jueves, 10 de octubre de 2013

12 de octubre un año más...


Para nosotros, en esta América tan nuestra y tan distante, una figura abre la historia del Nuevo Mundo, el Almirante de la Mar Océano, Don Cristóbal Colón, nacido en algún lado y enterrado (se supone) en algún otro, de hecho nadie se ha puesto de acuerdo, hay quien dice que era judío o pirata o acaso un noble venido a menos, eso no importa, el señor es quien por designios divinos Descubre un continente habitado por millones de personas que si sabían que ellos vivían ahí, aunque el resto del mundo no lo supiera.

Todo, según se cuenta fue entre la noche del 11 y la madrugada del 12 de octubre de 1492 y que quien grito tierra fue Rodrigo de Triana (y que al parecer su nombre real era Juan Rodríguez Bermejo).
 
El buen Almirante inicio lo que hasta el día de hoy vivimos, este continente ha sido saqueado, violado, humillado, asesinado, traicionado, ha ardido en la hoguera, sentenciado al paredón, también llegó un dios y una religión que por alguna razón esta religión y Dios eran tan poderosos como sus armas y por tanto eran mejor que los nuestros, Ah! y unos reyes que nunca se dignaron a venir, con excepción de Portugal, que Napoleón lo convenció de mudar residencia, idiomas que por la misma razón que su dios, su religión y su rey es mejor que el nuestro, y que decir de la ley y la justicia que por la misma razón resulto ser mejor que cualquiera de las de este continente, siempre se ha usado el mismo argumento, el del fusil y siempre hemos pagado el mismo precio, la carne y la sangre.

Ah! y claro, los "indios" fueron sometidos por que ellos así lo quisieron, por que siempre se leían en latín "LOS REQUERIMIENTOS" y que en su último párrafo dicen: "Y si así no lo hicieseis o en ello maliciosamente pusieseis dilación, os certifico que con la ayuda de Dios, nosotros entraremos poderosamente contra vosotros, y os haremos guerra por todas las partes y maneras que pudiéramos, y os sujetaremos al yugo y obediencia de la Iglesia y de sus Majestades, y tomaremos vuestras personas y de vuestras mujeres e hijos y los haremos esclavos, y como tales los venderemos y dispondremos de ellos como sus Majestades mandaren, y os tomaremos vuestros bienes, y os haremos todos los males y daños que pudiéramos, como a vasallos que no obedecen ni quieren recibir a su señor y le resisten y contradicen; y protestamos que las muertes y daños que de ello se siguiesen sea a vuestra culpa y no de sus Majestades, ni nuestra, ni de estos caballeros que con nosotros vienen." lo pueden encontrar en lo que el año anterior escribí: http://alejandro-ellugardetodos.blogspot.mx/2012/10/12-de-octubre-los-requerimientos-los.html 

Así llegamos a el siglo XIX y fue al inicio de esa centuria cuando se inicia la independencia de las colonias americanas de Europa (algunas antes, otros después), ah!, pero que equivocados estábamos, en el norte del continente hasta ya entrado el siglo XX siguieron despojando, matando, mintiendo, en el resto, sencillamente fuimos marginados, empobrecidos, mutilados, en fin, puro gatopardismo (Si queremos que todo siga como esta, es necesario que todo cambie, de la obra El gatopardo donde Tancredi le dice a su tío Fabrizio esa frase, la obra es de Guiseppe Tomasi de Lampedusa)
 
Así que este doce de octubre en España es el Día de la Hispanidad, para los españoles, distribuidos como Dios manda en españoles de primera, segunda tercera y demás categorías, sobre todo en aquellos viejos y dolorosos años; en México es el día de la Raza, así, aunque sea de recuerdito, pa´no olvidar, en EUA, ellos que son los “Americanos” (y de pilón varios estúpidos se lo creen, América prácticamente colinda con los dos extremos polares del mundo y con los océanos Pacifico y Atlántico a todo lo largo de ambos, no es solo geografía, es dignidad) es el día de Colón y así sucesivamente, la realidad es que no sé qué celebramos, los millones de muertes, las miles de violaciones, los esclavos traídos desde el África, el saqueo que hizo de Europa lo que es (y siempre es saludable pensar ¿Qué es?)

Cuenta Fray Bartolome de las Casas que estas palabras fueron dichas por Hatuey, cacique indio de la isla la Española.:
"Este es el Dios que los españoles adoran. Por estos pelean y matan; por estos es que nos persiguen y es por ello que tenemos que tirarlos al mar... Nos dicen, estos tiranos, que adoran a un Dios de paz e igualdad, pero usurpan nuestras tierras y nos hacen sus esclavos. Ellos nos hablan de un alma inmortal y de sus recompensas y castigos eternos, pero roban nuestras pertenencias, seducen a nuestras mujeres, violan a nuestras hijas. Incapaces de igualarnos en valor, estos cobardes se cubren con hierro que nuestras armas no pueden craquear."

En el año del señor de 1512 a 20 años del arribo del Almirante de la Mar Oceano, el cacique Tahino de la isla La Española Hatuey fue condenado a la hoguera, castigo reservado a los más viles criminales. Pero cuando estaba a punto de ser quemado, al preguntársele si quería convertirse en cristiano para subir al cielo preguntó:
"¿Y los cristianos también van al cielo?"
y al recibir una afirmación dijo luego el cacique, sin más pensar, que:
"No quiero yo ir allá, sino al infierno, por no estar donde estén y por no ver tan cruel gente. "2

Bueno, les dejo un breve texto que encontré en la revista Letras Libres “Colón, el descubriento”, Por Brenda Lozano – Revista Letras Libres, junio 2006 y el texto del Diario de A bordo del Almirante de la Mar océano.

