domingo, 28 de febrero de 2010

Mujer mira que te mira...




Decía Rosario Castellanos:

"El matrimonio es el ayuntamiento de dos bestias carnívoras de especie diferente que de pronto se hallan encerradas en la misma jaula. Se rasguñan, se mordisquean, se devoran, por conquistar un milímetro más de la mitad de la cama que les corresponde, un gramo más de la ración destinada a cada uno. Y no porque importa la cama ni la ración. Lo que importa es reducir al otro a la esclavitud. Aniquilarlo"

Nocturno
"Me tendí, como el llano, para que aullara el viento.
Y fui una noche entera
ámbito de su furia y su lamento.

¡Ah! ¿quién conoce esclavitud igual
ni más terrible dueño?

En mi aridez, aquí, llevo la marca
de su pie sin regreso Elegía
Nunca, como a tu lado, fui de piedra.
Y yo que me soñaba nube, agua,
aire sobre la hoja,
fuego de mil cambiantes llamaradas,
sólo supe yacer,
pesar, que es lo que sabe hacer la piedra
alrededor del cuello del ahogado





Hablar de mujeres es un tema que me apasiona tanto en su concepción más intelectual como en la más carnal (somos carne, no ángeles –Santa Teresa de Ávila-) así que he pensado en hablar de ellas, en este año tan significativo para México y para quienes lo vivimos día a día, pero de ellas en la perspectiva de las mujeres que luchan, que trascienden los limites y abren las puertas para dar paso a la luz y a la libertad, porque este país, como todos los países y rincones del orbe es construido con dos manos, las de las mujeres y las de los hombros, los caminos son andados por ambos, solo los tontos, los necios, los soberbios siguen pensando diferente, más esto no basta, hay que actuar, por eso hoy escribo sobre mujeres que actuaron desde el ser mujer para poder volar con el viento.

Algunas de estas mujeres fueron hijas, esposas, amantes de hombres principales de su momento, más su valía no radica en ello, sino en su actuar, en su comprender y desear construir una nación sin distingos de sexo, genero, religión, opción política o sexual, de raza o riqueza, más hay más, muchas mas, anónimas, olvidadas en sus nombre vivas en sus actos.
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La Independencia de México, el período de nuestra historia que abarca desde las primeras conspiraciones y el inicio del levantamiento armado la madrugada del 16 de septiembre de 1810 con el “Grito de Dolores” hasta la consumación de la Independencia, en 1821, con la entrada del ejército Trigarante a la Ciudad de México, es una etapa de muchos cambios políticos y sociales en el que también las mujeres tuvieron una amplia participación, y a partir del cual su inserción en la vida pública empieza a incrementarse.

Con el estallido de la guerra de independencia, algunas mujeres salieron de sus papeles tradicionales, y algunas otras dieron a sus papeles tradicionales un significado político. Aunque sólo son conocidas las hazañas de unas pocas heroínas, son muchas las mujeres que, en silencio, participaron en la lucha tanto en la parte insurgente como en la realista de una manera esencial para alcanzar los objetivos nacionales de las 2 partes, respectivamente.

Un claro ejemplo de la contribución de la mujer insurgente fue la “seducción de la tropa”, es decir, tratar de persuadir a los soldados para abandonar el ejército realista y unirse a los insurgentes. Algunas de ellas llegaron a prostituirse para cambiarse de bando; tal es el caso de Carmen Camacho quien, después de hacer amistad con los soldados de una guarnición local, los invitaba a acompañarla una noche, en alaguna pulquería ó a algún mesón, y después de unos cuantos tragos, los convencía de desertar, prometiéndoles una parcela en el México independiente, como recompensa.

Esta situación preocupaba profundamente al virrey Félix María Calleja, ya que algunos miembros eclesiásticos, convencidos por mujeres, predicaban la rebelión en los confesionarios. Para 1815, un juez llegó a declarar que las mujeres eran uno de los mayores males que hubieran tenido desde el comienzo de la guerra, pues debido a su “sexo”, eran el instrumento para seducir a toda clase de personas. Y tenía razón, pues gracias a sus largas y amplias faldas, podían contrabandear mensajes y armas debajo de éstas.

Hacían de espías, a través de una red informativa de sirvientas y amigas, que por razones de trabajo ó su matrimonio, estaban diariamente en contacto con oficiales y soldados realistas.

Y cuando eran apresadas, aprovechaban la “debilidad de su sexo”, invocando a la situación de sus hijos, ó fingían embarazo para que las liberaran; otras, simplemente argumentaban que seguían órdenes de sus maridos, en contra de su voluntad.

Por otra parte, mujeres mexicanas casadas con españoles realistas, simpatizaban con los rebeldes, como es el caso de Mariana Rodríguez del toro, que, aunque no desafió a su marido don Manuel Lazarín, tenía un salón en el que la política era un tema de conversación bastante frecuente.

En una de ésas discusiones, doña mariana presentó un plan para tomar al virrey francisco Javier Venegas como rehén para obtener la liberación del padre Miguel Hidalgo; desafortunadamente, su conspiración fue descubierta.

Por parte de las mujeres realistas estaban “las patriotas marianas”, éstas fueron la primer organización femenina secular conocida en la ciudad de México; fue fundada por Ana Iraeta de Mier, cuando el ejército de Hidalgo rodeó la capital en 1810. Su propósito principal era: proteger a la Virgen de los Remedios, patrona del ejército realista. Guardaban la imagen de la virgen en la catedral y la bordaban en las banderas del ejército, para contrarrestar los estandartes de la virgen de Guadalupe; además colaboraron con la propaganda española, recolectaron fondos que destinaron, principalmente, para ayudar a las familias necesitadas de soldados realistas. Este grupo estaba formado aproximadamente por 2500 mujeres.

La gran capacidad de las mujeres de la independencia se hizo evidente entre el gobierno y los revolucionarios, éstos últimos hicieron especiales esfuerzos de propaganda para instar a las mujeres a unirse a la lucha: “a la guerra americanas, vamos con espadas crueles a darle muerte a Calleja y a ver al señor Morelos”, decía uno de los folletos.

Aunque después de la independencia, la nueva república no permitía a las mujeres votar ni ocupar cargos públicos, y se creía que las mujeres a pesar de haber desempeñado un papel sumamente inspirador para ser reconocido, no tuvieron mayor repercusión.

Decía el escritor liberal Guillermo Prieto: “que sepa coser, guisar, barrer... Que halle en la virtud placer y utilidad, que sea religiosa, pero que no desatienda por una novena un guiso... ¡el día que hable de política, me divorcio!....

Describiendo a su mujer ideal. Aún así, la mujer ha demostrado, afortunadamente, que no sólo es una sirvienta, una compañera de cuarto, una madre, es mucho más y gracias a ellas, a nosotras, los mexicanos hemos formado nuestra historia...

Es importante citar las biografías de las mujeres más sobresalientes en la lucha por la independencia, sin querer decir con esto, que la participación de las demás mujeres haya sido menos importante.

Algunas de las mujeres que se recuerdan en esta colaboración, quizá no tuvieron una participación tan destacada con la insurgencia como doña Josefa Ortiz de Domínguez o como doña Leona Vicario que dedicaron su fortuna y su vida a la causa de la Independencia de 1810 en nuestro país. Sin embargo al hablar de las mujeres que participaron en este importante movimiento, trascendieron más por el espíritu de sacrificio y por sus sorpresivas acciones valerosas que por su importante participación como abnegadas y fieles esposas, hermanas, hijas o madres valientes que animaron, aconsejaron y muchas de ellas perdieron su vida y la de sus hijos o que fueron víctimas anónimas en la lucha de la Independencia.

En este trabajo, se rescatan a varías de esas mujeres y se puede aportar el nombre de ellas por conocerlo por el parentesco que tuvieron con insurgentes destacados y en muchos casos sólo se describen los hechos en los que ellas participaron.

María Ricarda Rosales, sobrina de Víctor Rosales e hija de Fulgencio Rosales quien fuera dueño de un obraje en la ciudad de León, Guanajuato, herido en Aculco, fue fusilado y colgado al realizar el rescate de las banderas del Cuerpo de Tres Villas y la de las Milicias de México. María Ricarda fue hecha prisionera en octubre de 1814 en la batalla del Maguey cuando cuidaba y protegía a su pequeño sobrino. Fue trasladada a la ciudad de México, y recluida en las cárceles de la Inquisición, se fugó de ellas, gracias a la ayuda de Leona Vicario.

Andrea González, esposa de José Güemes apodado el “anglo-americano”. Como hecho curioso se le reconoce a José el haber sido bautizado ya siendo un joven por el capellán de Minería Rafael Gil de León quien más adelante sería cura de Querétaro. Güemes vivió como la mayoría de los mexicanos, en la mayor de las pobrezas, participó en once batallas en contra de la tiranía de los españoles; fue un personaje al que se le recuerda por su indisciplina y crueldad. Al ser asesinado, su mujer quedó en el mayor de los desamparos, y como “un acto piadoso” el Virrey ordenó que se contratara a Andrea para que trabajara en las insalubres fábricas de tabacos propiedad del gobierno, donde ahí murió sola y en el abandono.

La esposa del célebre José María Liceaga, cuyo nombre de soltera me fue imposible ubicar, proveniente de una antigua y distinguida familia de Guanajuato. José María Liceaga fue propietario de la próspera Hacienda de La Laja, ubicada cerca de la ciudad de León, Gto., Liceaga, perteneció al Regimiento de Dragones de México.

Liceaga abrazó la causa de la Independencia con el Grado de Capitán después de una reconocida participación con los insurgentes, uno de los hechos menos conocidos, fue cuando tuvo que huir a unas pequeñas islas del lago de Yuriria, ahora conocidas como las Islas Liceaga. Agustín de Iturbide perteneciente a las tropas realistas, las atacó el 31 de octubre de 1812, en donde los 200 insurgentes que las defendían sucumbieron; algunos alcanzados por una bala, otros ahogados. A Liceaga lo salvó el haber salido antes.

A la señora Liceaga, a la muerte de su marido en 1818, se le hizo prisionera acusándola de traición y trasladada a la cárcel de Silao, Gto., por el comandante realista Pedro Ruíz de Otaño. Los bienes de esta dama fueron confiscados.

Rafaela López Aguado de Rayón. Madre de los destacados hermanos Rayón, dio a la causa insurgente a sus cinco hijos, y no dudó, cuando se encontró con la dura decisión de escoger entre la vida de uno de ellos y la sumisión de los demás. Francisco, uno de sus hijos le pidió que aconsejara a sus hermanos a dejar la causa insurgente para salvar sus vidas; y ella llena de dolor y entereza se negó a hacer indicaciones a sus otros cuatro hijos. Tuvo que sufrir la pérdida de su hijo Francisco cuando este fue fusilado en Ixtlahuaca.

También recordamos aquellas valerosas mujeres que ayudaron al tipógrafo José Rabelo y dos cajistas a salir de la ciudad de México ocultándolos en su carruaje, y cruzando las filas enemigas escondidos entre las faldas de ellas para poder reunirse con el doctor José María Cos, eclesiástico de gran fama entre los insurgentes. De esta manera el Dr. Cos pudo imprimir su famoso semanario “El Ilustrador Americano”

María Manuela Taboada, esposa de Mariano Abasolo, el más joven y controvertido insurgente. Capitán del Regimiento de la Reina y amigo de Ignacio Allende. Rico propietario de importantes y prósperas haciendas en Guanajuato como: Rincón, Espejo, San José de las Palmas entre otras. Abasolo se casó con María Manuela, heredera de una gran fortuna. “Bienes de los que no disfrutó pero que le sirvieron para salvarlo de la muerte”. Abasolo se unió al ejército insurgente pese a las súplicas de su joven esposa. Cuando él estaba luchando al lado de Ignacio Allende, María Manuela tuvo que huir de Dolores, para ir en busca de su marido, cuando su casa fue atacada y saqueada por las tropas realistas. A partir de ese momento María Manuela no se separó de su esposo y lo acompañó a través del desierto de Chihuahua, cuando cayeron prisioneros los principales jefes insurgentes. Abasolo fue juzgado por un Consejo de Guerra, que lo sentenció a prisión perpetua fuera de México a cambio de entregar sus bienes a los realistas.

