. Pero debemos contestar que los animales carecen de ira, como todo aquello que no es hombre; porque, si bien enemiga de la razón, solamente se desarrolla en el ser capaz de razón. Los animales sienten violencia, rabia, ferocidad, arrebato, pero no conocen más la ira que la lujuria, aunque para algunas voluptuosidades sean más intemperantes que nosotros. No debes creer aquel que dijo: Non aper irasci meminit, non fidere cursu Cerva, nec armentis incurrere fortibus ursi;
XLIII. ¿Por qué no has de recoger más bien tu corta vida, y hacerla tranquila para ti y para los demás? ¿por qué no has de procurar más bien hacerte amar durante tu existencia y lamentar después de tu muerte? ¿por qué has de trabajar en la caída del que te trató con altivez? ¿por qué has de empeñarte en asustar con tus fuerzas a ese otro que ladra detrás de ti, y que, vil y despreciable, es molesto para sus superiores? ¿Por qué irritarte contra tu esclavo, contra tu señor, contra tu patrono, contra tu cliente? Ten paciencia por un momento: he aquí la muerto que viene, y a todos nos hace iguales. Con frecuencia nos divertimos en los espectáculos matinales de la arena, al ver la lucha de leones y toros encadenados juntos: desgárrense mutuamente, y allí está esperando el que ha de rematarles. Lo mismo hacemos nosotros; atormentamos al que comparte nuestra cadena, mientras que igual fin amenaza a vencidos y vencedores, y tal vez en la primera mañana. Mejor es que pasemos en reposo y en paz los pocos días que nos quedan, y que nadie mire con odio nuestro cadáver. Más de una pendencia ha terminado a los gritos de los incendiados en las cercanías, y la presencia de una fiera ha separado al ladrón y al viajero. Imposible es luchar con un mal pequeño, cuando domina miedo mayor. ¿Qué tenemos que ver con los combates y emboscadas? ¿Puede tu ira desear al enemigo algo más grande que la muerte? permanece tranquilo, que morirá: pierdes el trabajo al querer hacer lo que ha de suceder. «No quiero precisamente matarlo, dices, sino condenarlo al destierro, a la deshonra, a la ruina». Antes perdono al que desea la muerte al enemigo que el destierro, porque esto es propio de ánimo no solamente malo, sino vil. Ora pienses en penas graves, ora en leves, considera cuán corto tiempo soportará él su dolor, y experimentarás tú culpable placer en el padecimiento ajeno. Exhalamos vida a la vez que respiramos. Mientras permanezcamos entre los hombres, respetemos la humanidad: no seamos para nadie causa de temor o de peligro: despreciemos las pérdidas, las injurias, las ofensas, las murmuraciones, y soportemos con magnanimidad pasajeros contratiempos. Al volver la cabeza, como suele decirse, encontramos la muerte.
XLIII. Cur non potius vitae pick sursum vestri, et fac tibi et aliis quiescit? Quid facio certus vos es non amor et desiderium tuum post te esse moriturum? Cur opus tibi in peccatum superbiae, qua? Quid vobis aliud latratu diligenter vos vires post tergum, et quod vile, atque Genesin, suus 'molestus sis praelatis? Quare servus tuus contra exasperentur, adversus Dominum vestrum, in vestra employer adversus clientem tuum? Patientes estote ad momentum, hic mortuus est, et omnes hoc faciunt. Saepe nos fun mane spectacula harena leones et tauri cum certamen alligatum simul desgárrense invicem exspectantes, et sunt hasta.Idem facimus, quia cruciantur string nostra participat, cum comminatione ut winners losers et forte in primo mane. Melius est quiescere et expendendo quae remanserunt in diebus pacis, unum corpus looking odio. Quam querelam super screams circa ardentis, et coram bestia, et latro viatori separavit. Impossibile est ut pugnet malus puer, timore superioribus dominatur.Quid facturi sumus cum armis et insidiis? An furore tuo maius aliquid defuit hostis quam mors?eros elit, morietur, fac velle, quid fieri velit perdas tua. "Et non occident eum, dicis, sed damnati exsilio, ad ignominiam et ruinam." Ante mortem exiliumque hostes vis dimittere, eo quod proprium est animum non solum malos, sed vile. Cogitate, quaeso poenis severissimis, aliquando minor, de quo breviter vult sustinere dolorem, te usu in nequissima voluptate passio aliorum. Dum spiro spiramus. Dum inter homines manere, quantum ad humanitatem: non propter aliquem timorem seu periculum: negligeret damna, detrimenta delicta detractio, et viatores setbacks animo ferre. Conversi capite, ut aiunt, in mortem.
Pito Pérez es un personaje extraordinario, mezcla de revolucionario, hereje, borracho, mujeriego, enamorado, poeta, lleno de anhelos y de vida, de su vida, la cual uso como es debido, como él quería.
Les dejo con su testamento, la brutalidad y franqueza del mismo sólo nos habla de ese hombre único Pito Pérez, escrito por José Rubén Romero en 1944.
Alejandro. ______________________________ Testamento de Pito Pérez
“Lego a la Humanidad todo el caudal de mi amargura. “Para los ricos, sedientos de oro, dejo la mierda de mi vida.
“Para los pobres, por cobardes, mi desprecio, porque no se alzan y lo toman todo en un arranque de suprema justicia. ¡Miserables esclavos de una iglesia que les predica resignación y de un gobierno que les pide sumisión, sin darles nada en cambio!
“No creí en nadie. No respeté a nadie. ¿Por qué? Porque nadie creyó en mí, porque nadie me respetó. Solamente los tontos o los enamorados se entregan sin condición.
