martes, 19 de noviembre de 2013

A UN POETA MUERTO - Luis Cernuda




Alguna vez leí, que poco antes de que asesinaran a Federico García Lorca, este al estar en el lugar, miro al cielo y dijo a voz en cuello "¡¡¡¿Mi luna, donde está mi luna?!!!, poco después sólo se escucharon las descargas que le robaron la vida más no el alma ni la luna.

Alejandro.


Así como en la roca nunca vemos 
La clara flor abrirse,
Entre un pueblo hosco y duro
No brilla hermosamente
El fresco y alto ornato de la vida.
Por esto te mataron, porque eras
Verdor en nuestra tierra árida
Y azul en nuestro oscuro aire. 

Leve es la parte de la vida 
Que como dioses rescatan los poetas.
El odio y destrucción perduran siempre
Sordamente en la entraña
Toda hiel sempiterna del español terrible,
Que acecha lo cimero
Con su piedra en la mano.

Triste sino nacer 
Con algún don ilustre
Aquí, donde los hombres
En su miseria sólo saben
El insulto, la mofa, el recelo profundo
Ante aquel que ilumina las palabras opacas
Por el oculto fuego originario.

La sal de nuestro mundo eras, 
Vivo estabas como un rayo de sol,
Y ya es tan sólo tu recuerdo
Quien yerra y pasa, acariciando
El muro de los cuerpos
Con el dejo de las adormideras
Que nuestros predecesores ingirieron
A orillas del olvido.

Si tu ángel acude a la memoria,
Sombras son estos hombres
Que aún palpitan tras las malezas de la tierra;
La muerte se diría
Más viva que la vida
Porque tú estás con ella,
Pasado el arco de tu vasto imperio,
Poblándola de pájaros y hojas
Con tu gracia y tu juventud incomparables.

Aquí la primavera luce ahora. 
Mira los radiantes mancebos
Que vivo tanto amaste
Efímeros pasar junto al fulgor del mar.
Desnudos cuerpos bellos que se llevan
Tras de sí los deseos
Con su exquisita forma, y sólo encierran
Amargo zumo, que no alberga su espíritu
Un destello de amor ni de alto pensamiento.

Igual todo prosigue, 
Como entonces, tan mágico,
Que parece imposible
La sombra en que has caído.
Mas un inmenso afán oculto advierte
Que su ignoto aguijón tan sólo puede
Aplacarse en nosotros con la muerte,
Como el afán del agua,
A quien no basta esculpirse en las olas,
Sino perderse anónima
En los limbos del mar.

Pero antes no sabías 
La realidad más honda de este mundo:
El odio, el triste odio de los hombres,
Que en ti señalar quiso
Por el acero horrible su victoria,
Con tu angustia postrera
Bajo la luz tranquila de Granada,
Distante entre cipreses y laureles,
Y entre tus propias gentes
Y por las mismas manos
Que un día servilmente te halagaran.

Para el poeta la muerte es la victoria; 
Un viento demoníaco le impulsa por la vida,
Y si una fuerza ciega
Sin comprensión de amor
Transforma por un crimen
A ti, cantor, en héroe,
Contempla en cambio, hermano,
Cómo entre la tristeza y el desdén
Un poder más magnánimo permite a tus amigos
En un rincón pudrirse libremente.

Tenga tu sombra paz, 
Busque otros valles,
Un río donde del viento
Se lleve los sonidos entre juncos
Y lirios y el encanto
Tan viejo de las aguas elocuentes,
En donde el eco como la gloria humana ruede,
Como ella de remoto,
Ajeno como ella y tan estéril.

Halle tu gran afán enajenado 
El puro amor de un dios adolescente
Entre el verdor de las rosas eternas;
Porque este ansia divina, perdida aquí en la tierra,
Tras de tanto dolor y dejamiento,
Con su propia grandeza nos advierte
De alguna mente creadora inmensa,
Que concibe al poeta cual lengua de su gloria
Y luego le consuela a través de la muerte.

Como leve sonido: 
hoja que roza un vidrio,
agua que acaricia unas guijas,
lluvia que besa una frente juvenil;

Como rápida caricia: 
pie desnudo sobre el camino,
dedos que ensayan el primer amor,
sábanas tibias sobre el cuerpo solitario;

Como fugaz deseo: 
seda brillante en la luz,
esbelto adolescente entrevisto,
lágrimas por ser más que un hombre;

Como esta vida que no es mía
y sin embargo es la mía,
como este afán sin nombre
que no me pertenece y sin embargo soy yo;

Como todo aquello que de cerca o de lejos 
me roza, me besa, me hiere,
tu presencia está conmigo fuera y dentro,
es mi vida misma y no es mi vida,
así como una hoja y otra hoja
son la apariencia del viento que las lleva.