Manuela se regresó a Dolores para reunir el dinero que se les había solicitado por parte del Consejo a cambio de no fusilar a Mariano, para más tarde acompañarlo en el destierro durante cuatro años hasta la muerte de él en 1816. Manuela regresó a México a vivir en su casa de Dolores y educar a su hijo Rafael Abasolo.
Guadalupe Rangel esposa de Albino García, originario del Valle de Santiago, Gto., este trabajaba como caporal y vaquero en un rancho de Guanajuato antes de 1810. Se cuenta que uno de los principales jefes realistas García Conde tratándolo de atrapar lo siguió hasta Valle donde se encontró con las fuerzas de Albino García que lo derrotaron, a pesar que García Conde logró llegar hasta la plaza del pueblo. Días después, los jefes realistas, entraron nuevamente a Valle, sin encontrar al guerrillero, que en ese momento se batía con el jefe realista Guizanotequi, al que por cierto le causó bastantes pérdidas entre su tropa.

En abril, Albino atacó un convoy que estaba en Salamanca y que llevaba el parque y las municiones a las tropas realistas, a pesar de que lo defendían jefes como García Conde e Iturbide, los insurgentes ayudados por mujeres empezaron a disparar a los realistas haciéndolos retroceder y apoderándose del convoy.

Se dice, no hay datos seguros que Guadalupe Rangel, esposa de Albino García montada a caballo y con el sable en la mano, tomaba parte en los combates, animando a los soldados insurgentes con su ejemplo. Fue hecha prisionera y llevada a Guadalajara en 1812.

Para concluir esta breve reseña podemos reconocer que estas señoras vivieron en una época muy diferente a la que vivimos las mujeres en la actualidad, y en esto consiste la gran diferencia de los tiempos. En su época era muy difícil el acceso a la educación porque se consideraba que no era necesario por su calidad de mujer.
La mujer fuerte, la compañera solidaria no sólo de un hombre sino de un ideal, se rebeló, ante la sociedad, ante sus principios y no se adormeció en la comodidad de su condición de ser mujer.




La Güera Rodríguez (María Ignacia Rodríguez de Velasco y Osorio Barba (1778-1851)

Es una de las mujeres más singulares que vivieron en los últimos tiempos de la Colonia y las primeras décadas del México independiente. Casada tres veces, viuda en dos ocasiones, logró obtener el divorcio eclesiástico, única forma legal de separación que existía en su época. Se afirma que entre sus amores se contaron el Barón de Humboldt y el joven Bolívar y Agustín de Iturbide. La Inquisición la sometió a juicio como simpatizante de la Independencia.

La salvó su lengua venenosa y bien informada. Imponente, la Güera Rodríguez traspone el portón de la Casa Chata, sede de la Santa Inquisición en el reino de la Nueva España. Era la mañana del 22 de marzo de 1811. A partir de una delación la acusaban de herejía por haber "mantenido trato con el cura renegado, apóstata y excomulgado de Dolores, Miguel Hidalgo y Costilla?... El inquisidor Juan Sáenz de Mañozca fue directo al punto: ?-Confesad, mujer, vuestros nefandos crímenes u os mandaré dar tormento, porque vuestros crímenes no son solamente heréticos y sediciosos, sino que también comprenden vuestra conocida y amoral inclinación al adulterio, a la mancebía y a la bigamia"?.

“¡Parad vuestro carro, señor inquisidor! -repuso la Güera, indignada-. ¿Cómo os atrevéis a habladme, usted de toda la gente de este reino, de moralidad? Para mí sería muy sencillo hacer del dominio público que tres años ha que mantenéis pecaminosas relaciones de sodomía con un efebo de no más de 16 años, novicio en el convento de San Francisco, cuya visitaduría sospechosamente habéis tomado a vuestro cargo".

Esto dice la voz popular, lo cierto es que a la Güera efectivamente le levantaron cargos de herejía pero la Inquisición no pudo probarlos. Aunque nada confirma que tuvo tratos con Hidalgo.

Ella fue un personaje poco conocido de la historia nacional al que no se le ha dado el valor que tuvo. La Güera fue la primera mujer que, sin haber sido electa, ejerció el poder político en México. Obviamente lo hizo a través de Iturbide en un momento muy importante: el de la consumación de la Independencia.

Sin proponérselo directamente, la Güera fue el enlace entre Iturbide, el virrey Apodaca y unos emisarios secretos que llegaron de España para negociar la independencia de México. "Ella tuvo acceso a documentos sumamente confidenciales de la época y actuó como consejera política de Iturbide".

La Güera aprovecha su relación con Iturbide en el contexto de los tratos secretos entre éste, el rey de España y el virrey Ruiz de Apodaca. En el camino se vuelve la consejera política del futuro emperador mexicano. La Güera tenía mucha experiencia en los juegos de poder que adquirió en la corte de los virreyes.

Según la terminología de la época, era una "mujer notoria". Pero de todas las amantes de Iturbide fue la única que realmente influyó políticamente sobre él.

La Güera era temida y condenada, al igual que su hija, quien tuvo una relación erótica con Guadalupe Victoria, el primer Presidente de México. En ese entonces, la opción de las mujeres era la casa o el convento. No solían andar metidas en la vida social y mucho menos en la política. La condena pública de la Güera hizo que luego de su muerte sus descendientes destruyeran mucha de la documentación que ella guardaba. Los escándalos amorosos son ciertos, pero la Güera tuvo la inteligencia de usar su capacidad de seducción para intervenir en la vida política del país.

Existe una carta que el rey de España, Fernando VII, envió al virrey Apodaca [24 de diciembre de 1820] donde le propone conseguir a un caudillo con fuerza y popularidad en el ejército para que haga tratos con los insurgentes. Fernando VII había sido reducido a una mera figura decorativa por la Constitución de Cádiz [1812] y quería restaurar su poder aun a costa de que España perdiera su colonia más importante. Proclamada la Independencia, se llamaría al propio Fernando VII para gobernar como monarca absoluto. Ese documento, explica por qué en el Plan de Iguala se declara la Independencia de México al mismo tiempo que se llama a Fernando VII para encabezar la nueva nación. Sin embargo, como al rey español se le dificulta venir a México, Iturbide se nombra emperador, cuando uno de sus leales, el soldado Pío Marcha. Lo destapa en las calles del centro de la Nueva España. El virrey Apodaca le da la carta a la Güera para que se la muestre a Iturbide. Luego éste se la regresa a la Güera seguramente para deshacerse de un documento tan comprometedor. Por eso aparece entre los papeles de María Ignacia.

Leona Vicario

Fue bautizada como maría de la soledad leona Camila Vicario Fernández de san salvador. Nació el 10 de abril de 1789 en la ciudad de México y murió el 21 de agosto de 1842 en el mismo lugar.

Sus padres fueron el español Gaspar Marín vicario y Camila Fernández de san salvador, natural de la ciudad de san José de Toluca. Leona fue hija única; sus padres se esmeraron en su educación, cosa poco usual en las niñas de la época. Decidieron que leona no sólo aprendiera a rezar, a bordar y a tocar el piano –como toda futura dama-, le inculcaron el amor la historia, la literatura y el arte.

Los padres de leona fallecieron cuando ella era adolescente, dejando en su testamento a don Agustín Pomposo -tío de la niña- como tutor y albacea. Éste se hizo cargo de los bienes y la educación de leona; compró una casa junto a la suya, para que la joven se instalara cómodamente y, al mismo tiempo, tuviera privacidad, otra gran sorpresa para las costumbres de la época.

Leona se aficionó especialmente por los libros de política, filosofía y ciencias. Conoció al joven octaviano obregón y accedió a darle sus votos matrimoniales, pero el compromiso nunca llegó a celebrarse, pues octaviano partió a España.

Y se olvidó del asunto. Para 1809, cuando leona tenía 20 años, llegó un joven apuesto a trabajar en el despacho de abogados de don pomposo, su nombre era: Andrés Quintana Roo. La comunión fue casi natural: compartían ideas políticas, lecturas e intereses vitales.

Al poco tiempo surgió un sentimiento más profundo, que culminaría con la petición de mano de leona, misma que fue negada por don pomposo –realista de hueso colorado-, sabedor de las incendiarias ideas republicanas de Andrés. Como pretexto esgrimió el anterior compromiso de leona con octaviano.

Andrés dejó la capital para enrolarse en el ejército insurgente que luchaba en Oaxaca bajo las órdenes de José María Morelos y Pavón. En lugar de lamentarse, leona alentó a su novio, pues los 2 tenían grandes esperanzas en la independencia de la nueva España. Así mientras Andrés luchaba en Oaxaca, Leona clandestinamente comenzó a ayudar al ejército republicano, mandando correos a los soldados animando a los jóvenes a que se enlistaran, dando gran parte de su fortuna a la causa; en una palabra, arriesgando la vida.

La lucha fue feroz y en todos los ámbitos hubo incluso un edicto de la iglesia católica, en el que animaba a todo creyente de esa fe, a delatar a quien apoyara a los insurgentes, aún si éste fuera un familiar.

Leona mantenía también correspondencia con las esposas de los insurgentes, para darles noticias de sus maridos. Su labor más arriesgada fue convencer a los armeros vizcaínos del virreinato para que hicieran fusiles y cañones, en Tlalpujahua para la causa insurgente. Los armeros resultaron tan eficientes que lograron producir 10 cañones de fusil por día.

Los gastos fueron sufragados casi completamente con la herencia de leona; también se pagó la ropa y medicamentos para los combatientes. En pago por sus servicios, el ejército insurgente le mandó las primeras monedas que acuñó en el sur de México: una de oro y una de plata.
A los 24 años, con todos sus bienes confiscados, leona se casa con Andrés en Oaxaca. Rápidamente se adecuó a la nueva situación, cocinando, curando y escribiendo cartas a quien se lo solicitara.
En ese mismo 1813, forma en guerrero el supremo congreso, que sería encabezado por Andrés Quintana Roo como presidente y varios eminentes insurgentes.

Los realistas persiguen encarnizadamente a los miembros del congreso, leona y Andrés se ven obligados a huir otra vez, y viven de los que encuentran en los montes, refugiándose donde pueden.

Huyendo, leona dio a luz a su primera hija, Genoveva en 1817. Poco tiempo después 2 insurgentes delatan al matrimonio y a su hija, y son aprehendidos en la sierra. Andrés había escapado dejando una solicitud al virrey para que indultara a su pequeña familia. Este es concedido y se les da por destino España.

Dada la precariedad económica que pasaba, leona vive su destierro en Toluca, en donde da a luz a su segunda hija: maría dolores.

Al triunfo del ejército trigarante, quintana roo es nombrado por Iturbide subsecretario de estado y de relaciones exteriores. Sin embargo por desacuerdos políticos con Iturbide y con el gobierno de Anastasio Bustamante, el matrimonio fue perseguido de nueva cuenta. Por fin en 1832 los Quintana Roo, pudieron gozar de tranquilidad y bonanza. Leona murió tranquilamente en su cama; en su casa ubicada en la calle de Santo Domingo a los 53 años de edad.

Josefa Ortiz de Domínguez

Nació en Valladolid, Morelia, en el año de 1768, estudió en el colegio de san Ignacio de Loyola.

En 1791 se casó con miguel Domínguez, en ése entonces corregidor de la ciudad de Querétaro. Junto con don miguel hidalgo y costilla y el capitán Ignacio Allende organizó un grupo de conspiración para derrotar al gobierno español y promover la independencia de la nueva España.

Mujer brillante y decidida, al enterarse de que los realistas habían descubierto el lugar en donde se guardaban las armas para la rebelión que se preparaba, convenció a los insurgentes para que no esperaran hasta diciembre y adelantaran la fecha de la independencia para septiembre.

Ya su marido le había prohibido seguir frecuentando a los caudillos rebeldes, pues las autoridades habían amenazado con encarcelarla si ella seguía envuelta en conspiraciones. Desesperado al ver que no la convencía, el 14 de septiembre de 1810, don Miguel manda encerrarla en su cuarto y pone un empleado en la casa para vigilarla y llevarle sus alimentos. Mujer de recursos, a través de su ventana, doña Josefa se pone en contacto con un mensajero para que cabalgue hacia san miguel el grande, e informe al capitán Ignacio Allende, la gravedad de la situación. Éste viaja inmediatamente al pueblo de dolores y le avisa la cura hidalgo que la conspiración ha sido descubierta. La decisión es unánime: tomar las armas inmediatamente.

Poco después, doña Josefa es apresada por las autoridades españolas y permanece prisionera durante más de 3 años.

Esta gran patriota mexicana iniciadora y promotora del movimiento de independencia, muere en 1829.

Gertrudis Bocanegra

Nació el 11 de abril de 1765 en Pátzcuaro, en Michoacán. Fue hija de padres españoles, de clase media. Se casó con Pedro Advíncula de la Vega, un soldado de la tropa provincial de Michoacán.