Colón, el descubriento
 Supongamos que en una avenida se rinde homenaje a todos los descubridores. Digamos que el monumento estelar está dedicado a Colón. Fijemos la mirada en tamaño retoño, que, como todo prócer que posa para el escultor, merece una placa con alguna de sus frases célebres. ¿Cuál? Suspendamos aquí las palabras, Colón no dijo nada memorable. Nadie cita al navegante en medio de un aprieto, pero no empujemos a nuestro protagónico a tan soporífera escena. Todo héroe debe tener su frase célebre y si no, se antoja, como gustaba a Ibargüengoitia, especularla. Indaguemos en los retratos escritos. No cabría plantar en este texto un árbol genealógico de Cristóbal Colón, ni echarse un clavado a las minucias de sus viajes. Pero tres detalles, tres naves, flotan entre sus cartas y biografías. Su Niña: Colón gozaba de una destacable fama de hipocondríaco, sufría frecuentes achaques que repiten tanto Bartolomé de las Casas como su hijo Hernando, y él se encargaba de hacer saber el estado de sus dolencias en sus misivas, de modo que una opción sería: “Caray, mañana será un mejor día.” Su Pinta: Un aspecto menos ilustrado de Colón, y raro en la España del Descubrimiento, era su afición de librero. Anotaba y dibujaba los márgenes de sus ejemplares, dejando rastro para identificar esta rarísima característica, hasta la fecha, que es ser un comprador de libros. Una posible inscripción para la placa del lector: “Caray, ayer fue mejor que hoy.” Su Santa María: Era un hombre de agradables conversaciones, buen sentido del humor, y suponemos que llegó a repetir el mismo chiste una y otra vez como si esa frase fuera un náufrago en la isla del humor, así que podríamos revelar una broma de categoría repetitiva, la nuestra, para que nuestros congéneres crean que la hemos tomado prestada.

Digamos, también, que hay otros monumentos. Por ejemplo, el del hombre que descubre su calvicie luego de observar la coladera del baño y notar que su cabellera cabalga por las tuberías. Su placa: “¿Por qué querrían recordarme por mi melena?” Y conformémonos con un solo hombre que descubre el restaurante donde sirven los mejores y más barrocos emparedados, en el que con letras doradas brillaría la frase de su encuentro: “Los muchachos de la oficina no creerán lo estupendo de estos emparedados.” Suspendamos aquí para enmarcar el segundo del descubrimiento: la frase es necesaria para ordenar el caos de la eureka. En este paseo por la avenida que no existe, se antoja congelar todas las frases por igual, pues quizá las palabras que despiertan un descubrimiento, menor o mayor, son el inicio de toda narración.
 
Diario de abordo del primer viaje del almirante Cristóbal Colón

Jueves, 11 de Otubre, 1492.

Navegó al Güesudueste. Tuvieron mucha mar, más que en todo el viaje avían tenido. Vieron pardelas y un junco verde junto a la nao. Vieron los de la caravela Pinta una caña y un palo, y tomaron otro palillo labrado a lo que parecía con hierro, y un pedaço de caña y otra yerva que nace en tierra y una tablilla. Los de la caravela Niña también vieron otras señales de tierra y un palillo cargado d'escaramojos. Con estas señales respiraron y alegráronse todos. Anduvieron en este día, hasta puesto el sol, 27 leguas. Después del sol puesto, navegó a su primer camino al Güeste. Andarían doze millas cada ora, y hasta dos oras después de media noche andarían 90 millas, que son 22 leguas y media. Y porque la caravela Pinta era más velera e iva delante del Almirante, halló tierra y hizo las señas qu'el Almirante avía mandado. Esta tierra vido primero un marinero que se dezía Rodrigo de Triana puesto que el Almirante, a las diez de la noche, estando en el castillo de popa, vid lumbre; aunque fue cosa tan çerrada que no quiso affirmar que fuese tierra, pero llamó a Pero Gutiérrez repostero d'estrados del Rey e díxole que pareçía lumbre, que mirasse él, y así lo hizo, y vídola. Díxolo también a Rodrigo Sánchez de Segovia, qu'el Rey y la Reina embiavan en el armada por veedor, el cual no vido nada porque no estava en lugar do la pudiese ver. Después qu'el Almirante lo dixo, se vido una vez una vez o dos, y era como una candelilla de cera que se alçava y levantava, lo cual a pocos pareçiera ser indiçio de tierra; pero el Almirante tuvo por çierto estar junto a la tierra. Por lo cual, cuando dixeron la Salve, que la acostumbran dezir e cantar a su manera todos los marineros y se hallan todos, rogó y amonestólos el Almirante que hiziesen buena guarda al castillo de proa, y mirasen bien por la tierra, y que al que le dixese primero que vía tierra le daría luego un jubón de seda, sin las otras mercedes que los Reyes avían prometido, que eran diez mill maravedís de juro a quien primero le viese. A las dos oras después de media noche pareçió la tierra, de la cual estarían dos leguas. Amainaron todas las velas, y quedaron con el treo que es la vela grande, sin bonetas, y pusiéronse a la corda, temporizando hasta el día viernes que llegaron a una isleta de los lucayos, que se llamava en lengua de indios Guanahaní.