Como una vela sobre el mar 
resume ese azulado afán que se levanta
hasta las estrellas futuras,
hecho escala de olas
por donde pies divinos descienden al abismo,
también tu forma misma,
ángel, demonio, sueño de un amor soñado,
resume en mí un afán que en otro tiempo levantaba
hasta las nubes sus olas melancólicas.

Sintiendo todavía los pulsos de ese afán, 
yo, el más enamorado,
en las orillas del amor,
sin que una luz me vea
definitivamente muerto o vivo,
contemplo sus olas y quisiera anegarme,
deseando perdidamente
descender, como los ángeles aquellos por la escala de espuma,
hasta el fondo del mismo amor que ningún hombre ha visto.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Romance de la gentil dama y el rústico pastor



Quizá alguna vez, en algún tiempo, en algún lugar encontraremos el futuro, porque sabes, cuando pienso en el cielo me imagino la muerte es sólo una puerta que cuando se abre hay otra puerta detrás de ella, pero si he e imaginar el cielo, veo una puerta abierta te miro a ti entrando por ella….

Alejandro.

Romance de la gentil dama y el rústico pastor
Anónimo, Siglo XV

Estase la gentil dama
paseando en su vergel,
los pies tenía descalzos,
que era maravilla ver;
desde lejos me llamara,
no le quise responder.

Respondile con gran saña:
-¿Qué mandáis, gentil mujer?
Con una voz amorosa
comenzó de responder:
-Ven acá, el pastorcico,
si quieres tomar placer;
siesta es del mediodía,
que ya es hora de comer,
si querrás tomar posada
todo es a tu placer.

-Que no era tiempo, señora,
que me haya de detener,
que tengo mujer y hijos,
y casa de mantener,
y mi ganado en la sierra,
que se me iba a perder,
y aquellos que me lo guardan
no tenían qué comer.

-Vete con Dios, pastorcillo,
no te sabes entender,
hermosuras de mi cuerpo
yo te las hiciera ver:
delgadica en la cintura,
blanca soy como el papel,
la color tengo mezclada
como rosa en el rosel,
el cuello tengo de garza,
los ojos de un esparver,
las teticas agudicas,
que el brial quieren romper,
pues lo que tengo encubierto
maravilla es de lo ver.

-Ni aunque más tengáis, señora,

no me puedo detener.


sábado, 2 de noviembre de 2013

Dia de muertos Ofrenda


¡caer, volver, soñarme y que me sueñen
otros ojos futuros, otra vida,
otras nubes, morirme de otra muerte!
—esta noche me basta, y este instante
que no acaba de abrirse y revelarme
dónde estuve, quién fui, cómo te llamas,
cómo me llamo yo:

—no pasa nada, sólo un parpadeo
del sol, un movimiento apenas, nada,
no hay redención, no vuelve atrás el tiempo,
los muerto están fijos en su muerte
y no pueden morirse de otra muerte,
intocables, clavados en su gesto,
desde su soledad, desde su muerte
sin remedio nos miran sin mirarnos,
su muerte ya es la estatua de su vida,
un siempre estar ya nada para siempre,
cada minuto es nada para siempre,
un rey fantasma rige sus latidos
y tu gesto final, tu dura máscara
labra sobre tu rostro cambiante:
el monumento somos de una vida
ajena y no vivida, apenas nuestra,

Piedra del Sol, Octavio Paz

La muerte, dice el Eclesiastés que para todo hay un tiempo, hoy es mi tiempo, abro la biblia al azar y leo: Jueces 6:23 “Paz a ti, no tengas temor, no morirás

He andado, he caminado por muchos caminos, he visto y conocido personas, lugares que la gran mayoría no imaginan, he compartido la mesa con los desheredados y con los poderosos, he vivido, confieso que he vivido.
 
Hoy aquí, la muerte antigua llega, ya no hay tzompantli, ni Xipe Totec cubre la vida con piel nueva, el canto, el viejo canto ya no se escucha.

Llego una muerte vestida de monje con mastines y espadas, lebreles que destazaban los sueños de los niños.

Pero después de todo, con alegría y con ironía, aquí estamos, aquí seguimos, colocando la ofrenda para que los ancestros vengan, compartan con nosotros, que sepan que no los hemos olvidado, que nosotros sepamos que están aquí para que nosotros existamos.