Gertrudis Bocanegra fue lectora de los principales autores de la Ilustración, por lo que cuando estalló la guerra de independencia se adhirió a ella. Sirvió como correo de los insurgentes en la región de Pátzcuaro y Tacámbaro. Fue muy hábil al armar una red de comunicación entre las principales sedes de la rebelión independentista. Uno de sus hijos se unió a las filas de Miguel Hidalgo y Costilla al iniciar la guerra de Independencia. Tanto él como su esposo perecieron en la guerra.

En la etapa de resistencia de la guerrilla insurgente, Bocanegra fue enviada a Pátzcuaro con el propósito de ayudar a la toma de la ciudad por parte de los rebeldes. Pero fue descubierta, y luego hecha prisionera por el ejército real. Sometida a tortura para que delatara a otros participantes de la guerrilla, Bocanegra se negó siempre a dar información a los españoles. Finalmente fue enjuiciada y encontrada culpable de traición.

Fue sentenciada a muerte, sentencia que se cumplió el 11 de octubre de 1817, en la misma villa de Pátzcuaro donde nació.

sábado, 27 de febrero de 2010

Cada grito



"En cada grito de cada Hombre,
en los clamores de miedo de los niños,
en cada voz, en cada proclama,
oigo las cadenas forjadas por la mente".

William Blake

domingo, 21 de febrero de 2010

Les Luthiers



Les Luthiers son por demás de músicos, seres que alegran y cuestionan, si hay algo que aprender de ellos, es su ingenio, su alegría y solidaridad. Son muchos años de estarlos viendo y escuchando y cada vez que lo hago, el gozo llega y el andar cotidiano es ligero, que los disfruten.

FRASES INMORTALES DE LES LUTHIERS
1-El amor eterno dura aproximadamente 3 meses.
2-No te metas en el mundo de las drogas... Ya somos muchos y hay poca.
3-Todo tiempo pasado fue anterior.
4-Tener la conciencia limpia es síntoma de mala memoria.
5-El que nace pobre y feo tiene grandes posibilidades de que al crecer, desarrolle ambas condiciones.
6-Los honestos son inadaptados sociales.
7-El que quiere celeste, que mezcle azul y blanco.
8-Pez que lucha contra la corriente, muere electrocutado.
9-La esclavitud no se abolió, se cambio a 8 horas diarias.
10-Si la montaña viene hacia ti, Corre!!! Es un derrumbe!!!
11-Lo importante no es ganar, sino hacer perder al otro.
12-No soy un completo inútil... Por lo menos sirvo de mal ejemplo.
13-La droga te buelbe vruto.
14-Si no eres parte de la solución, eres parte del problema.
15-Errar es humano... pero echarle la culpa a otro es más humano todavía.
16-El que nace pa'tamal, nunca 'ta bien.
17-Lo importante no es saber, es tener el teléfono del que sabe.
18-Yo no sufro de locura... la disfruto a cada minuto.
19-De cada 10 personas que miran televisión, cinco son la mitad.
20-Es bueno dejar el trago, lo malo es no acordarse donde.
21-El dinero no hace la felicidad.... La compra hecha!!!
22-Una mujer me arrastro a la bebida... Y nunca tuve la cortesía de darle las gracias.
23-Si tu novia perjudica tu estudio, deja el estudio y perjudica a tu novia.
24-La inteligencia me persigue... pero yo soy más rapido.
25-Huye de las tentaciones... despacio, para que puedan alcanzarte. 26-La verdad absoluta no existe; y esto es absolutamente cierto.
27-Hay un mundo
mejor pero es carísimo!!
28-Ningun tonto se queja de serlo. No les debe ir tan mal.
29-Estudiar es desconfiar de la inteligencia del compañero de al lado.
30-La mujer que no tiene suerte con los hombres, no sabe la suerte que tiene.
31-No hay mujer fea, sino belleza rara.
32-La pereza es la madre de todos los vicios. Y como madre... hay que respetarla.
33-Si un pajarito te dice algo... debes estar loco pues los pájaros no hablan.
34-En cada madre hay una suegra en potencia.
35-Lo importante es el dinero, la salud va y viene.
36-Trabajar nunca mato a nadie... Pero?? Para que arriesgarse???
37-No te tomes la vida en serio, al fin y al cabo no saldrás vivo de ella.
38-Felices los que nada esperan, porque nunca serán defraudados.
39-El alcohol mata lentamente... No importa, no tengo prisa.
40-La confusión esta clarisima.
41-Matate estudiando y serás un cadáver culto.
42-Lo triste no es ir al cementerio, sino quedarse.
43-Hay dos palabras que te abrirán muchas puertas: "Tire" y "Empuje".
44-Para que tomar y manejar si puedes fumar y volar??
45-Dios mío, dame paciencia... pero dámela YAAAA!!
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Tres de Víctor Hugo

Víctor Hugo - Agust Rodin

Una de las novelas que más han marcado y sido derroteros en mi vida la escribió Víctor Hugo, desde que tenía diez años, hasta el día de hoy sigue siendo una de las pocas estrellas que guían mi navegar, yo me enamore de Cosset desde ese entonces y realmente creo que ella sigue viviendo en mi, claro, acepte a Marius, no como un contendiente, sino como una conclusión humana y lógica, con los años conocí la historia de su hija Adele Hugo, la historia de su padre, esa historia que sin tener la maestría de la pluma de Hugo, tiene la otra parte de los miserables, la del amor que duele y que desespera, por cierto existe una película El diario íntimo de Adela H, dirigida por Truffaut y actuada por la bella Isabelle Adjani.

Tambien esta el otro Hugo, aquel hombre liberal, que lucho desde la pluma y la tribuna como diputado por la libertad y la igualdad.

Hoy quiero compartirles algunas de las tres lecturas que más me han gustado de Hugo, espero las disfruten.
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Necedad de la guerra.
Estúpida Penélope, de sangre bebedora,
que arrastras á los hombres con rabia embriagadora
á la matanza loca, terrífica, fatal,
¿de qué sirves? ¡Oh guerra! si tras desdicha tanta
destruyes un tirano y un nuevo se levanta,
y á lo bestial, por siempre, reemplaza lo bestial?


Confrontaciones
¡Hablad! ¡hablad, cadáveres!
Decidme ¿quiénes son
los asesinos pérfidos
que así el puñal feroz
en vuestro seno mísero
hundieron á traición?
¿Quién eres tú? respóndeme
¿Tu nombre? —Religión.
—¿Y tu asesino? —El tímido
ministro del Señor.

¿Y á ti que, en cálida sangre,
te agitas ¿quién te hirió, quién?
¿cuál es tu nombre? —Justicia.
¿quién es tu asesino? —El Juez.

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Algo de los Miserables.

Aquella noche el obispo de D., después de dar un paseo por la ciudad, permaneció hasta bastante tarde encerrado en su cuarto. A las ocho trabajaba todavía con un voluminoso libro abierto sobre las rodillas, cuando la señora Magloire entró, según su costumbre, a sacar la plata del cajón colocado junto a la cama.
Poco después el obispo, sabiendo que su hermana lo esperaba para cenar, cerró su libro y entró en el comedor. En ese momento, la señora Magloire hablaba con singular viveza. Se refería a un asunto que le era familiar, y al cual el obispo estaba ya acostumbrado. Tratábase del cerrojo de la puerta principal.
Parece que yendo a hacer algunas compras para la cena había oído referir ciertas cosas en distintos sitios. Se hablaba de un vagabundo de mala catadura; se decía que había llegado un hombre sospechoso, que debía estar en alguna parte de la ciudad, y que podían tener un mal encuentro los que aquella noche se olvidaran de recogerse temprano y de cerrar bien sus puertas.
- Hermano, ¿oyes lo que dice la señora Magloire? -preguntó la señorita Baptistina.
- He oído vagamente algo -contestó el obispo.
Después, levantando su rostro cordial y francamente alegre, iluminado por el resplandor del fuego, añadió:
- ¡Adelante! -dijo el obispo.
(….) El obispo se volvió hacia el hombre y le dijo:
- Caballero, sentaos junto al fuego; dentro de un momento cenaremos, y mientras cenáis, se os hará la cama.
La expresión del rostro del hombre, hasta entonces sombría y dura, se cambió en estupefacción, en duda, en alegría. Comenzó a balbucear como un loco:
- ¿Es verdad? ¡Cómo! ¿Me recibís? ¿No me echáis? ¿A mí? ¿A un presidiario? ¿Y me llamáis caballero? ¿Y no me tuteáis? ¿Y no me decís: "¡sal de aquí, perro!" como acostumbran decirme? Yo creía que tampoco aquí me recibirían; por eso os dije en seguida lo que soy. ¡Oh, gracias a la buena mujer que me envió a esta casa voy a cenar y a dormir en una cama con colchones y sábanas como todo el mundo! ¡Una cama! Hace diecinueve años que no me acuesto en una cama. Sois personas muy buenas. Tengo dinero: pagaré bien. Dispensad, señor posadero: ¿cómo os llamáis? Pagaré todo lo que queráis. Sois un hombre excelente. Sois el posadero, ¿no es verdad?
- Soy -dijo el obispo- un sacerdote que vive aquí.
- ¡Un sacerdote! -dijo el hombre-. ¡Oh, un buen sacerdote! Entonces ¿no me pedís dinero? Sois el cura, ¿no es esto? ¿El cura de esta iglesia?
(…) Cada vez que pronunciaba la palabra caballero con voz dulcemente grave, se iluminaba la fisonomía del huésped. Llamar caballero a un presidiario, es dar un vaso de agua a un náufrago de la Medusa. La ignominia está sedienta de consideración.
- Esta luz alumbra muy poco -prosiguió el obispo.
La señora Magloire lo oyó; tomó de la chimenea del cuarto de Su Ilustrísima los dos candelabros de plata, y los puso encendidos en la mesa.
(…)- No tenéis que decirme quien sois. Esta no es mi casa, es la casa de Jesucristo. Esa puerta no pregunta al que entra por ella si tiene un nombre, sino si tiene algún dolor. Padecéis; tenéis hambre y sed; pues sed bien venido. No me lo agradezcáis; no me digáis que os recibo en mi casa. Aquí no está en su casa más que el que necesita asilo. Vos que pasáis por aquí, estáis en vuestra casa más que en la mía. Todo lo que hay aquí es vuestro. ¿Para qué necesito saber vuestro nombre? Además, tenéis un nombre que antes que me lo dijeseis ya lo sabía.
El hombre abrió sus ojos asombrado.
- ¿De veras? ¿Sabíais cómo me llamo?
- Sí -respondió el obispo-, ¡os llamáis mi hermano!
- ¡Ah, señor cura! -exclamó el viajero-. Antes de entrar aquí tenía mucha hambre; pero sois tan bueno, que ahora no sé lo que tengo. El hambre se me ha pasado.
El obispo lo miró y le dijo:
- ¿Habéis padecido mucho?
(…)- Caballero, voy a enseñaros vuestro cuarto.
El hombre lo siguió.
En el momento en que atravesaban el dormitorio del obispo, la señora Magloire cerraba el armario de la plata que estaba a la cabecera de la cama. Lo hacía cada noche antes de acostarse.
El obispo instaló a su huésped en la alcoba. Una cama blanca y limpia lo esperaba. El hombre puso la luz sobre una mesita.
- Bien -dijo el obispo-, que paséis buena noche. Mañana temprano, antes de partir, tomaréis una taza de leche de nuestras vacas, bien caliente.
- Gracias, señor cura -dijo el hombre.
Pero apenas hubo pronunciado estas palabras de paz, súbitamente, sin transición alguna, hizo un movimiento extraño, que hubiera helado de espanto a las dos santas mujeres si hubieran estado presente. Se volvió bruscamente hacia el anciano, cruzó los brazos, y fijando en él una mirada salvaje, exclamó con voz ronca:
- ¡Ah! ¡De modo que me alojáis en vuestra casa y tan cerca de vos!
Calló un momento, y añadió con una sonrisa que tenía algo de monstruosa:
- ¿Habéis reflexionado bien? ¿Quién os ha dicho que no soy un asesino?
El obispo respondió:
- Ese es problema de Dios.
(…) La historia es siempre la misma. Esos pobres seres, esas criaturas de Dios, sin apoyo alguno, sin guía, sin asilo, quedaron a merced de la casualidad. ¿Qué más se ha de saber? Se fueron cada uno por su lado, y se sumergieron poco a poco en esa fría bruma en que se sepultan los destinos solitarios. Apenas, durante todo el tiempo que pasó en Tolón, oyó hablar una sola vez de su hermana. Al fin del cuarto año de prisión, recibió noticias por no sé qué conducto. Alguien que los había conocido en su pueblo había visto a su hermana: estaba en París. Vivía en un miserable callejón, cerca de San Sulpicio, y tenía consigo sólo al menor de los niños. Esto fue lo que le dijeron a Jean Valjean. Nada supo después.
(…) De repente Jean Valjean se puso la gorra, pasó rápidamente a lo largo de la cama sin mirar al obispo, se dirigió al armario que estaba a la cabecera; alzó la barra de hierro como para forzar la cerradura; pero estaba puesta la llave; la abrió y lo primero que encontró fue el cestito con la platería; lo cogió, atravesó la estancia a largos pasos, sin precaución alguna y sin cuidarse ya del ruido; entró en el oratorio, cogió su palo, abrió la ventana, la saltó, guardó los cubiertos en su morral, tiró el canastillo, atravesó el jardín, saltó la tapia como un tigre y desapareció
(…)- Adelante -dijo el obispo.
Se abrió con violencia la puerta. Un extraño grupo apareció en el umbral. Tres hombres traían a otro cogido del cuello. Los tres hombres eran gendarmes. El cuarto era Jean Valjean. Un cabo que parecía dirigir el grupo se dirigió al obispo haciendo el saludo militar.
- Monseñor... -dijo.
Al oír esta palabra Jean Valjean, que estaba silencioso y parecía abatido, levantó estupefacto la cabeza.
- ¡Monseñor! -murmuró-. ¡No es el cura!
- Silencio -dijo un gendarme-. Es Su Ilustrísima el señor obispo.
Mientras tanto monseñor Bienvenido se había acercado a ellos.
- ¡Ah, habéis regresado! -dijo mirando a Jean Valjean-. Me alegro de veros. Os había dado también los candeleros, que son de plata, y os pueden valer también doscientos francos. ¿Por qué no los habéis llevado con vuestros cubiertos?
Jean Valjean abrió los ojos y miró al venerable obispo con una expresión que no podría pintar ninguna lengua humana.
- Monseñor -dijo el cabo-. ¿Es verdad entonces lo que decía este hombre? Lo encontramos como si fuera huyendo, y lo hemos detenido. Tenía esos cubiertos...
- ¿Y os ha dicho -interrumpió sonriendo el obispo- que se los había dado un hombre, un sacerdote anciano en cuya casa había pasado la noche? Ya lo veo. Y lo habéis traído acá.
- Entonces -dijo el gendarme-, ¿podemos dejarlo libre?
- Sin duda -dijo el obispo.
Los gendarmes soltaron a Jean Valjean, que retrocedió.
- ¿Es verdad que me dejáis? -dijo con voz casi inarticulada, y como si hablase en sueños.
- Sí; te dejamos, ¿no lo oyes? -dijo el gendarme.
- Amigo mío -dijo el obispo-, tomad vuestros candeleros antes de iros.
Y fue a la chimenea, cogió los dos candelabros de plata, y se los dio. Las dos mujeres lo miraban sin hablar una palabra, sin hacer un gesto, sin dirigir una mirada que pudiese distraer al obispo.
Jean Valjean, temblando de pies a cabeza, tomó los candelabros con aire distraído.
- Ahora -dijo el obispo-, id en paz. Y a propósito, cuando volváis, amigo mío, es inútil que paséis por el jardín. Podéis entrar y salir siempre por la puerta de la calle. Está cerrada sólo con el picaporte noche y día.
Después volviéndose a los gendarmes, les dijo:
- Señores, podéis retiraros.
Los gendarmes abandonaron la casa.
Parecía que Jean Valjean iba a desmayarse.
El obispo se aproximó a él, y le dijo en voz baja:
- No olvidéis nunca que me habéis prometido emplear este dinero en haceros hombre honrado.
Jean Valjean, que no recordaba haber prometido nada, lo miró alelado. El obispo continuó con solemnidad:
- Jean Valjean, hermano mío, vos no pertenecéis al mal, sino al bien. Yo compro vuestra alma; yo la libro de las negras ideas y del espíritu de perdición, y la consagro a Dios.
(…) Te lego, hija mía, los dos candelabros que están sobre la chimenea. Son de plata; mas para mí son de oro, de diamantes, y convierten las velas en cirios. No sé si el que me los dio está satisfecho de mí en el Cielo. He hecho lo que he podido
Amaos mucho, siempre. En el mundo casi no hay nada más importante que amar. Pensad alguna vez en el pobre viejo que ha muerto aquí.
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Carta que envía Víctor Hugo al Presidente de México, Benito Juárez García.