Luego vieron gente desnuda, y el Almirante salió a tierra en la barca armada y Martín Alonso Pinçón y Viceinte Anes, su hermano, que era capitán de la Niña. Sacó el Almirante la vandera real y los capitanes con dos vanderas de la Cruz Verde, que llevava el Almirante en todos los navíos por seña, con una F y una I, ençima de cada letra su corona, una de un cabo de la + y otra de otro. Puestos en tierra vieron árboles muy verdes y aguas muchas y frutas de diversas maneras. El Almirante llamó a los dos capitanes y a los demás que saltaron en tierra, y a Rodrigo d'Escobedo, escrivano de toda el armada, y a Rodrigo Sánches de Segovia, y dixo que le diesen por fe y testimonio cómo él por ante todos tomava, como de hecho tomó, possessión de la dicha isla por el Rey e por la Reina sus señores, haziendo las protestaçiones que se requirían, como más largo se contiene en los testimonios que allí se hizieron por escripto. Luego se ayuntó allí mucha gente de la isla. Esto que se sigue son palabras formales del Almirante en su libro de su primera navegaçión y descubrimiento d'estas Indias. «Yo», dize él, «porque nos tuviesen mucha amistad, porque cognosçí que era gente que mejor se libraría y convertiría a nuestra sancta fe con amor que no por fuerça, les di a algunos d'ellos unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se ponían al pescueço, y otras cosas muchas de poco valor, con que ovieron mucho plazer y quedaron tant nuestros que era maravilla. Los cuales después venían a las barcas de los navíos adonde nos estávamos, nadando, y nos traían papagayos y hilo de algodón en ovillos y azagayas y otras cosas muchas, y nos las trocavan por otras cosas que nos les dávamos, como cuentezillas de vidrio y cascaveles. En fin, todo tomavan y daban de aquello que tenían de buena voluntad, mas me pareció que era gente muy pobre de todo. Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y también las mugeres, aunque no vide más de una farto moça, y todos los que yo vi eran todos mançebos, que ninguno vide de edad de más de XXX años, muy bien hechos, de muy fermosos cuerpos y muy buenas caras, los cabellos gruessos cuasi como sedas de cola de cavallo e cortos. Los cabellos traen por ençima de las cejas, salvo unos pocos detrás que traen largos, que jamás cortan. d'ellos se pintan de prieto, y [d']ellos son de la color de los canarios, ni negros ni blancos, y d'ellos se pintan de blanco y d'ellos de colorado y d'ellos de lo que fallan; y d'ellos se pintan las caras, y d'ellos todo el cuerpo, y d'ellos solos los ojos, y d'ellos solo el nariz. Ellos no traen armas ni las cognosçen, porque les amostré espadas y las tomavan por el filo y se cortavan con ignorançia. No tienen algún fierro; sus azagayas son unas varas sin fierro y algunas d'ellas tienen al cabo un diente de peçe, y otras de otras cosas. Ellos todos a una mano son de buena estatura de grandeza y buenos gestos, bien hechos. Yo vide algunos que tenían señales de feridas en sus cuerpos, y les hize señas qué era aquello, y ellos me amostraron cómo allí venían gente de otras islas que estavan açerca y les querían tomar y se defendían. Y yo creí e creo que aquí vienen de tierra firme a tomados por captivos. Ellos deven ser buenos servidores y de buen ingenio, que veo que muy presto dizen todo lo que les dezía. Y creo que ligeramente se harían cristianos, que me pareçió que ninguna secta tenían. Yo plaziendo a Nuestro Señor llevaré de aquí al tiempo de mi partida seis a Vuestras Altezas para que deprendan fablar. Ninguna bestia de ninguna manera vide, salvo papagayos en esta isla.

Todas son palabras del Almirante.



jueves, 3 de octubre de 2013

El canto del cisne o de cómo se llegó a ser 2 de octubre.



“Huya ahora el lobo de la oveja, produzcan doradas pomas las duras encinas, florezca en los olmos el narciso, destile la corteza de los tamariscos espeso ámbar, desafíen a cantar las lechuzas a los cisnes, sea Títiro un Orfeo en las selvas, un Arión entre los delfines.
“Las Églogas” Virgilio.

“Posiblemente la expresión de esa mirada anticipó, amenguándola, la impresión de las palabras. El cisne cerró los ojos”
“El canto del cisne” Horacio Quiroga

“Entonces cuando lo tenía a la altura de mi pecho, sentí que se desenrrollaba una cinta, algo como un brazo negro me rozaba la cara. Era su largo y ondulante cuello que caía. Así aprendí que los cisnes no cantan cuando mueren"
Confieso que he vivido, Pablo Neruda.

 
Cuentan que cuando los cisnes un poco antes de morir cantan, con ello anuncian el próximo final. En 1968 se quiebra el cielo, el cisne canta y muere, pero no es inmediata, es una larga agonía que comienza con sus lamentaciones. Mayo en Paris, Berlín RFA (actual Alemania), Primavera de Praga, el Che, Jean Paul Sarte, The Beatles, The Rolling Stones, Hippies, jóvenes, siempre jóvenes.

Y así, el poder retado, obtuso, temeroso reprime y recuerdo a Grinsberg en su poema Aullido, “Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas…”

En México el cisne también canto, lo hizo en la plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, entre restos pre españoles, arquitectura colonial y edificios multifamiliares, el dos de octubre de 1968, el México viejo, artrítico, con altos índices de colesterol y deficiente alimentación, ese México analfabeta en el cual el poder era quien daba y quitaba libertad (¿acaso a eso se puede llamar libertad?), ese México católico, prejuiciado, sin memoria, ese México ese México empezó ese día a morir.

Hoy es nuevamente dos de octubre, hace 45 años, en 1968 la intolerancia y el miedo salieron con sus feroces dientes y cual mastines llenaron la historia de sangre, en ese tiempo yo tenía 12 años, sin embargo recuerdo vivamente cuando los estudiantes se subían a los camiones e intentaban dar a conocer sus peticiones (Libertad a los presos políticos, Derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal Federal. (Instituían el delito de disolución social y sirvieron de instrumento jurídico para la agresión sufrida por los estudiantes), Desaparición del Cuerpo de Granaderos, Destitución de los jefes policíacos, Indemnización a los familiares de todos los muertos y heridos desde el inicio del conflicto, Deslindamiento de responsabilidades de los funcionarios culpables de los hechos sangrientos) y de cómo tenían que descender para no ser detenidos y a pesar de ello, las amas de casa, los obreros, las madres y los padres, los campesinos, los pobres y los ricos por vez primera en un poco más de 50 años unieron su voz y fue tan fuerte que se escuchó en la marcha del silencio, porque no hay grito más poderoso que aquel que proviene de mil bocas cerradas.
 
Yo no fui parte de esto como estudiante, pero la vivencia la traigo en piel, el recuerdo en la memoria y el ánimo de seguir, ese amigo desde entonces esta en mi hígado, en mi estómago y en mi corazón.