Nadie fue ayer ni va hoy,
ni irá mañana hacia
Dios por este mismo camino que yo voy.

Nosotros no hemos visto todavía
los ojos de una estrella
León Felipe, Poemas menores (extracto)
 
Por eso, hoy dejo aquí mi ofrenda a los ancestros, a los suyos, a los míos, a los nuestros, su mezcal, sus cigarros, su mole y tortillas, arroz, sus tamales, dulce de calabaza y las calaveritas de azúcar.

Esta ofrenda para que puedan verla, la dejo construida en dos films, en uno es un juego de ajedrez entre la muerte y el caballero recién llegado de tierra santa, de las cruzadas en una Europa cubierta por la plaga, es de Bergman y resulta que es mi película favorita y que curiosamente es de mi edad.

La segunda es como la muerte puede gratificar pero siempre llega, aunque sea a través de dones que no sepamos usar. Es un filme de Roberto Gavaldon, sucede durante la colonia, en esta Nueva España, es de 1956 y la fotografía es del esplendido Gabriel Figeroa.

El Séptimo sello

Macario

viernes, 1 de noviembre de 2013

Día de muertos, La Petite Morte



Para todas aquellas mujeres conocen la Petit Morte y que por ello hacen que la vida y la carne sean el principio del placer y de la muerte.

En México algo que es conocido prácticamente en todo el mundo es la celebración del Día de Muertos, es algo de que se conoce mucho, pues ha sido objeto de todo tipo de agresiones publicitarias, literarias, etc. Aunque debo reconocer que en algunos casos no fueron agresiones, fueron obras de arte, genuina expresión plástica y humana.

Por mi parte, no he podido excluirme, así que en estos años he escrito para estas fechas algunas cosas que van desde sus orígenes, sincretismos, modernización, turismo hasta el día de brujas y el comercio.


La muerte tiene muchas caras, voces, tiempos, dice el Eclesiastés que “Hay un tiempo para nacer y hay un tiempo para morir”, la vida no es más que un latido en el cosmos, algo al parecer insignificante y tan solo por el hecho de ser es valiosa e importante, la muerte es el emprender el camino al origen, pero hacerlo como dice Cavafis en Ítaca ”Más no hagas con prisas tu camino; / mejor será que dure muchos años, / y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla, / rico de cuanto habrás ganado en el camino”

La muerte ha sido objeto de adoración y de desprecio, de orgullo y de terror, la muerte es lo único que es cierto, verdadero y absoluto en la vida humana.

Hoy deseo hablar de una de las muchas caras que tiene la muerte, la del gozo, la del deseo, la del placer, hoy la Catrina desnuda, con carne nueva vuelve a surgir en un segundo, en un placer, en un deseo, en la petite morte.
…que han visto cuando por accidente
caen sin tener salvación
en el placer de la pequeña muerte
desangrándose de pasión?
 
La petite morte, la muerte pequeña, descripción que los francés hicieron de uno de los momentos más importantes, del principio del gozo y del placer.
 
La pequeña muerte (Petite mort)
No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele.
E. Galeano.

Es ese momento en que la vida se va y regresa, ese estado de éxtasis y violencia, es como la creación en si misma, un estallido único de colores, formas, sonidos, es sentir el alma a flor de piel.

La pequeña muerte, un momento, tan solo eso, un momento y todo está ahí, el alfa y el omega.

Es tu carne y la mía fundiéndose, muriendo por un momento y sumándonos al principio del cosmos.
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Haz como si nunca hubiéramos sido, finge que lo bueno no lo fue tanto. Despójame de toda importancia en los rincones de tu mente y tus momentos a solas. No sangres, no te vaya a doler demasiado, o demasiado poco... Ansía el momento de borrar todas mis palabras a media voz en tu oído... Que no se te ocurra gritar mi nombre, ni si quiera cuando llueva demasiado...

Vete corriendo, lejos de mi casa, que tú camino y el mío sean encuentros casi imposibles...
Que no pueda verte, que no pueda oírte. Que el silencio no rompa mi ropa en esta cama llena de desconocidos.
Tú y yo nunca existimos, ¿para que conocernos...? Tú y yo ya nos olvidamos una vez...
Cosas que nunca quisimos.
Pasan. Las horas pasan. Los días, crueles nos roban el tiempo y nos dejan indefensos y débiles.
Los mismos lugares, idénticos... Tan comunes y familiares que ahora se me hacen más extraños que nunca.
Las hojas salpican las tardes y las calles vacías se llenan de individuos grises que se llevan nuestra infancia.
Señores con sombrero, señores que se toman licencias poéticas para destrozarnos la vida y la infancia...
Derechos pocos, memoria toda la imaginable...
Que me devuelvan mi inocencia...