Al Presidente de la República Mexicana:
Juárez, vos habéis igualado a John Brown. La América actual tiene dos héroes: John Brown y vos, John Brown, por quien ha muerto la esclavitud; vos por quien ha vencido la libertad. México se ha salvado por un principio y por un hombre. El principio es la República; el hombre sois vos. Por otra parte, el fin de todos los atentados monárquicos es terminar en el aborto. Toda usurpación comienza por Puebla y termina en Querétaro. Europa, en 1863, se arrojó sobre América, dos Monarquías atacaron vuestra democracia; la una con un Príncipe, la otra con un ejército, el más aguerrido de los ejércitos de Europa, que tenía por punto de apoyo un flota tan poderosa en el mar como el mismo en la tierra; que tenía para respaldarlo todas las finanzas de Francia, recibiendo reemplazo sin cesar; bien comandado; victorioso en África, en Crimea, en Italia, en China, valientemente fanático de su bandera; que poseía en profusión caballos, artillería, provisiones, municiones formidables. Del otro lado, Juárez. Por una parte dos imperios, por la otra un hombre. Un hombre, con sólo un puñado de hombres. Un hombre arrojado de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, de rancho en rancho, de bosque en bosque, amenazado por la infame fusilería de los consejos de guerra, perseguido, errante, atacado en las cavernas como una bestia feroz, acosado en el desierto, proscrito. Por Generales, algunos desesperados; por soldados, algunos desnudos. Ni dinero, ni pan, ni pólvora, ni cañones. Los matorrales por ciudades. Aquí la usurpación llamándose legitimidad; allá el derecho, llamándose bandido.
La usurpación con el casco en la cabeza y la espalda imperial en la mano, saludada por los obispos, precedida delante de ella y arrastrando tras ella, todas las legiones de la fuerza, el derecho solo y desnudo. Vos, el derecho, habéis aceptado el combate. La batalla de uno, contra todos, ha durado cinco años. Falto de hombres, habéis tomado por proyectiles las cosas. El clima terrible os ha socorrido; habéis tenido por auxiliar a vuestro sol. Habéis tenido por defensores a los pantanos infranqueables, los torrentes llenos de caimanes, las marismas plenas de fiebre, las vegetaciones tupidas, el vómito negro de las tierras calientes, los desiertos salados, los grandes arenales sin agua y sin hierbas, donde los caballos mueren de sed y hambre; la grande y severa meseta del Anáhuac que, como la de Castilla, se defiende por su desnudez, las barrancas siempre conmovidas por los temblores de los volcanes, desde el Colima hasta el Nevado de Toluca. Habéis llamado en vuestro auxilio a vuestras barreras naturales: lo escabroso de las cordilleras, los altos diques basálticos y las colosales rocas de pórfido. Habéis hecho la guerra del gigante y vuestros proyectiles han sido las montañas.
Y un día, después de cinco años de humo, de polvo y de ceguera, la nube se ha disipado y entonces se han visto dos imperios caídos por tierra. Nada de Monarquía, nada de ejércitos; nada más que la inconformidad de la usurpación en ruina y sobre este horroroso derrumbamiento, un hombre de pie, Juárez y al lado de este hombre, la libertad. Vos habéis hecho todo esto, Juárez y es grande; pero o que os resta por hacer es más grande todavía.
Escuchad, ciudadano Presidente de la República Mexicana:
Acabáis de abatir las monarquías con la democracia. Les habéis demostrado su poder, ahora mostrad su belleza. Después del rayo mostrad la aurora. Al cesarismo que masacra, oponed la República que deja vivir. A las Monarquías que usurpan y exterminan oponed al pueblo que reina y se modera. A los bárbaros, mostrad la civilización. A los déspotas, mostrad los principios. Humildad a los Reyes frente al pueblo, deslumbrándolos. Vencedlos, sobre todo, por la piedad. Protegiendo al enemigo se afirman los principios. La grandeza de los principios consiste en ignorar al enemigo. Los hombres no tienen nombre frente a los principios; los hombres son el Hombre. Los principios no conocen más allá de sí mismos. El hombre en su estupidez augusta no sabe más que esto: la vida humana es inviolable. ¡Oh venerable imparcialidad de la verdad! ¡Qué bello es el derecho sin discernimiento, ocupado sólo en ser el derecho!
Precisamente delante de los que han merecido legalmente la muerte, es donde debe abjurarse de las vías de hecho. La grandiosa destrucción del cadalso debe hacerse delante de los culpables. Que el violador de los principios sea salvaguardado por un principio. Que tenga esta dicha esta vergüenza. Que el perseguidor del derecho sea protegido por el derecho. Despojándolo de la falsa inviolabilidad, la inviolabilidad real, lo ponéis delante de la verdadera inviolabilidad humana. Que se quede asombrado al ver que el lado por el cual es sagrado, es precisamente aquel por el cual no es Emperador. Que este Príncipe que no sabía que era un hombre, sepa que hay en él una miseria, el Rey; y una majestad, el hombre. Jamás se os ha presentado una ocasión más relevante. ¿Osarían golpear a Berezowski en presencia de Maximiliano sano y salvo? Uno ha querido matar a un Rey; el otro ha querido matar una Nación.
Juárez, haced que la civilización dé este paso inmenso, Juárez, abolid sobre toda la tierra la pena de muerte. Que el mundo vea esta cosa prodigiosa: la República tiene en si poder a su asesino, un Emperador; en el momento de aniquilarlo, descubre que es un hombre, lo deje en libertad y le dice: Eres del pueblo como los otros. ¡Vete!
Esta será, Juárez, vuestra segunda victoria. La primera, vencer la usurpación, es soberbia. La segunda, perdonar al usurpador, será sublime.
¡Sí, a estos Príncipes, cuyas prisiones están repletas; cuyos patíbulos están corroídos de asesinatos; a esos Príncipes de cadalsos, de exilios, de presidios, y de Siberias; a esos que tienen Polonia, a esos que tienen Irlanda, a los que tienen La Habana, a los que tiene a Creta; a estos Príncipes a quienes obedecen los jueces, a estos jueces a quienes obedecen los verdugos, a esos verdugos obedecidos por la muerte, a esos Emperadores que tan fácilmente cortan la cabeza de un hombre, mostradles cómo se perdona la cabeza de un Emperador!
Sobre todos los códigos monárquicos de donde manan las gotas de sangre, abrid la ley de la luz y, en medio de la más santa página del libro supremo, que se vea el dedo de la República señalando esta orde de Dios: Tú ya no matarás.
Estas cuatro palabras son el deber. Vos cumpliréis con ese deber.
¡El usurpador será salvado y el libertador ay, no pudo serlo! Hace ocho años, el 2 de diciembre de 1859, sin más derecho que el que tiene cualquier hombre, he tomado la palabra en nombre de la democracia y he pedido los Estado s Unidos la vida de John Brown. No la obtuve. Hoy pido a México la vida de Maximiliano. ¿La obtendré?
Sí, y quizá a esta hora esté ya concedida. Maximiliano deberá la vida a Juárez.
¿Y el castigo?, preguntarán. El castigo, helo aquí:
Maximiliano vivirá “por la gracia de la república”.
Hauteville House, 20 de junio de 1967.