El perdón han gritado y exigido los asesinos, es asunto viejo, dijeron, el perdón solo lo otorga la víctima, este es un acto de misericordia hacia ambos (victima-victimario), los actos humanos no se reducen (por desgracia) a esta violencia, sino que la trascienden y son de lo cotidiano, el perdón entonces adquiere un tamaño casi divino, por ello el perdón lo deben otorgar solo quienes sufren y lo deben de recibir aquellos que han recuperado su alma, que están arrepentidos.

Sé que este es un tema que se tamiza en la criba de los sentimientos, pero también sé que no es posible perdonar sino se habla y se acepta, no es sólo un acto moral, ético, ni religioso, tampoco es exclusivamente jurídico o político, es ante todo un acto y un sentimiento humano y el perdón no es olvido ni impunidad, el perdón es memoria y justicia.

Así, quienes piden ser perdonados las victimas serán quienes decidan, más ello no los vuelve invisibles, no son fantasmas, ellos deben ser juzgados sin odio, sin venganza, solo con justicia para la víctima y el victimario, sin olvido, por que quien olvida no perdona, admite y reconoce el pecado y es indiferente por eso termina siendo culpable.

Hoy no basta con recordar a los muertos, a los desaparecidos, a los torturados, es necesario recuperar la voz, la violencia es el argumento de los cobardes, de los timoratos y pusilánimes, la voz hecha silencio y canto es nuestra, es nuestro salmo, nuestra esperanza.

Falta mucho por caminar, no caigamos en la violencia y la estupidez, cuando yo estudiaba antropología en la ENAH (por cierto, todavía la escuela estaba en el Museo Nacional de Antropología e Historia) conocí a un par de estudiantes becados, ellos eran vietnamitas, en una ocasión les invitamos a una fiesta y ambos nos dijeron que no podían asistir, que ellos tenían una responsabilidad con el pueblo de Vietnam y con los combatientes muertos, heridos, desaparecidos  torturados, con todos, traigo esto a colación por que creo que todos los que hoy estamos aquí tenemos una responsabilidad similar pero también la tenemos con el futuro, con dejarle a los niños de hoy un lugar hermoso donde vivir, donde dejarles la alegría, el canto, la esperanza.
 
Termino dejándolos con dos films propios a la época.

“El grito”, de hecho es el único testimonio fílmico y lo hicieron jóvenes para que la memoria perdure.

El otro es el “Memorial del 68”, un recuento de los hechos a la distancia del tiempo, de la vida y la experiencia.

Un solidario abrazo camaradas.
Alejandro. 

El grito


Memorial del 68





viernes, 27 de septiembre de 2013

Excomunión del cura Hidalgo por el Obispo Abad y Queipo o de como la libertad de un pueblo es mayor bien que la amistad de dos personas...



Edicto del obispo de Michoacán Manuel Abad y Queipo proclamando la excomunión de Miguel Hidalgo y Costilla ( 24 de septiembre de 1810)

Al desencadenarse el movimiento insurgente, la cercana amistad que Abad y Queipo había llevado por años con Miguel Hidalgo no lo detuvo para promulgar un edicto, el 24 de septiembre de 1810, en el que calificaba al cura de Dolores y a sus seguidores como perturbadores de la paz pública, seductores del pueblo, y tacharlos de sacrílegos y perjuros, que habían incurrido en la excomunión mayor del canon. Prohibió, bajo la misma pena, que se les diera ayuda en forma alguna, y exhortaba a cuantos seguían al caudillo a desistir de acompañarlo y volver a sus hogares dentro del tercer día de haber tenido noticia del mandato. Al parecer, Abad y Queipo podía compartir ideales con Hidalgo, pero no era partidario de la violencia y prefirió apoyar sin condiciones al gobierno metropolitano en su lucha contra la insurgencia. El 30 de septiembre y el 8 de octubre confirmó y amplió el edicto, subrayando, con el propósito de desacreditarlo, el ofrecimiento del líder insurgente de restituir las tierras que habían perdido los indígenas en manos de los españoles.

La validez de la excomunión fue puesta en entredicho no sólo por sus destinatarios, debido a que Abad y Queipo era obispo electo pero no consagrado, nombrado por la Regencia que gobernaba interinamente España. Para salir de dudas, el arzobispo de México, Francisco Javier Lizana y Beaumont, expidió un nuevo edicto, el 11 de octubre, declarando que la censura del obispo de Michoacán era válida e impuesta conforme a los cánones, por lo que “los fieles cristianos están obligados… bajo pena de pecado mortal y de quedar excomulgados, a la observancia de lo que la misma declaración previene”, haciendo extensivo el mandato a su territorio jurisdiccional.

El 13 de octubre, el tribunal del Santo Oficio ordenó que se publicara el edicto inquisitorial contra Hidalgo, cuyo expediente había reabierto el 28 de septiembre. El cura de Dolores no era un desconocido para la Inquisición. El 16 de julio de 1800 se presentó una denuncia en su contra, pues en Tajimaroa (actual Ciudad Hidalgo), sostuvo una conversación en la que defendió posturas que cuestionaban el papel de la Iglesia, la cual sonó a herejía a sus interlocutores. En octubre de 1801, el tribunal archivó la causa por falta de pruebas. El 2 de mayo de 1808, una mujer lo acusó ante el comisario inquisitorial de Querétaro por haber vivido en amasiato con ella por varios años y comportarse como un “fornicario consuetudinario”. El 4 de junio se guardó el expediente por el mismo motivo que el anterior. En 1807 y 1809, se hicieron en su contra nuevas denuncias ante el Santo Oficio por supuestas proposiciones heréticas, que tampoco procedieron. De cualquier modo, se publicaron 200 ejemplares del documento, llamando al líder insurgente a comparecer ante el tribunal para refutar los cargos de los que se le acusaba. Lo más grave no era que semejantes denuncias se utilizaban como instrumento de represión, pues resultaban más que oportunas para imponer la sospecha de herejía sobre la insurgencia y su caudillo, sino que el tribunal inquisitorial había sido suspendido por Napoleón desde el 4 de diciembre de 1808. No en vano Lizana y Beaumont lo llamó “el mejor ejército de la monarquía española”.

