domingo, 7 de agosto de 2011

El espíritu de la cocina.



Ella comenzó a amasar con las manos desnudas, cernía todos los ingredientes mientras sus ojos se cerraban y una leve sonrisa se dibujaba en sus labios, recordaba cuando era niña y con las manos en el lodo, amasándolo jugaba el viejo juego de Dios. Ella era nuevamente la niña sin miedos, sin prejuicios, que jugaba a preparar el alimento, el recuerdo le hacia sonrreir y disfrutar entre sus dedos de las texturas.

Se dio cuenta de que en la cocina, participaban todos los sentidos, el gusto, el olfato, la vista, el tacto y el oído, era un mundo de sensaciones, se dio cuenta también que cocinar era un gozo, un acto de amor, de solidaridad, de compartir lo que somos, asì la cocina se convierto en su refugio.

Ella entreabrió los ojos, continuo amasando suavemente, despacio, sin prisas, suavemente, evocando todo mientras con sus manos amasaba sus recuerdos para compartirlos con sus comensales…

A mí me gusta la cocina, me gusta cocinar, los olores, los colores, las formas, las texturas, los sabores, de hecho yo creo que Dios debe ser u gran cocinero.

En la cocina sencillamente somos inventores, aventureros navegantes, pequeños artesanos, en la cocina se encuentran los olores y sabores de la infancia o de esas sabrosas sobremesas con los amigos aderezadas de charlas y a veces hasta de canciones y bailes.

Si, la cocina es el lugar donde podemos gozar y compartir, donde aprendemos, ahí nos enamoramos al preparar alimentos llenos de esperanza y amor, ahí lloramos y así les agregamos ua pizca de tristeza.

Por eso, cuando comemos sabemos si estamos compartiendo alegrías, amores o tristezas.

Alejandro.

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