Una bandera, un hombre 24 de febrero

Nuestro primer simbolo de identidad y pertenencia a la nación mexicana
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El 24 de febrero se celebra el día de la bandera, celebración del calendario cívico y que como muchas llenas de ritos y ortodoxia como las festividades religiosas y es que la nación, cualquiera para existir requiere de ciertos elementos que le den identidad y pertenencia, para los antiguos romanos eran sus águilas, baste recordar el episodio en las Galias en el cual los Galos roban el águila de Cesar a su querida XIII legión, nuestro país no esta exento de estas cosas, sin embargo cada vez son menos importantes, se sustituyen por nuevos mitos, valores distintos, sin embargo no deja de ser un hecho que la bandera es uno de los símbolos que nos dan identidad.
Hoy deseo comentarles lo que hace años leí en los Apuntes para la historia de la guerra con los Estados Unidos de Ramón Alcaraz, Alejo Barreiro, José́ María Castillo, Félix María Escalante, José́ María Iglesias, Manuel Muñoz, Ramón Ortiz, Manuel Payno, Guillermo Prieto, Ignacio Ramírez, Napoleón Saborío, Francisco Schiafino, Francisco Segura, Pablo María Torrescano, Francisco Urquidi, (editado en la tipográfica de Manuel Payno en 1848), ellos, testigos y actores de la guerra nos dan una idea bastante exacta de la batalla a que aquí ahora me refiero; pero mis impresiones personales hacen que reaparezcan en este momento a mi presencia, Margarito Suazo, sobre todo porque este hombre, mexicano común y corriente se enredo en la bandera para evitar que cayera en manos de los invasores y depredadores, por eso creo que para pensar en nuestra bandera lo hagamos desde lo que ha significado para este pueblo, para este país.

León, alto de cuerpo, muy trigueño, recio de carnes, serio al extremo, se siente herido, lo disimula, y cuando cae se anima, levanta la voz y vitorea a México: le conducen en una camilla, y habla de que le hagan pronto la curación para volver al combate.

Balderas, arrastrándose con la espada en alto, alienta a sus soldados, desangrándose hasta caer en los brazos de su hijo Antonio. ¡Qué escena de dolor! partía el alma: el padre, moribundo, entero y valiente, el hijo trémulo, anegado en llanto, tratando de hacer su voz serena. Fue conducido a una choza cerca de la iglesita de Chapultepec, donde expiró.

La historia de Arrivillaga tiene para mí algo de curioso.

Arrivillaga era un relojero feicito, fofo de carnes, de ojo travieso, boca risueña; el chico más alegre, servicial y honrado que pueda imaginarse.
Tan pronto confeccionaba una chicha sabrosísima, como alistaba
una caja de música, ayudaba a adornar una mesa, un salón de baile o un altar de Viernes de Dolores.

Frecuentaba una tertulia de personas apreciabilísimas, a que concurrían, entre otros, Balderas y Manuel Balbontín, modelo de caballeros y patriotas. En esa tertulia llamaban a Arrivillaga el chato, unas veces, y otras, el capitán, alusión a un noble mastín así nombrado, pero que no tenía dientes, y esto se refería a la dulzura de carácter y a lo inofensivo de Arrivillaga. Éste se aficionó apasionadamente a Balderas, y cuando el general marchó para el Molino del Rey, se declaró su compañero, su asistente, sus pies y sus manos, como suele decirse. Balderas cuidaba de no exponerlo a peligro alguno. El chato guardaba del equipaje, disponía la comida, velaba por el orden, tenía listas las armas y el caballo del jefe, y se hacía querer de todos por su generosidad y finura.

Al empeñarse la batalla del Molino, seguía ansioso al jefe: cuando fue herido estuvo a su lado al caer; arrojó las ropas y medicinas que tenía en las manos; recogió una espada de un muerto, la empuñó, e incontenible, frenético, sublime de coraje y bravura, se puso al frente de un grupo de valientes, y embistió al enemigo; tan grande, tan ardiente y tan irresistible, que restableció el orden de la batalla, y acribillado de heridas, verificó su transformación en héroe de aquella gloriosa jornada. Arrivillaga murió de relojero de Palacio, y dejó un hijo, digno heredero del nombre de su padre.

Margarito Suazo era un artesano humildísimo, que se hizo querer en su Cuerpo de Mina por su subordinación y bondad, y así se le nombró abanderado.

El día de la acción, Margarito se excedió en el cumplimiento del deber. Atropellado por un gran número y hecho una criba a bayonetazos, quedó por muerto, asido a su bandera. Sintiendo que moría, se incorporó, se despojó de su ropa, enredó su bandera a su cuerpo que chorreaba sangre y expiró.

Pero a más de Gelati, de Colombris y de Norris, el héroe de aquella jornada fue Echegaray

domingo, 14 de febrero de 2010

Troya III



CANTO TERCERO:
Donde se cuenta de cómo la vida de los hombres y de las mujeres están en manos de los Dioses y de sus pin…torescos caprichos.

Las naves seguían cruzando el mar, faltaba poco para llegar a la tierra de París y de su padre Príamo, de su hermano Héctor, el cuidador de caballos, así que mientras la flota llega a las playas de Ilión Homero cuenta que… Hace muchos, muchos años, en un lugar de la…, perdón, esa es otra historia, de un hijo muy grandote, el Que Hijote, antes de que la bronca y el escándalo llenara las páginas de sociales y fuera noticia lo de París (no Hiltón por favor, aunque es igual de escandalosa la nota), durante la boda de Tetis (si, si estaba así) y Peleo (madre y padre de Aquiles), en esas estaban cuando aparece Eris, la que estaba erizada de los pelos por qué no la habían invitado a la boda, ella que era la envidia lanzó una manzana (a ver que les recuerda) y las Diosas toman la manzana, pero estaba encantada por la envidia, por eso las Diosas (bueno, solo tres) ya en un estado que vaya usté a saber, pero bastantes pasaditas de copas (de esas vidrio o de plata u oro llenas de alcohol con Ambrosía, no las otras -34D desparramado o 18B apenitas, etc.), se pusieron a discutir cual era la más güena de todas, decía Atenea que era ella, Venus que como todos se enamoraban de ella, pues era la mejor y Hera, la esposa de Zeus que aquí se amuelan (bueno, lo dijo de otra manera, pero no se puede repetir aquí) porque ella era la primera Diosa, así que fueron a preguntarle al padre Zeus (padre por la cantidad de hijos que tenía el canijo enfermito) ¡cual era la más hermosa? Y él como todo poderoso, sencillamente les dijo que todas y los demás Dioses y otros invitados (claro, los que se mantenían en pie, los demás ya estaban bajo las mesas) prudente y sabiamente, también le sacaron al parche y se rajaron, asi que decidieron que fuera un mortal y buscaron, encontrando a Paris el cual en ese tiempo trabajaba en una cosa así como central obrera, cuidando borregos, era pastor (no, nunca fue presidente de la República ni le gustaban las Margaritas), porque su hermana Casandra había profetizado al nacer este, que el destruiría Toya, la colonia, por eso su padre Príamo le arrebato a Hécuba su madre al pequeño Paris y lo mando al cerro con un verdugo, quien no lo mato, un pastor lo vio y se llevo, por eso era un pastor.

Todos los Dioses decidieron que él fuera el juez del certamen Miss Olimpo, cada una de las Diosas se le apareció y le prometió cosas, Atenea sabiduría, inteligencia y bueno, ni siquiera un bailecito ni nada bueno, pues esta primera opción no lo convenció, Hera le dijo que lo haría Rey, pero el que había leído el Hola no le agrado mucho la idea, así que se quedo sin esta opción y por último, Afrodita (Venus) quien le dijo que le daría la vieja (no se dice gine) más buena del mundo y este París que era bien hot pos luego, luego le dijo ya vas, pero quiero verla, así que en un espejo de agua de un pozo al asomarse distinguió a Helenita, la cual estaba aliñándose mirándose en el agua de un remanso (remanso, conste) de un rio al fijarse observo un galán (más guapote que el Brad Pitt) y se enamoro de él.
Así fue todo, por una manzana.
Seguiremos informando.

Troya II



CANTO SEGUNDO:
Con música del Juanga y letra del silabario (¿verdad que si suena re raro?) de Armando Manzanero o de donde se habla de lo que aquí se dice y nada más.

La flota logra zarpar de Aulide, después de haberle dado a Calcas (mejor conocido como el clon o el copiado) a la infortunada Ifigenia (después en Tauride, entre tantos bueyes, ceno y ceno tanto que se hizo senadora), Eolo por ordenes de Artemisa soplo (no, no se soplo a Artemisa) y las velas se hincharon (de ahí la expresión popular, “hasta que se me hinchen l..as.. velas” o lo que se deba de hinchar, por eso son los Hinchas) y partieron, si él y el otro y todos partieron (o sea, estaban listos para írsela a partir)

Mientras tanto, Homero, que todo veía (no se sabe cómo le hacía) escribía su relato (no, tampoco nadie sabe como escribía, ha de ser porque entonces todavía no existía la escritura, pero en fin) cuenta que la flota ( sea todos los cuates) se hizo (a la mar, conste se hizo a la mar, como la víbora, víbora de lamar, creo que por que estaba bien lamadita) era la flota más grande que jamás se había juntado, todos los guerreros de la Guerrero, los de el lejano oriente (Iztapalapa y Netzahualcoyotl), los del norte (de la GAM) y así, de cada punto cardinal habían venido guiados por sus reyes para cumplir con el pacto que estos habían asistido a una comida organizada por el papá de Helenita, y de quien se cuenta en los lavaderos que “Zeus, metamorfoseado (¿a verdad, esa si no se la sabían?) en un cisne, sedujo a Leda y yació con ella la misma noche que Tindáreo (así se dice), esposo de Leda y rey de Esparta. Como consecuencia de ello, Leda puso dos huevos (no, no fue el derecho y el izquierdo, sino el primero y el segundo); de uno nacieron Helena y Pólux, ambos inmortales (considerados hijos de Zeus), y del otro Clitemnestra y Cástor, mortales (considerados hijos de Tindáreo). De todas maneras, se consideraba a Cástor y Pólux como gemelos y se los conocía como Dioscuros (eran un poco opacos los tipos)”.

Para esto Helenita era la mujer más buena (de noble alma y corazón y también del otro) de la tierra y ahí se decidiría quien se la co…nquistaba pa´casarse con ella, así que para que no hubiera broncas, Ulises (alias Odiseo) propone que se la rifen (a Helenita) y que los que no se la saquen (es que así eran los Aqueos o Griegos, por cualquier cosita ya se la andaban sacando) en caso de que hubiese alguien que le pusiera los cuernos al ganador del volado todos se unirían como coconos (totoles, está bien, como guajolotes o pavos) parir (para ir) a echarle bronca y partirle su mandarina en gajitos al que se la quiera bajar al campión (si, campión sin corona, como el Pedrito), el ganador fue Menelao (en la versión moderna aparece como Menéalo), hermano (carnalito, pues) de Tin Tan, perdón de Agamenón, el más picudo y broncudo de toda la flota (la que se había hecho –a la mar-) y que se caso con su hermana (la de Helenita), Cliptemsestra, madre de Ifigenia, Electra y Orestes.
Por eso cuando París le llega a Helenita y se fugan (verdad que se vuelve bien emocionante) después de decirle que aquí esta su rhin cromado, y ella responderle que Menéalo era (y cito a Gloria Trevi quien las recupera para la posteridad) “como unas papas sin cátsup”.

jueves, 11 de febrero de 2010

El espiritu del tiempo

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“Y dónde estabas tú cuando yo cree el universo”

Respuesta a Job.

Aveces pienso que somos como hojas que son llevadas por el viento, pasamos por tantos lugares, vemos tanto y entonces nos damos cuenta que todo cambio, que es posible volver a florecer.

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miércoles, 10 de febrero de 2010

El amor se vende o se siente ¿ambas...?




“El amor, como ciego que es, impide a los amantes ver las divertidas tonterías que cometen”.
William Shakespeare

“El hombre en su esencia no debe ser esclavo, ni de si mismo ni de los otros, sino un amante. Su único fin está en el amor”.
Rabindranath Tagore

“Esta zona fronteriza entre soledad y compañía, he podido cruzarla rarísimas veces, e incluso puedo decir que me he afincado en ella más que en 1a misma soledad”
Franz Kafka, Diarios (1914-1923)

“No harás nada sin la compañía de los otros. La soledad es horrible”
Cit. por M. Brod, Kafka, p. 72).


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El 14 de febrero es ya una costumbre (comercial) el festejarlo, día dedicado al amor y a la amistad, es oportunidad de demostrar cuanto amamos, como amamos, es tiempo de obsequios que se enclaustran en las paredes de un centro comercial, de decir te quiero con las manos portando obsequios, más el amor romántico o el amor caballeresco han sido suplantados por el slogan y la voracidad.

Creo que una de las cosas más difíciles de explicar es el amor, como este se viste de tantas maneras, tiene tantos rostros, que no existe definición alguna que sea satisfactoria a todos.