Pero el clero que simpatizaba con la causa, apercibido del mal uso político de la religión, utilizó armas muy similares para respaldar a Hidalgo y los suyos. El 17 de octubre de 1810, luego de la entrada triunfal de las tropas insurgentes en Valladolid (hoy Morelia), los edictos que ordenaban la excomunión del cura de Dolores, fijados a las puertas de los templos, habían sido arrancados y sustituidos desde la jornada anterior por un decreto del gobernador de la mitra, Mariano Escandón y Llera, conde de Sierra Gorda, que anulaba la pena canónica para Hidalgo. Escandón era un viejo conocido y admirador del líder de la insurgencia. La misma orden se hizo circular a todos los curas de la provincia, pidiendo que la leyeran en sus parroquias el siguiente día festivo.

Desde luego, los religiosos que apoyaron la causa de este modo tuvieron que responder por su conducta ante los superiores. El 29 de diciembre, se conminó al conde de Sierra Gorda a exponer las razones por las cuales había levantado la excomunión a Hidalgo. Al año siguiente, el 17 de febrero de 1811, en Celaya, fueron denunciados varios sacerdotes por haber cuestionado la legalidad del edicto de Abad y Queipo. Sin embargo, ninguno sufrió penas trascendentes.

Luego de la desbandada insurgente en Aculco, Hidalgo regresó a Valladolid, al anochecer del 11 de noviembre de 1810. Una vez atendidos los asuntos más apremiantes, se sentó a redactar un manifiesto en respuesta al edicto inquisitorial, que terminó el 15 de noviembre y en seguida ordenó se leyera en todas las iglesias:

Me veo en la necesidad de satisfacer a las gentes, sobre un punto que nunca creí se me pudiera tildar, ni menos declarárseme sospechoso para mis compatriotas. Hablo de la cosa más interesante, más sagrada, y para mí más amable: la religión santa, de la fe sobrenatural que recibí en el bautismo. Os juro, desde luego, amados conciudadanos míos, que jamás me he apartado ni un ápice de la creencia de la santa Iglesia Católica; jamás he dudado de ninguna de sus verdades; siempre he estado convencido íntimamente de la infalibilidad de sus dogmas, y estoy pronto a derramar mi sangre en defensa de todos y cada uno de ellos.

Así comenzaba el documento, en el que ofrecía la más completa y extensa justificación del movimiento insurgente. Señaló como testigos de sus convicciones y prácticas religiosas a sus feligreses de Dolores y San Felipe, a sus conocidos, a los pueblos en los que había fijado su residencia, y al ejército que ahora comandaba.

En seguida señaló las contradicciones contenidas en el edicto, como acusarlo primero de negar la existencia del infierno y, más adelante, afirmar que había dicho que un pontífice estaba penando en el fuego eterno.

Hidalgo destacó el malsano interés del Santo Oficio por recordar en ese preciso momento acusaciones absurdas conservadas en un archivo muerto:

Estad ciertos, amados conciudadanos míos, que si no hubiese emprendido libertar nuestro reino de los grandes males que le oprimen y de los muchos mayores que le amenazaban, y que por instantes iban a caer sobre él, jamás hubiera sido yo acusado de hereje. Todos mis delitos traen su origen del deseo de nuestra felicidad. Si éste no me hubiese hecho tomar las armas, yo disfrutaría una vida dulce, suave y tranquila; yo pasaría por verdadero católico, como lo soy y me lisonjeo de serlo, jamás habría habido quien se atreviese a denigrarme con la infame nota de la herejía.

Las autoridades españolas se valieron de estos medios porque se les habían terminado los recursos para mantener a la nación sometida a su servicio:

Abandonan hasta la última reliquia de honradez y hombría de bien; se prostituyen las autoridades más recomendables; fulminan excomuniones, que nadie mejor que ellas saben no tienen fuerza alguna; procuran amedrentar a los incautos y aterrorizar a los ignorantes, para que espantados con el nombre de anatema, teman donde no hay motivo de temer.

Asimismo, Hidalgo aseguró que los gachupines se habían atrevido a profanar las cosas sagradas para conservar sus dominios: “Abrid los ojos, americanos, no os dejéis seducir de nuestros enemigos: ellos no son católicos sino por política; su Dios es el dinero, y las conminaciones sólo tienen por objeto la opresión.” No había que dejar pasar la oportunidad de romper las cadenas de tan infame servidumbre. Para lograrlo sólo era necesaria la unidad, no pelear entre nosotros.

Por último, señaló sus planes para crear un gobierno representativo y dispuesto a servir los legítimos intereses de la nación:

Establezcamos un congreso que se componga de representantes de todas las ciudades, villas y lugares de este reino, que teniendo por objeto principal mantener nuestra santa religión, dicte leyes suaves, benéficas y acomodadas a las circunstancias de cada pueblo: ellos entonces gobernarán con la dulzura de padres, nos tratarán como a sus hermanos, desterrarán la pobreza, moderando la devastación del reino y la extracción de su dinero, fomentarán las artes, se avivará la industria, haremos uso libre de las riquísimas producciones de nuestros feraces países, y a la vuelta de pocos años disfrutarán sus habitantes de todas las delicias que el Soberano Autor de la naturaleza ha derramado sobre este vasto continente.
Eran las razones y los proyectos del libertador, que no vivió para ver cumplidos, aunque el mérito de haber sembrado las inquietudes y de vislumbrar los medios para alcanzarlos nunca han sido puestos en duda.

Miguel Ángel Fernández Delgado, Investigador del INEHRM
 
Edicto de excomunión de Miguel Hidalgo y Costilla

Omne regnum in se divisum desolabitur.

Todo reino dividido en facciones será destruido y arruinado, dice Jesucristo nuestro bien." Cap. XI de San Lucas, v. XVII.

Sí, mis amados fieles: la historia de todos los siglos, de todos los pueblos y naciones, la que ha pasado por nuestros ojos de la Revolución francesa, la que pasa actualmente en la Península, en nuestra amada y desgraciada patria, confirman la verdad infalible de este divino oráculo. Pero el ejemplo mas análogo a nuestra situación, lo tenemos inmediato en la parte francesa de la isla de Santo Domingo, cuyos propietarios eran los hombres más ricos, acomodados y felices que se conocían bajo la tierra.