“¡Libertad, Igualdad, Fraternidad!
“¡Qué farsa más ridícula! A la Libertad la asesinan todos los que ejercen algún mando; la Igualdad la destruyen con el dinero, y la Fraternidad muere a manos de nuestro despiadado egoísmo.
“Esclavo miserable, si todavía alientas alguna esperanza, no te pares a escuchar la voz de los apóstoles: su ideal es subir y permanecer en lo alto, aun aplastando tu cabeza.
“Si Jesús no quiso renunciar a ser Dios, ¿qué puedes esperar de los hombres?...
“¡Humanidad, te conozco; he sido una de tus víctimas! “De niño, me robaste la escuela para que mis hermanos tuvieran profesión; de joven, me quitaste el amor, y en la edad madura, la fe y la confianza en mí mismo. ¡Hasta de mi nombre me despojaste para convertirlo en un apodo estrafalario y mezquino:
Hilo Lacre!
“Dije mis palabras, y otros las hicieron correr por suyas; hice algún bien, y otros recibieron el premio.
“No pocas veces sufrí castigo por delitos ajenos.
“Tuve amigos que me buscaron en sus días de hambre, y me desconocieron en sus horas de abundancia.
“Cercáronme las gentes, como a un payaso, para que las hiciera reír con el relato de mi aventuras, ¡pero nunca enjugaron una sola de mis lágrimas!
“Humanidad, yo te robé unas monedas; hice burla de ti, y mis vicios te escarnecieron. No me arrepiento, y al morir, quisiera tener fuerzas para escupirte en la faz todo mi desprecio. “Fui Pito Pérez: ¡una sombra que pasó sin comer, de cárcel en cárcel! Hilo Lacre: ¡un dolor hecho alegría de campanas!
“Fui un borracho: ¡nadie! Una verdad en pie: ¡qué locura! Y caminando en la otra acera, enfrente de mí, paseó la Honestidad su decoro y la Cordura su prudencia. El pleito ha sido desigual, lo comprendo; pero del coraje de los humildes surgirá un día el terremoto, y entonces, no quedará piedra sobre piedra.
No dejo de sorprenderme, cada vez la ignorancia es mayor, las mejores películas son aquellas cuyos efectos especiales son “especiales”, es decir, que eliminan tácitamente la importancia de los contenidos, trama, actuación, así se reduce el film a su mínima expresión, pero no solo es esto, también sucede con la literatura, no hablemos de los viejos griegos y romanos o los castellanos antiguos o francos y galos, de los de esta América nuestra, sencillamente Onetti es un cuento y Borges es solo una referencia para nuestro mejor mediocre, Paz es solo una chingadera en su laberinto y José Agustín ha de seguir con la mirada perdida en el centro, ah! Y el señor presidente que ya no es texto.
Hoy que es tan fácil acceder a la información, de poder recurrir a textos que anteriormente era casi imposible conseguir son de fácil acceso (accesar, faxear, implementar, agendar, verbos tecnológicamente aceptables, aunque sin sentido, historia y contenido en muchas lenguas, pero de uso común, vaya si hemos caminado).
Por eso, deseo compartir con ustedes un poco de esas personas que fueron generosas con nosotros y que actualmente más parecen fantasmas o iconos (en el estricto sentido y no en el computacional) inaccesibles y reservados solo para sus sacerdotes.
Una de esas personas fue Juan José Arreola, leí por vez primera su libro “El confabulario” cuando estaba en el bachillerato y seguí leyéndolo a través de los años hasta que él dejo de ser, hoy comparto con ustedes uno de sus textos que se incluye en este libro.
Alejandro.
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PARTURIENT MONTES ...nascetur ridiculas mus. HORACIO, Ad Pisones, 139.
Entre amigos y enemigos se difundió la noticia de que yo sabía una nueva versión del parto de los montes. En todas partes me han pedido que la refiera, dando muestras de una expectación que rebasa con mucho el interés de semejante historia. Con toda honestidad, una y otra vez remití la curiosidad del público a los textos clásicos y a las ediciones de moda. Pero nadie se quedó contento: todos querían oírla de mis labios. De la insistencia cordial pasaban, según su temperamento, a la amenaza, a la coacción y al soborno. Algunos flemáticos sólo fingieron indiferencia para herir mi amor propio en lo más vivo. La acción directa tendría que llegar tarde o temprano.
Ayer fui asaltado en plena calle por un grupo de resentidos. Cerrándome el paso en todas direcciones, me pidieron a gritos el principio del cuento. Muchas gentes que pasaban distraídas también se detuvieron, sin saber que iban a tomar parte en un crimen. Conquistadas sin duda por mi aspecto de charlatán comprometido, prestaron de buena gana su concurso. Pronto me hallé rodeado por la masa compacta.
Abrumado y sin salida, haciendo un total acopio de energía, me propuse acabar con mi prestigio de narrador. Y he aquí el resultado. Con una voz falseada por la emoción, trepado en mi banquillo de agente de tránsito que alguien me puso debajo de los pies, comienzo a declamar las palabras de siempre, con los ademanes de costumbre: "En medio de terremotos y explosiones, con grandiosas señales de dolor, desarraigando los árboles y desgajando las rocas, se aproxima un gigante advenimiento. ¿Va a nacer un volcán? ¿Un río de fuego? ¿Se alzará en el horizonte una nueva y sumergida estrella? Señoras y señores: ¡Las montañas están de parto!" _________________________
Video homenaje en el fallecimiento del escritor mexicano Juan José Arreola http://bibliotecaignoria.blogspot.com http://mejillahyde.blogspot.com