Les comparto dos partes de dos textos, uno de Octavio Paz que esta en “Un sistema solar” dentro del libro “La llama doble” y otro más viejo, escrito hace 2200 años aproximadamente por Platón “El banquete”, ambos textos se refieren al amor, a ese sentimiento que ha atravesado la vida de todos y cada uno de los humanos que han vivido, vivimos y vivirán en este, nuestro planeta, sentimiento que concilia y une, que rompe y devasta, sentimiento que trasciende nuestros linderos personales para pernear la vida en todas sus formas.

Lo que es cierto a fin de cuentas que lo mejor que a cualquiera puede sucederle en la vida es enamorarse y ser correspondido, lo segundo mejor es enamorarse, ambos valen la pena.

El primer video es de Maevola leyendo "Te quiero" de Benedetti, el segundo es "la negra" con Pablo Milanes.

Con AMOR
Carpe Diem
R. Alejandro Muñoz Bravo

ooOOoo

Un sistema solar.

Octavio Paz

La sexualidad es animal; el erotismo es humano. Es un fenómeno que se manifiesta dentro de una sociedad y que consiste, esencialmente, en desviar o cambiar el impulso sexual reproductor y transformarlo en una representación. El amor, a su vez, también es ceremonia y representación pero es algo más: una purificación, como decían los provenzales, que transforma al sujeto y al objeto del encuentro erótico en personas únicas. El amor es la metáfora final de la sexualidad. Su piedra de fundación es la libertad: el misterio de la persona.

No hay amor sin erotismo como no hay erotismo sin sexualidad. Pero la cadena se rompe en sentido inverso: amor sin erotismo no es amor y erotismo sin sexo es impensable e imposible. Cierto, a veces es difícil distinguir entre amor y erotismo
Es más fácil distinguir entre el amor y los otros afectos menos empapados de sexualidad. Se dice que amamos a nuestra patria, a nuestra religión, a nuestro partido, a ciertos principios e ideas. Es claro que en ninguno de estos casos se trata de lo que llamamos amor; en todos ellos falta el elemento erótico, la atracción hacia un cuerpo. Se ama a una persona, no a una abstracción. También se emplea la palabra amor para designar el afecto que profesamos a la gente de nuestra sangre: padres, hijos, hermanos y otros parientes. En esta relación no aparece ninguno de los elementos de la pasión amorosa: el descubrimiento de la persona amada, generalmente desconocida; la atracción física y espiritual; el obstáculo que se interpone entre los amantes; la búsqueda de la reciprocidad; en fin, el acto de elegir una persona entre todas las que nos rodean.

…El amor humano es la unión de dos seres sujetos al tiempo y a sus accidentes: el cambio, las pasiones, la enfermedad, la muerte. Aunque no nos salva del tiempo, lo entreabre para que, en un relámpago, aparezca su naturaleza contradictoria, esa vivacidad que sin cesar se anula y renace y que, siempre y al mismo tiempo, es ahora y es nunca. Por esto, todo amor, incluso el más feliz, es trágico.

Se ha comparado muchas veces a la amistad con el amor; en ocasiones como pasiones complementarias y en otras, las más, como opuestas. Si se omite el elemento carnal, físico, los parecidos entre amor y amistad son obvios. Ambos son afectos elegidos libremente, no impuestos por la ley o la costumbre, y ambos son relaciones interpersonales. Somos amigos de una persona, no de una multitud; a nadie se le puede llamar, sin irrisión, 'amigo del género humano'. La elección y la exclusividad son condiciones que la amistad comparte con el amor. En cambio, podemos estar enamorados de una persona que no nos ame pero la amistad sin reciprocidad es imposible. Otra diferencia: la amistad no nace de la vista, como el amor, sino de un sentimiento más complejo: la afinidad en las ideas, los sentimientos o las inclinaciones. En el comienzo del amor hay sorpresa, el descubrimiento de otra persona a la que nada nos une excepto una indefinible atracción física y espiritual; esa persona, incluso, puede ser extranjera y venir de otro mundo. La amistad nace de la comunidad y de la coincidencia en las ideas, en los sentimientos o en los intereses. La simpatía es el resultado de esta afinidad; el trato refina y transforma a la simpatía en amistad. El amor nace de un flechazo; la amistad del intercambio frecuente y prolongado. El amor es instantáneo; la amistad requiere tiempo.

…El amor está compuesto de contrarios pero que no pueden separarse y que viven sin cesar en lucha y reunión con ellos mismos y con los otros. Estos contrarios, como si fuesen los planetas del extraño sistema solar de las pasiones, giran en torno a un sol único. este sol también es doble: la pareja. Continua transmutación de cada elemento: la libertad escoge servidumbre, la fatalidad se transforma en elección voluntaria, el alma es cuerpo y el cuerpo es alma. Amamos a un ser mortal como si fuese inmortal. Lope lo dijo mejor: a lo que es temporal llamamos eterno. Sí, somos mortales, somos hijos del tiempo y nadie se salva de la muerte. No sólo sabemos que vamos a morir sino que la persona que amamos también morirá. Somos juguetes del tiempo y sus accidentes: la enfermedad y la vejez, que desfiguran al cuerpo y extravían al alma. Pero el amor es una de las respuestas que el hombre ha inventado para mirar de frente a la muerte. Por el amor le robamos al tiempo que nos mata unas cuantas horas que transformamos a veces en paraíso y otras en infierno. De ambas maneras el tiempo se distiende y deja de ser una medida.

“Más allá de la felicidad e infelicidad, aunque sean las dos cosas, el amor no nos regala la eternidad sino la vivacidad, ese minuto en el que se entreabren las puertas del tiempo y del espacio: aquí es allá y ahora es siempre. En el amor todo es dos y todo tiende a ser uno”.
Octavio Paz

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El banquete o del amor

Platón

»En otro tiempo la naturaleza humana era muy diferente de lo que es hoy. Primero había tres clases de hombres: los dos sexos que hoy existen, y uno tercero compuesto de estos dos, el cual ha desaparecido conservándose sólo el nombre. Este animal formaba una especie particular, y se llamaba andrógino, porque reunía el sexo masculino y el femenino; pero ya no existe y su nombre está en descrédito. En segundo lugar, todos los hombres tenían formas redondas, la espalda y los costados colocados en círculo, cuatro brazos, cuatro piernas, dos fisonomías, unidas a un cuello circular y perfectamente semejantes, una sola cabeza, que reunía estos dos semblantes opuestos entre sí, dos orejas, dos órganos de la generación, y todo lo demás en esta misma proporción. Marchaban rectos como nosotros, y sin tener necesidad de volverse para tomar el camino que querían. Cuando deseaban caminar ligeros, se apoyaban sucesivamente sobre sus ocho miembros, y avanzaban con rapidez mediante un movimiento circular, como los que hacen la rueda con los pies al aire. La diferencia, que se encuentra entre estas tres especies de hombres, nace de la que hay entre sus principios. El sol produce el sexo masculino, la tierra el femenino, y la luna el compuesto de ambos, que participa de la tierra y del sol. De estos principios recibieron su forma y su manera de moverse, que es esférica. Los cuerpos eran robustos y vigorosos y de corazón animoso, y por esto concibieron la atrevida idea de escalar el cielo, y combatir con los dioses, como dice Homero de Efialtes y de Oto. Júpiter examinó con los dioses el partido que debía tomarse. El negocio no carecía de dificultad; los dioses no querían anonadar a los hombres, [como en otro tiempo a los gigantes, fulminando contra ellos sus rayos, porque entonces desaparecerían el culto y los sacrificios que los hombres les ofrecían; pero, por otra parte, no podían sufrir semejante insolencia. En fin, después de largas reflexiones, Júpiter se expresó en estos términos: Creo haber encontrado un medio de conservar los hombres y hacerlos más circunspectos, y consiste en disminuir sus fuerzas. Los separaré en dos; así se harán débiles y tendremos otra ventaja, que será la de aumentar el número de los que nos sirvan; marcharán rectos sosteniéndose en dos piernas sólo, y si después de este castigo conservan su impía audacia y no quieren permanecer en reposo, los dividiré de nuevo, y se verán precisados a marchar sobre un solo pié, como los que bailan sobre odres en la fiesta de Caco.

»Después de esta declaración, el dios hizo la separación que acababa de resolver, y la hizo lo mismo que cuando se cortan huevos para salarlos, o como cuando con un cabello se los divide en dos partes iguales. En seguida mandó a Apolo que curase las heridas y colocase el semblante y la mitad del cuello del lado donde se había hecho la separación, a fin de que la vista de este castigo los hiciese más modestos. Apolo puso el semblante del lado indicado, y reuniendo los cortes de la piel sobre lo que hoy se llama vientre, los cosió a manera de una bolsa que se cierra, no dejando más que una abertura en el centro, que se llama ombligo. En cuanto a los otros pliegues, que eran numerosos, los pulió, y arregló el pecho con un instrumento semejante a aquel de que se sirven los zapateros para suavizar la piel de los zapatos sobre la horma, y sólo dejó algunos pliegues sobre el vientre y el ombligo, como en recuerdo del antiguo castigo. Hecha esta división, cada mitad hacia esfuerzos para encontrar la otra mitad de que había sido separada; y cuando se encontraban ambas, se abrazaban y se unían, llevadas del deseo de entrar en su antigua unidad, con un ardor tal, que abrazadas perecían de hambre e inacción, no queriendo hacer nada la una sin la otra. Cuando la una de las dos mitades perecía, la que sobrevivía buscaba otra, a la que se unía de nuevo, ya fuese la mitad de una mujer entera, lo que ahora llamamos una mujer, ya fuese una mitad de hombre; y de esta manera la raza iba extinguiéndose. Júpiter, movido a compasión, imagina otro expediente: pone delante los órganos de la generación, por que antes estaban detrás, y se concebía y se derramaba el semen, no el uno en el otro, sino en tierra como las cigarras. Júpiter puso los órganos en la parte anterior y de esta manera la concepción se hace mediante la unión del varón y la hembra. Entonces, si se verificaba la unión del hombre y la mujer, el fruto de la misma eran los hijos; y si el varón se unía al varón, la saciedad los separaba bien pronto y los restituía a sus trabajos y demás cuidados de la vida. De aquí procede el amor que tenemos naturalmente los unos a los otros; el nos recuerda nuestra naturaleza primitiva y hace esfuerzos para reunir las dos mitades y para restablecernos en nuestra antigua perfección. Cada uno de nosotros no es más que una mitad de hombre, que ha sido separada de su todo, como se divide una hoja en dos. Estas mitades buscan siempre sus mitades. Los hombres que provienen de la separación de estos seres compuestos, que se llaman andróginos, aman las mujeres; y la mayor parte de los adúlteros pertenecen a esta especie, así como también las mujeres que aman a los hombres y violan las leyes del himeneo. Pero a las mujeres, que provienen de la separación de las mujeres primitivas, no llaman la atención los hombres y se inclinan más a las mujeres; a esta especie pertenecen las tribactes. Del mismo modo los hombres, que provienen de la separación de los hombres primitivos, buscan el sexo masculino. Mientras son jóvenes aman a los hombres; se complacen en dormir con ellos y estar en sus brazos; son los primeros entre los adolescentes y los adultos, como que son de una naturaleza mucho más varonil. Sin razón se les echa en cara que viven sin pudor, porque no es la falta de este lo que les hace obrar así, sino que dotados de alma fuerte, valor varonil y carácter viril, buscan sus semejantes; y lo prueba que con el tiempo son más aptos que los demás para servir al Estado. Hechos hombres a su vez aman los jóvenes, y si se casan y tienen familia, no es porque la naturaleza los incline a ello, sino porque la ley los obliga. Lo que prefieren es pasar la vida los unos con los otros en el celibato. El único objeto de los hombres de este carácter, amen o sean amados, es reunirse a quienes se les asemeja. Cuando el que ama a los jóvenes o a cualquier otro llega a encontrar su mitad, la simpatía, la amistad, el amor los une de una manera tan maravillosa, que no quieren en ningún concepto separarse ni por un momento. Estos mismos hombres, que pasan toda la vida juntos, no pueden decir lo que quieren el uno del otro, porque si encuentran tanto gusto en vivir de esta suerte, no es de creer que sea la causa de esto el placer de los sentidos. Evidentemente su alma desea otra cosa, que ella no puede expresar, pero que adivina y da a entender. Y si cuando están el uno en brazos del otro, Vulcano se apareciese con los instrumentos de su arte, y les dijese: '¡Oh hombres!, ¿qué es lo que os exigís recíprocamente?', y si viéndoles perplejos, continuase interpelándoles de esta manera: 'lo que queréis, ¿no es estar de tal manera unidos, que ni de día ni de noche estéis el uno sin el otro? Si es esto lo que deseáis, voy a fundiros y mezclaros de tal manera, que no seréis ya dos personas, sino una sola; y que mientras viváis, viváis una vida común como una sola persona, y que cuando hayáis muerto, en la muerte misma os reunáis de manera que no seáis dos personas sino una sola. Ved ahora si es esto lo que deseáis, y si esto os puede hacer completamente felices. Es bien seguro, que si Vulcano les dirigiera este discurso, ninguno de ellos negaría, ni respondería, que deseaba otra cosa, persuadido de que el dios acababa de expresar lo que en todos los momentos estaba en el fondo de su alma; esto es, el deseo de estar unido y confundido con el objeto amado, hasta no formar más que un solo ser con él. La causa de esto es que nuestra naturaleza primitiva era una, y que éramos un todo completo, y se da el nombre de amor al deseo y prosecución de este antiguo estado. Primitivamente, como he dicho, nosotros éramos uno; pero después en castigo de nuestra iniquidad nos separó Júpiter, como los arcadios lo fueron por los lacedemonios. Debemos procurar no cometer ninguna falta contra los dioses, por temor de exponernos a una segunda división, y no ser como las figuras presentadas de perfil en los bajorrelieves, que no tienen más que medio semblante, o como los dados cortados en dos. Es preciso que todos nos exhortemos mutuamente a honrar a los dioses, para evitar un nuevo castigo, y volver a nuestra unidad primitiva bajo los auspicios y la dirección del Amor. Que nadie se ponga en guerra con el Amor, porque ponerse en guerra con él es atraerse el odio de los dioses. Tratemos, pues, de merecer la benevolencia y el favor de este dios, y nos proporcionará la otra mitad de nosotros mismos, felicidad que alcanzan muy pocos. Que Eriximaco no critique estas últimas palabras, como si hicieran alusión a Pausanias y a Agaton, porque quizá estos son de este pequeño número, y pertenecen ambos a la naturaleza masculina. Sea lo que quiera, estoy seguro de que todos seremos dichosos, hombres y mujeres, si, gracias al Amor, encontramos cada uno nuestra mitad, y si volvemos a la unidad de nuestra naturaleza primitiva. Ahora bien, si este antiguo estado era el mejor, necesariamente tiene que ser también mejor el que más se le aproxime en este mundo, que es el de poseer a la persona que se ama según se desea. Si debemos alabar al dios que nos procura esta felicidad, alabemos al Amor, que no sólo nos sirve mucho en esta vida, procurándonos lo que nos conviene, sino también porque nos da poderosos motivos para esperar, que si cumplimos fielmente con los deberes para con los dioses, nos restituirá él a nuestra primera naturaleza después de esta vida, curará nuestras debilidades y nos dará la felicidad en toda su pureza. He aquí, Eriximaco, mi discurso sobre el Amor. Difiere del tuyo, pero te conjuro a que no te burles, para que podamos oír los de los otros dos, porque aún no han hablado Agaton y Sócrates.»