La población era compuesta casi como la nuestra de franceses europeos y franceses criollos, de indios naturales del país, de negros y de mulatos, y de castas resultantes de las primeras clases.  Entró la división y la anarquía por efecto de la citada Revolución francesa, y todo se arruinó y se destruyó en lo absoluto.  La anarquía en la Francia causó la muerte de dos millones de franceses, esto es, cerca de dos vigésimos, la porción más florida de ambos sexos que existía; arruinó su comercio y su marina, y atrasó la industria y la agricultura.

Pero la anarquía en Santo Domingo degolló todos los blancos franceses y criollos, sin haber quedado uno siquiera; y degolló los cuatro quintos de todos los demás habitantes, dejando la quinta parte restante de negros y mulatos en odio eterno y guerra mortal en que deben destruirse enteramente. Devastó todo el país quemando y destruyendo todas las posesiones, todas las ciudades, villas y lugares, de suerte que el país mejor poblado y cultivado que había en todas las Américas, es hoy un desierto, albergue de tigres y leones. He aquí el cuadro horrendo, pero fiel, de los estragos de la anarquía en Santo Domingo.

La Nueva España, que había admirado la Europa por los más brillantes testimonios de lealtad y patriotismo en favor de la madre patria, apoyándola y sosteniéndola con sus tesoros, con su opinión y sus escritos, manteniendo la paz y la concordia a pesar de las insidias y tramas del tirano del mando, se ve hoy amenazada con la discordia y anarquía y con todas las desgracias que la siguen, y ha sufrido la citada isla de Santo Domingo.

Un ministerio del Dios de la paz, un sacerdote de Jesucristo, un pastor de las almas (no quisiera decirlo), el cura de Dolores don Miguel Hidalgo (que había merecido hasta aquí mi confianza y mi amistad), asociado de los capitanes del regimiento de la Reina, D. Ignacio Allende, D. Juan de Aldama y D. José Mariano Abasolo, levantó el estandarte de la rebelión y encendió la tea de la discordia y anarquía, y seduciendo una porción de labradores inocentes, les hizo tomar las armas, y cayendo con ellos sobre el pueblo de Dolores el 16 del corriente al amanecer, sorprendió y arrestó los vecinos europeos, saqueó y robó sus bienes; y pasando después a las siete de la noche a la villa de San Miguel el Grande, ejecutó lo mismo, apoderándose en una y otra parte de la autoridad y del gobierno.

El viernes 21 ocupó del mismo modo a Celaya, y, según noticias, parece que se ha extendido ya a Salamanca e Irapuato.  Lleva consigo los europeos arrestados, y, entre ellos, al sacristán de Dolores, al cura de Chamacuero, y a varios religiosos carmelitas de Celaya, amenazando a los pueblos que los ha de degollar si le oponen alguna resistencia.

E insultando a la religión y a nuestro soberano Don Fernando VII, pintó en su estandarte la imagen de nuestra augusta patrona, Nuestra Señora de Guadalupe, y le puso la inscripción siguiente: iViva la Religión! iViva nuestra Madre Santísima de Guadalupe! iViva Fernando VII! iViva la América! y ¡Muera el mal gobierno! . Como la religión condena a la rebelión, el asesinato, la opresión de los inocentes, y la Madre de Dios no puede proteger los crímenes, es evidente que el cura de Dolores, pintando en su estandarte de sedición la imagen de Nuestra Señora, y poniendo en él la referida inscripción, cometió dos sacrilegios gravísimos insultando a la religión, y a Nuestra Señora.

Insulta igualmente a nuestro soberano, despreciando y atacando el gobierno que le representa, oprimiendo sus vasallos inocentes, perturbando el orden público, y violando el juramento de fidelidad al soberano y al gobierno, resultando perjuro igualmente que los referidos capitanes.  Sin embargo, confundiendo la religión con el crimen, y la obediencia con la rebelión, ha logrado seducir el candor de los pueblos, y ha dado bastante cuerpo a la anarquía que quiere establecer.

El mal haría rápidos progresos si la vigilancia y energía del gobierno y la lealtad ilustrada de los pueblos no los detuviesen. Yo, que a solicitud vuestra, y sin cooperación alguna de mi parte, me veo elevado a la alta dignidad de vuestro obispo, de vuestro pastor y padre, debo salir al encuentro a este enemigo, en defensa del rebaño que me es confiado, usando de la razón y la verdad contra el engaño; y del rayo terrible de la excomunión contra la pertinacia y protervia.

Si, mis caros y muy amados fieles; yo tengo derechos incontestables a vuestro respeto, a vuestra sumisión y obediencia en la materia. Soy europeo de origen; pero soy americano de adopción por voluntad, y por domicilio de más de treinta y un años.

No hay entre vosotros uno solo que tome más interés en vuestra verdadera felicidad. Quizá no habrá otro que se afecte tan dolorosa y profundamente como yo en vuestras desgracias, porque acaso no ha habido otro que se haya ocupado y ocupe tanto de ellas. Ninguno ha trabajado tanto como yo en promover el bien público, en mantener la paz y concordia entre todos los habitantes de la América y en prevenir la anarquía que tanto he temido desde mi regreso de la Europa. Es notorio mi carácter y mi celo. Así, pues, me debéis creer.

En este concepto, y usando de la autoridad que ejerzo como obispo electo y gobernador de esta mitra, declaro: que el referido D. Miguel Hidalgo, cura de Dolores, y sus secuaces los tres citados capitanes, son perturbadores del orden público, seductores del pueblo, sacrílegos, perjuros, y que han incurrido en la excomunión mayor del Canon Siquis Suadente Diabolo, por haber atentado a la persona y libertad del sacristán de Dolores, del cura de Chamacuero, y de varios religiosos del convento del Carmen de Celaya, aprisionándolos y manteniéndolos arrestados.