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domingo, 7 de febrero de 2010

Cinco de febrero y si algo cambio ¿que fue?


San Felipe de Jesus, Anónimo, último tercio del siglo XVII
Madera tallada, estofada y policromada, 135 x 110 cm
Capilla de San Felipe de Jesus



Es curioso como algunas fechas son importantes en la vida, muchas veces en fechas similares suele haber sucesos en ellas, una y otra vez, en México el cinco de febrero es una de esas fechas.

San Felipe de Jesús es el primer Santo mexicano de la Iglesia Católica, bautizado como Felipe de las Casas, hijo de españoles, nació en la Ciudad de México el 5 de febrero de 1572. Fue beatificado, junto con sus compañeros el 14 de septiembre de 1627 y canonizado el 8 de junio de 1862.

Durante el virreinato, esta fecha era importante para los criollos, ya que significaba que el mártir criollo era argumento para la identidad y fortaleza de estos españoles de segunda clase, su festividad adquiere entonces matices políticos, por ello algunos historiadores creen (y yo entre ellos) que la fecha para la promulgación de la constitución de 1857 utiliza el sentido patriótico del festejo del entonces beato.

El valor político de San Felipe de Jesús, está demostrado cuando es canonizado en 1862, coincidiendo con la derrota de los franceses en Puebla, había que demostrar a los liberales que Dios no estaba con ellos, aunque claro, si con los invasores.
En el caso de la de 1917 es más claro, Carranza desea que coincidan las fechas de la promulgación de ambas constituciones, ya no era por Felipe de Jesús, sino por demostrar que era liberal y legitimaba su presencia así como la de la revolución (de hecho, esta última no lo necesita, el pueblo no requiere jamás justificar su lucha por la libertad y la justicia).

Antecentes

Las Siete Leyes Constitucionales, 1835-1836
En enero de 1835, con Santa Anna en la presidencia por segunda ocasión, el Congreso, de mayoría conservadora centralista, inició la elaboración de las Bases para una nueva Constitución, conocida como Las Siete Leyes, que pondría fin al sistema federal. La primera ley se promulgó el diciembre de 1835, la segunda en abril de 1836y las restantes en diciembre de ese año.
Con este ordenamiento se dividía al país en departamentos, éstos en distritos y los distritos en partidos. Entre otras disposiciones, fijó el periodo presidencial en ocho años y estableció un Supremo Poder Conservador, sólo responsable ante Dios, con atribuciones para declarar nulidad de una ley o decreto , la incapacidad física o moral del presidente de la República, y la clausura del Congreso.
Algo sobre la Constitución de 1857

El 5 de febrero de 1857, fue aprobada y jurada la nueva constitución por el congreso constituyente y el presidente Ignacio Comonfort.

"Los derechos del hombre son la base y el objeto de las instituciones sociales", señala la Constitución, y entre sus preceptos resaltan el mantenimiento del federalismo, la abolición de la esclavitud, las libertades de trabajo, de propiedad, de expresión de ideas, de imprenta, de asociación, de petición y de comercio. Igualmente, se establece que son ciudadanos con derecho a voto todos los mexicanos varones que hayan cumplido 18 años si son casados y 21 si no lo son.

La nueva Carta Magna no logró estabilizar al país. El propio Comonfort la desconoció unos meses después de su promulgación, al sumarse a la rebelión de Ignacio Zuloaga, dar un golpe de Estado y encarcelar a varios ciudadanos, entre ellos a Benito Juárez, entonces presidente de la Suprema Corte de Justicia y a quien legalmente le correspondía la Presidencia en un caso como éste.

La rebelión derivó en la llamada Guerra de Tres años o Guerra de Reforma, entre los conservadores que desconocían la constitución y los liberales que la defendían. A la postre, los liberales, encabezados por Benito Juárez, triunfaron. En el curso mismo de la guerra, se emitieron una serie de ordenamientos conocidos como Leyes de Reforma, entre las que destacan las que establecen la separación entre la Iglesia y el Estado.

La Constitución de 1857 fue, de hecho, elemento fundamental en la defensa nacional ante la invasión francesa y el imperio de Maximiliano de Habsburgo. Tuvo vigencia plenamente tras la expulsión de los extranjeros y permaneció en vigor hasta 1917.





Algo sobre la Constitución de 1917

La nueva Constitución incluía una gran parte de los ordenamientos de la de 1857, especialmente lo referente a los derechos humanos, ya como "garantías individuales". La forma de gobierno siguió siendo republicana, representativa, demócrata y federal; se refrendó la división de poderes en Ejecutivo, Judicial y Legislativo, si bien este último dejó de ser unicameral para dividirse en cámaras de Diputados y Senadores.

Se ratificó el sistema de elecciones directas y se decretó la no reelección, suprimiendo la vicepresidencia y dando mayor autonomía al Poder Judicial y más soberanía a los estados. En este marco se creó el municipio libre, y se estableció un ordenamiento agrario en el país relativo a la propiedad de la tierra.
La constitución vigente determina la libertad de culto, la enseñanza laica y gratuita y la jornada de trabajo máxima de 8 horas, y reconoce como libertades de expresión y asociación de los trabajadores.

Esta constitución ha experimentado múltiples modificaciones a fin de responder a los cambios políticos y sociales de nuestro país; entre ellas son particularmente importantes las referidas a la organización electoral, ya que permiten un mejor ejercicio del sistema democrático que la propia ley fundamental consagra.

En ese ámbito son significativas las reformas de 1953, en que se otorgó derecho de voto a las mujeres, y de 1969, en que se concedió la ciudadanía a todos los mexicanos mayores de 18 años, así como las sucesivas reformas electorales de 1977, 1986, 1989, 1990, 1993, 1994, y 1996 destinadas a garantizar elecciones plenamente legales, limpias, imparciales y respetuosas de la voluntad popular.

Algunas anécdotas de los constituyentes en Quéretaro.

En la sesión del 13 de diciembre de 1916, presidida por el Gral. Cándido Aguilar, fue verdaderamente apasionada, porque pusieron a debate el artículo tercero. Fue una de las contadas en que estuvo presente D. Venustiano Carranza, Primer Jefe del Ejército Constitucionalista.
La comisión dictaminadora estuvo formada por el Gral. Francisco J. Múgica, Alberto Román, Enrique Recio y Enrique Colunga. En su dictamen desechaban el proyecto enviado por Carranza, mismo que mencionaba la libertad de enseñanza y educación laica.
Durante la sesión los constituyentes hicieron uso desde la broma pesada hasta la injuria. Ya pasaban de las nueve de la noche sin concluir en nada, por lo que fue suspendida y citados para el día 14 a las cuatro de la tarde.
Ese día, luego de elegir al Lic. Luis Manuel Rojas retomaron el artículo en cuestión. Volvieron a caldearse los ánimos. Tomó la palabra el Ing. Félix F. Palavicini; en su discurso sostuvo el laicismo, pero no jacobino, pues sostuvo la realidad del catolicismo mexicano.
Señaló el peligro escondido de los protestantes norteamericanos para "la evangelización de la República Mexicana y que es un aspecto de la conquista". Esto levantó muchos aplausos. Continuó señalando el peligro que había en que la educación fuese a dar a manos de quienes tuviesen corona, sotana o anillo episcopal, pero a aquellos que sin usar estos adminículos se infiltraban en todos los establecimientos escolares, denunciando que había en nuestro país muchos mentores protestantes que escondía su creencia en un revolucionarismo radical. Casi al final preguntó: "¿Creen Uds. Sres. Diputados que admitamos nosotros los liberales, al Sr. Mora y del Río (entonces Arzobispo de México), como director general de educación en la ciudad de México?
Saltó de su asiento el Gral. Múgica y a la vez que movía los brazos en sentido negativo decía: "¡Ni con gorro frigio"!"
Luego de aplaudirle siguió un silencio imponente, en tanto que Palavicini concluyó: "Bien, Sr. Gral. Múgica; el Director General de Educación en México es un ministro protestante".
Luego de salir del estupor, Múgica dijo haber firmado el nombramiento en cuestión porque ignoraba que lo fuese, y que del mismo modo podía firmar el de Mora y del Río: "...si deja esa cosa, sayal, no sé cómo se llama" y se disfrazaba como los protestantes, con traje civil, lo que ocasionó sonora carcajada.
¡Qué momentos!; eran necesarios, pues las sesiones no fueron tan agradables como algunos piensan; cierto que no todas fueron borrascosas. Es de recordar a aquellos que plasmaron el sentir del pueblo mexicano en letras con discursos tan diferentes: Múgica de corte anticlerical, Palavicini, fuego en su palabra, en tanto que Truchuelo aburría por su extensión.
Ya entrados en gastos con aquello del barullo desatado por los distintos pareceres, referiré otra, ocurrida ésta en la cuarta sesión, donde se puso a discusión algo realmente importante, trascendental para los ahí reunidos -y que acaso esto lo tenga como base el Lic. Marcelo Ebrart, por aquello de las disposiciones elevadas a rango de ley-; me refiero a la posibilidad de fumar durante las sesiones, pues habían adoptado el reglamento del Congreso de la Unión y en éste se estipulaba la prohibición, de manera que resultaba pertinente desahogar tal cuestión.
Los constituyentes eran revolucionarios; a muchos les "olían a pólvora los bigotes" y como es de esperarse, protestaron. D. José Reynoso dijo que era una verdadera infamia tenerlos tanto tiempo allí sin fumar, a lo que le respondió D. Manuel Amaya, quien presidía la sesión: "Así lo ordena la Ley. Soy gran fumador y aquí me tienen, igual que Uds."
Reynoso, molesto, le dijo que muchos abandonarían el salón para salir a fumar; D. Manuel le replicó que no lo permitiría.
Terció Palavicini insistiendo en que para conservar el quórum resultaba preciso ignorar tal prohibición, además que la actitud del presidente exageraba el cumplimiento de la ley, pues estaba a punto de convertirse en un "dómine", ya que de allí al ridículo quedaba un paso, muy pequeño.
El Sr. Amaya insistió en hacer respetar la ley, y él primero que todos, por lo que soportaría toda la responsabilidad y las furias de los integrantes y no se fumaría.
Siguió el desarrollo de la sesión. Pasó una hora, dos. Más de uno estaba desesperado por fumar, pero ni a escondidas, pues D. Manuel estaba muy atento de cumplir lo dispuesto. Se mantenía firme, aun frente a los generales diputados... en fin, la mayoría tenía razones para fumar.
En un momento dado, en que todos discutían, D. Manuel Amaya, se levantó y paso a paso, como tanteando que nadie lo viera, se encaminó a la puerta; con todo, Félix Palavicini se dio cuenta, por lo que llamó a gritos la atención de los reunidos, señalándolo: "Lo ve usted, es el primero que se ausenta para ir a fumar".
Todos se pusieron de pie, alborotaron protestando lo ocurrido. El Sr. Amaya, al darse percatarse que había sido descubierto hizo un ademán d enojo y mirando a todos aquellos que pedían su regreso les dijo tranquilamente: "No voy a fumar, voy a mear".
La carcajada fue general, el interfecto acudió presto a donde se dirigía, volvió raudo y la tensión del momento quedó en calma.
De todos es sabido que los mejores tratos se desarrollan no en el recinto parlamentario, sino en una buena comida, o ante una taza de café y, ya encarrerados, ante una copa de cogñac (tan apreciado por nuestros héroes revolucionarios, según constaba en la casa de la Coronela)
Nuestra Constitución no salió de la regla. Había dos bares muy conocidos por los constituyentes -algunos fueron abiertos ex profeso-: el Cosmos y El Puerto de Mazatlán. Justamente en este último discutieron bastante los términos en que había de quedar el Art. 27º Constitucional. Ante esa copa que lo mismo genera pasión que diluye sombras, los diputados aclararon su pensamiento para plasmar el derecho a la tierra. No fueron pocas las horas que emplearon para ello, ni menos las botellas que vaciaron. Finalizaron hacia las dos de la madrugada. Ya puestos de acuerdo se dieron cuenta de que el Sr. Arvizu tenía muy buen rato de haberse marchado a su casa, por lo que decidieron ir por él.
Llegaron y luego de llamar a la puerta varias veces, asomó el calígrafo. Le indicaron el motivo por el que lo requerían, a lo que les pedió aguardar que se hiciese de día para ver mejor, además de que estaba todavía cansado de esperar su decisión. No valieron sus excusas; le indicaron que iba de grado o lo llevarían a rastras, pero que debía acudir en ese momento, pues más de uno temía algún cambio de parecer. Finalmente, mal vestido e inquieto por las miradas que lo obligaban a salir, acudió, tomó asiento y escribió el texto recientemente aprobado.
El día 4 de febrero, por la tarde, los diputados en pleno juraron guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Al día siguiente, de mañana, D. Venustiano Carranza hizo lo propio, aunque ya no ante tantos diputados, pues varios de ellos se habían marchado a casa. Acto seguido las autoridades salieron con el texto que había sido impreso previamente, pues conforme aprobaban artículos, el texto era trasladado a la imprenta para que fuesen formando galeras, de manera que a la madrugada del día cinco ya estaba en formato grande, tal cual vemos en el Museo de Historia de Querétaro. Como decía, se trasladaron al kiosco del jardín Zenea y le dieron lectura, lo que les tomó hora y media.





CONSTITUCIÓN FEDERAL DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS, SANCIONADA Y JURADA POR EL CONGRESO GENERAL CONSTITUYENTE, EL DÍA 5 DE FEBRERO DE 1857 IGNACIO COMONFORT, Presidente sustituto de la República Mexicana, a los habitantes de ella, sabed:

Que el Congreso extraordinario constituyente ha decretado lo que sigue:
En el nombre de Dios y con la autoridad del pueblo mexicano.

Los representantes de los diferentes Estados, del Distrito y Territorios que componen la República de México, llamados por el plan proclamado en Ayutla el 1 de Marzo de 1854, reformado en Acapulco el día 11 del mismo mes y año, y por la convocatoria expedida el 17 de Octubre de 1855, para constituir a la nación bajo la forma de República democrática, representativa, popular, poniendo en ejercicio los poderes con que están investidos, cumplen con su alto encargo decretando la siguiente

CONSTITUCIÓN política de la República Mexicana, sobre la indestructible base de su legítima independencia, proclamada el día 16 de Setiembre de 1810 y consumada el 27 de Setiembre de 1821

Título I
Sección I. De los derechos del hombre
Artículo 1.- El pueblo mexicano reconoce, que los derechos del hombre son la base y el objeto de las instituciones sociales. En consecuencia, declara que todas las leyes y todas las autoridades del país deben respetar y sostener las garantías que otorga la presente Constitución.
Artículo 2.- En la República todos nacen libres. Los esclavos que pisen el territorio nacional, recobran, por ese solo hecho, su libertad, y tienen derecho a la protección de las leyes.
Artículo 3.- La enseñanza es libre. La ley determinará qué profesiones necesitan título para su ejercicio, y con qué requisitos se deben expedir.
Artículo 4.- Todo hombre es libre para abrazar la profesión, industria o trabajo que le acomode, siendo útil y honesto, y para aprovecharse de sus productos. Ni uno ni otro se le podrá impedir, sino por sentencia judicial cuando ataque los derechos de tercero, o por resolución gubernativa dictada en los términos que marque la ley, cuando ofenda los de la sociedad.
Artículo 5.- Nadie puede ser obligado a prestar trabajos personales, sin la justa retribución y sin su pleno consentimiento. La ley no puede autorizar ningún contrato que tenga por objeto la pérdida, o el irrevocable sacrificio de la libertad del hombre, ya sea por causa de trabajo, de educación o de voto religioso. Tampoco puede autorizar convenios en que el hombre pacte su proscripción o destierro.
Artículo 6.- La manifestación de las ideas no puede ser objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque la moral, los derechos de tercero, provoque algún crimen o delito, o perturbe el orden público.
Artículo 7.- Es inviolable la libertad de escribir y publicar escritos sobre cualquiera materia. Ninguna ley ni autoridad puede establecer la previa censura ni exigir fianza a los autores o impresores, ni coartar la libertad de imprenta, que no tiene mas límite que el respeto a la vida privada, a la moral y a la paz pública. Los delitos de imprenta serán juzgados por un jurado que califique el hecho, y por otro que aplique la ley y designe la pena.
Artículo 8.- Es inviolable el derecho de petición ejercido por escrito, de una manera pacífica y respetuosa; pero en materias políticas solo pueden ejercerlo los ciudadanos de la República. A toda petición debe recaer un acuerdo escrito de la autoridad a quien se haya dirigido, y ésta tiene obligación de hacer conocer el resultado al peticionario.
Artículo 9.- A nadie se le puede coartar el derecho de asociarse o de reunirse pacíficamente con cualquier objeto lícito; pero solamente los ciudadanos de la República pueden hacerlo para tomar parte en los asuntos políticos del país. Ninguna reunión armada tiene derecho de deliberar.
Artículo 10.- Todo hombre tiene derecho de poseer y portar armas para su seguridad y legítima defensa. La ley señalará cuáles son las prohibidas y las penas en que incurren los que las portaren.
Artículo 11.- Todo hombre tiene derecho para entrar y salir de la República, viajar por su territorio y mudar de residencia, sin necesidad de carta de seguridad, pasaporte, salvoconducto u otro requisito semejante. El ejercicio de este derecho no perjudica las legítimas facultades de la autoridad judicial o administrativa, en los casos de responsabilidad criminal o civil.
Artículo 12.- No hay ni se reconocen en la República, títulos de nobleza, ni prerrogativas, ni honores hereditarios. Solo el pueblo, legítimamente representado, puede decretar recompensas en honor de los que hayan prestado o prestaren servicios eminentes a la patria o a la humanidad.



Dada en el salón de sesiones del Congreso, en México a cinco de Febrero de mil ochocientos cincuenta y siete, trigésimo séptimo de la Independencia.- Valentín Gómez Farías, diputado por el Estado de Jalisco, presidente.- León Guzmán, diputado por el Estado de México, vice-presidente.- Por el Estado de Aguascalientes: Manuel Buenrostro.- Por el Estado de Chiapas: Francisco Robles, Matías Castellanos.- Por el Estado de Chihuahua: José Eligio Muñoz, Pedro Ignacio Irigoyen.- Por el Estado de Coahuila: Simón de la Garza y Melo.- Por el Estado de Durango: Marcelino Castañeda, Francisco Zarco.- Por el Distrito federal: Francisco de Paula Zendejas, José María del Río, Ponciano Arriaga, J: M: del Castillo Velasco, Manuel Morales Puente.- Por el Estado de Guanajuato: Ignacio Sierra, Antonio Lemus, José de la Luz Rosas, Juan Morales, Antonio Aguado, Francisco P. Montáñez, Francisco Guerrero, Blas Balcárcel.- Por el Estado de Guerrero: Francisco Ibarra.- Por el Estado de Jalisco: Espiridión Moreno, Mariano Torres Aranda, Jesús Anaya y Hermosillo, Albino Aranda, Ignacio Luis Vallarta, Benito Gómez Farías, Jesús D. Rojas, Ignacio Ochoa Sánchez, Guillermo Langlois, Joaquín M. Degollado.- Por el Estado de México: Antonio Escudero, José L. Revilla, Julián Estrada, I. de la Peña y Barragán, Estevan Páez, Rafael María Villagrán, Francisco Fernández de Alfaro, Justino Fernández, Eulogio Barrera, Manuel Romero Rubio, Manuel de la Peña y Ramírez, Manuel Fernando Soto.- Por el Estado de Michoacán: Santos Degollado, Sabas Itúrbide, Francisco G. Anaya, Ramón I. Alcaraz, Francisco Díaz Barriga, Luis Gutiérrez Correa, Mariano Ramírez, Mateo Echaiz.- Por el Estado de Nuevo León: Manuel P. de Llano.- Por el Estado de Oajaca: Mariano Zavala, G. Larrazábal, Ignacio Mariscal, Juan Nepomuceno Cequeda, Félix Romero, Manuel E. Goytia.- Por el Estado de Puebla: Miguel María Arrioja, Fernando María Ortega, Guillermo Prieto, J. Mariano Viadas, Francisco Banuet, Manuel M. Bargas, Francisco Lazo Estrada, Juan N. Ibarra, Juan N. de la Parra.- Por el Estado de Querétaro: Ignacio Reyes.- Por el Estado de San Luis Potosí: Francisco J. Villalobos, Pablo Téllez.- Por el Estado de Sinaloa: Ignacio Ramírez.- Por el Estado de Sonora: Benito Quintana.- Por el Estado de Tabasco: Gregorio Payró.- Por el Estado de Tamaulipas: Luis García de Arellano.- Por el Estado de Tlaxcala: José Mariano Sánchez.- Por el Estado de Veracruz: José de Empáran, José María Mata, Rafael González Páez, Mariano Vega.- Por el Estado de Yucatán: Benito Quijano, Francisco Iniestra, Pedro de Baranda, Pedro Contreras Elizalde.- Por el Territorio de Tehuantepec: Joaquín García Granados.- Por el Estado de Zacatecas: Miguel Auza, Agustín López de Nava, Basilio Pérez Gallardo.- Por el Territorio de la Baja-California: Mateo Ramírez.- José María Cortés y Esparza, Por el Estado de Guanajuato, diputado secretario.- Isidoro Olvera, por el Estado de México, diputado secretario.- Juan de Dios Arias, Por el Estado de Puebla, diputado secretario.- J. A. Gamboa, por el Estado de Oajaca, diputado secretario.
Por tanto, mando se imprima, publique, circule y se le dé el debido cumplimiento, en los términos que ella prescribe. Palacio del Gobierno nacional en México, Febrero doce de mil ochocientos cincuenta y siete.- IGNACIO COMONFORT.- Al ciudadano Ignacio de la Llave, secretario de Estado y del Despacho de Gobernación».
Y lo comunico a V. para su aplicación y cumplimiento.
Dios y libertad. México, 12 de febrero de 1857.