Los declaro excomulgados vitandos y prohibiendo, como prohíbo, el que ninguno les dé socorro, auxilio y favor, bajo la pena de excomunión mayor, ipso facto insurrenda, sirviendo de monición este edicto, en que desde ahora para entonces declaro incursos a los contraventores.

Asimismo, exhorto y requiero a la porción del pueblo que trae seducido, con título de soldados y compañeros de armas, que se restituyan a sus hogares y lo desamparen dentro del tercero día siguiente inmediato al que tuvieren noticia de este edicto, bajo la misma pena de excomunión mayor, en que desde ahora para entonces los declaro incursos y a todos lo que voluntariamente se alistaren en sus banderas, o que de cualquiera modo les dieren favor y auxilio. Ítem: declaro que el dicho cura Hidalgo y sus secuaces son unos seductores del pueblo, y calumniadores de los europeos. Sí, mis amados fieles, es una calumnia notoria.

Los europeos no tienen ni pueden tener otros intereses que los mismos que tenéis vosotros los naturales del país; es a saber, auxiliar la madre patria en cuanto se pueda, defender estos dominios de toda invasión extranjera para el soberano que hemos jurado, o cualquiera otro de su dinastía, bajo el gobierno que le representa, según y en la forma que resuelva la nación representada en las Cortes que, como se sabe, se están celebrando en Cádiz o isla de León, con los representados interinos de las Américas mientras llegan los propietarios.  Esta es la égida bajo la cual nos debemos acoger; este es el centro de unidad de todos los habitantes de este reino, colocado en manos de nuestro digno jefe el Exmo. Sr. Virrey actual que, lleno de conocimientos militares y políticos, de energía y justificación, hará de nuestros recursos y voluntades el uso más conveniente para la conservación de la tranquilidad, del orden público, y para la defensa exterior de todo el reino.

Unidas todas las clases del Estado de buena fe, en Paz y concordia bajo un jefe semejante, son grandes los recursos de una nación como la Nueva España, y todo lo podremos conseguir.  Pero desunidos, roto el freno de las leyes, perturbado el orden público, introducida la anarquía como pretende el cura de Dolores, se destruiría este hermoso país. El robo, el pillaje, el incendio, el asesinato, las venganzas incendiarán las haciendas, las ciudades, villas y lugares, exterminarán los habitantes, y quedará un desierto para el primer invasor que se presente en nuestras costas.

Sí, mis caros y amados fieles; tales son los efectos inevitables y necesarios de la anarquía. Detestadla con todo vuestro corazón; armaos con la fe católica contra las sediciones diabólicas que os conturban: fortificad vuestro corazón con la caridad evangélica que todo lo soporta y todo lo vence. Nuestro Señor Jesucristo, que nos redimió con su sangre, se apiade de nosotros, y nos proteja en tanta tribulación, como humilde se lo suplico.

Y para que llegue a noticia de todos y ninguno alegue ignorancia, he mandado que este edicto se publique en esta Santa Iglesia catedral, y se fije en sus puertas, según estilo, y que lo mismo se ejecute en todas las parroquias del obispado, dirigiéndose al efecto los ejemplares correspondientes. Dado en Valladolid a veinticuatro días del mes de Septiembre de mil ochocientos diez.

Sellado con el sello de mis armas, y refrendado por el infrascrito secretario- Manuel Abad y Queipo, Obispo electo de Michoacán.- Por mandado de S.S.I., el Obispo mi Sr. Santiago Camina, secretario.

Fuente: "México y sus revoluciones" - Don José María Luis Mora

Al alba del día 30 de Julio de 1811 recibió el cura Hidalgo los servicios espirituales impartidos por el padre Juan José Baca. Un día antes en los muros de su celda había escrito con carbón las siguientes décimas dedicadas al Alcalde Melchor Guaspe y a su Guardián Miguel Ortega:

A Guaspe.

Melchor, tu buen corazón ha adunado con pericia
lo que pide la justicia,
aconseja la razón
y exige la compasión.

Das consuelo al desválido
en cuanto te es permitido
partes el postre con él
y agradecido Miguel
te dá las gracias rendido.
Ortega tu crianza fina,
Tu dulce y estilo amable
siempre te harán apreciable
aun con gente peregrina.

Tiene protección divina
la piedad que has ejercido
con un pobre desválido
que mañana va a morir,
y no puede retribuír
ningún favor recibido.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Testamento




Vulnerant omnes, última necat,
“Todas hieren, la última mata”,
Se refiere a las horas.

El testamento es quizá el último acto que hacemos, no por que necesariamente se haga al filo de la muerte, sino por que asumimos nuestra mortalidad como lo que es, un hecho consumado.

Hoy he decidido hacer público mi testamento, acto que se supone se debe realizar posterior a mi muerte, por tanto y para tal fin, me declaro completamente muerto, Acta est fabula “Se acabó el espectáculo” dicen que fue lo último que dijo Octavio Cesar Augusto.

César Vallejo decía "Yo nací un día que Dios estuvo enfermo", ahora que hago mi testamento, estoy convencido que muchos hemos nacido en días similares, en días en los cuales Dios no cuida su creación, así que nacemos así, sin más gracia.

Sin embargo, a cambio de lo que no me fue dado en todos estos años, lo que he caminado creo que lo supera en mucho, un buen día decidí que tomar mis cosas y echar a andar, así aprendí a tejer, a caminar, a navegar y hasta a volar, tejí mi vida con hilos propios y ajenos, de aquellos que de alguna forma me fueron heredados, hilos de varios colores y tamaños, los otros en ocasiones me fueron generosamente dados, los demás, sencillamente los tome y los hice míos. Así con esos hilos empecé a tejer, hoy he enseñado a algunos, compartido los hilos y los nudos, las oraciones y plegarias cuando anudas los hilos para seguir tejiendo y no se rompa, para que el hilo sea resistente, con el color y grueso preciso, no uso materiales sintéticos, esos dan un mal tono y textura, se desgarran y duelen demasiado por que no fueron verdaderos.
 
Así que decidí usar materiales naturales, amor, ternura, enojo, ira, perdón, alegría, dolor y le doy colores de nubes, de peces. De cielos y mares, de montañas y valles, los ato con ilusiones, esperanzas, sueños, deseos, ya no uso tampoco agujas hechas de falacias y traición, ni de miedos y malos sueños, así mi tejido me permite dar forma y color, aunque a veces quisiera que el color fuese aquel que surgió en el primer instante, ese que lleno la nada de luz y se hizo acompañar de mil formas y sonidos, la música de las esferas.

A todos les dejo el mar, lugar de vida y muerte, de origen y destino, agua que esculpe continentes, tormentas y huracanes.

Les dejo también el cielo, casa de las nubes y las aves, camino del sol y la luna.

Les dejo la tierra, solida, fuerte, hogar de simiente y frutos, de arenas y desiertos.

A los pobres les dejo el hambre, la injusticia y el olvido.

A los ricos les dejo el poder, la violencia, el miedo, la cobardía.

A los políticos  les dejo la avaricia, la traición y la mediocridad.

A los ejercitos les dejo la compasión, el perdón y la desnudez.

A los sabios les dejo los libros, las ideas, la soledad y el egoismo.

A los mediocres les dejo la televisión y Hollywood.

A ti, mi deseo, mi fantasía, mi amor y mi corazón.

A los amantes les dejo la noche y la luna, las palabras secretas murmuradas suavemente al oido, los cuerpos sudorosos y tremulos, el gozo, el placer, les dejo el viento.

A los gobiernos les dejo el que busquen la felicidad y el bienestar de sus pueblos.

A los pueblos la fuerza, la prudencia, el valor, la voluntad, la justicia y si no pueden les dejo el gobierno que se merecen.

A los asesinos, los traficantes de personas, los violadores, los ladrones, les dejo la soedad, el olvido, el dolor y la justicia.

A los olvidados les dejo la memoria, el recuerdo, la presencia.


A los muertos les dejo el catafalco, la tierra, el sudario y sus recuerdos.

A los viejos sus recuerdos, sus actos fallidos, sus soledades y agonías.

A los niños la alegría, la sonrisa, el correr y el jugar, los sueños, las esperanzas y el amor y respeto.

A todos los demás, hombres y mujeres les dejo un pequeño, insignificante planeta, el único que tenemos, les dejo la búsqueda de la paz y de la razón, los sueños extraviados y las palabras de amor olvidadas, les dejo a los niños y a los viejos para que los amen y les dejo un fusil para que recuerden que la guerra, la violencia rompe la vida, hace fantasmas y pesadillas y por último, les dejo la voz, el canto y la palabra, las flores, los árboles, la vida, la vida…!

Mis sueños, mis esperanzas, las dejo huérfanas por si alguien quiere ser generoso y darles un corazón para que habiten en él.

Mientras viví aprendí que la vida no está hecha, que se construye día a día, que su arquitectura es única y lo gloriosa, solemne o fatuo es nuestro producto, que cada acto implica una responsabilidad y aunque yo no la acepte ella está ahí siempre conmigo.

Aprendí que si no eres capaz de dar entonces tu vida es oscura, si no eres capaz de compartir tu corazón es duro y duele demasiado.

Aprendí que del amor puedo decir muy poco, tuve la posibilidad de amar y ser amado, pero fue hace ya tanto tiempo que apenas y si lo recuerdo y que estoy seco y sólo.

Aprendí que la alegría hace ligero el andar.

Aprendí que el perdón y la tolerancia son duros, que existen límites, pero también que es posible ser tolerante y perdonar, no olvidar, solo perdonar.

Aprendí que los amigos, los buenos, siempre están, que sin ellos estas invalido y vacío.

Aprendí que hay que detener el andar de vez en vez y buscar un árbol cerca de un arroyo, descalzar los pies, desnudar todo y mojarse en el agua fría para sentir el viento suave en la piel, aprendí que recostado bajo el árbol puedo mirar lo andado y saber que he vivido y así ya descansado, volver a echar a andar con la esperanza bajo el brazo, el sextante y el astrolabio en el morral y la canción en el corazón.

Este es mi testamento, esto es lo que dejo y si por alguna casualidad alguna vez nos encontramos, no se sorprendan, realmente no soy yo, por que con este sencillo acto, me redimo e invento, así que sigo aquí esperando mientras continuo caminando.
  
AS TIME GOES BY
Es aún la misma vieja historia,
Una lucha por el amor y la gloria,
Un caso de hacer o morir.
El mundo siempre dará la
Bienvenida a los amantes
A medida que pasa el tiempo.
La interpreta
La interpreta Dooley Wilson en Casablanca mientras toca el piano para Ilsa Lund (Ingrid Bergman)



Hashkava

¿Dónde se encuentra la sabiduría y dónde está la morada del entendimiento? Feliz el hombre que halló la sabiduría, que obtuvo entendimiento. Cuán grande es Tu bien, que has reservado para los que Te reverencian; que has vertido en los que esperan de Ti ante los ojos de los hombres. ¡Cuán preciosa es Tu merced, oh Dios! Tú cubres con tu protección a los hijos del hombre; Tú los sacias de lo mejor de Tu casa, y los abrevas en el río de Tus delicias. Para un hombre común: Bienaventurado el hombre temeroso del Eterno, que ama mucho sus preceptos. Preferible es un buen nombre a los ungüentos perfumados, y el día de su muerte a su nacimiento En la habitación del reposo verdadero y supremo, bajo la protección de la Divina Presencia, en las alturas santas y puras en que resplandece como el firmamento luminoso; donde los pecados son ignorados y el mal desconocido, donde las almas gozan de las piedades y gracia del Eterno morador de las alturas y de una beatitud perfecta y eterna; que éste sea el destino reservado al buen nombre del alma del finado (nombre del fallecido) hijo de (nombre su madre). Que el eterno le dé descanso en la bienaventuranza del más allá y que sea incluido en la misericordia y perdón divinos. Así sea la voluntad de Dios, y digamos Amén

Oración hebrea para los muertos