Del Blog: "La petite morte" http://lapetitemort.blogspot.mx/

La petit norte es recuperar la voz del cuerpo, hacer del deseo el poema, es agradecer el cuerpo, el gozo y el placer.

2 de noviembre, día de muertos en México, 2013

jueves, 10 de octubre de 2013

12 de octubre un año más...


Para nosotros, en esta América tan nuestra y tan distante, una figura abre la historia del Nuevo Mundo, el Almirante de la Mar Océano, Don Cristóbal Colón, nacido en algún lado y enterrado (se supone) en algún otro, de hecho nadie se ha puesto de acuerdo, hay quien dice que era judío o pirata o acaso un noble venido a menos, eso no importa, el señor es quien por designios divinos Descubre un continente habitado por millones de personas que si sabían que ellos vivían ahí, aunque el resto del mundo no lo supiera.

Todo, según se cuenta fue entre la noche del 11 y la madrugada del 12 de octubre de 1492 y que quien grito tierra fue Rodrigo de Triana (y que al parecer su nombre real era Juan Rodríguez Bermejo).
 
El buen Almirante inicio lo que hasta el día de hoy vivimos, este continente ha sido saqueado, violado, humillado, asesinado, traicionado, ha ardido en la hoguera, sentenciado al paredón, también llegó un dios y una religión que por alguna razón esta religión y Dios eran tan poderosos como sus armas y por tanto eran mejor que los nuestros, Ah! y unos reyes que nunca se dignaron a venir, con excepción de Portugal, que Napoleón lo convenció de mudar residencia, idiomas que por la misma razón que su dios, su religión y su rey es mejor que el nuestro, y que decir de la ley y la justicia que por la misma razón resulto ser mejor que cualquiera de las de este continente, siempre se ha usado el mismo argumento, el del fusil y siempre hemos pagado el mismo precio, la carne y la sangre.

Ah! y claro, los "indios" fueron sometidos por que ellos así lo quisieron, por que siempre se leían en latín "LOS REQUERIMIENTOS" y que en su último párrafo dicen: "Y si así no lo hicieseis o en ello maliciosamente pusieseis dilación, os certifico que con la ayuda de Dios, nosotros entraremos poderosamente contra vosotros, y os haremos guerra por todas las partes y maneras que pudiéramos, y os sujetaremos al yugo y obediencia de la Iglesia y de sus Majestades, y tomaremos vuestras personas y de vuestras mujeres e hijos y los haremos esclavos, y como tales los venderemos y dispondremos de ellos como sus Majestades mandaren, y os tomaremos vuestros bienes, y os haremos todos los males y daños que pudiéramos, como a vasallos que no obedecen ni quieren recibir a su señor y le resisten y contradicen; y protestamos que las muertes y daños que de ello se siguiesen sea a vuestra culpa y no de sus Majestades, ni nuestra, ni de estos caballeros que con nosotros vienen." lo pueden encontrar en lo que el año anterior escribí: http://alejandro-ellugardetodos.blogspot.mx/2012/10/12-de-octubre-los-requerimientos-los.html 

Así llegamos a el siglo XIX y fue al inicio de esa centuria cuando se inicia la independencia de las colonias americanas de Europa (algunas antes, otros después), ah!, pero que equivocados estábamos, en el norte del continente hasta ya entrado el siglo XX siguieron despojando, matando, mintiendo, en el resto, sencillamente fuimos marginados, empobrecidos, mutilados, en fin, puro gatopardismo (Si queremos que todo siga como esta, es necesario que todo cambie, de la obra El gatopardo donde Tancredi le dice a su tío Fabrizio esa frase, la obra es de Guiseppe Tomasi de Lampedusa)
 
Así que este doce de octubre en España es el Día de la Hispanidad, para los españoles, distribuidos como Dios manda en españoles de primera, segunda tercera y demás categorías, sobre todo en aquellos viejos y dolorosos años; en México es el día de la Raza, así, aunque sea de recuerdito, pa´no olvidar, en EUA, ellos que son los “Americanos” (y de pilón varios estúpidos se lo creen, América prácticamente colinda con los dos extremos polares del mundo y con los océanos Pacifico y Atlántico a todo lo largo de ambos, no es solo geografía, es dignidad) es el día de Colón y así sucesivamente, la realidad es que no sé qué celebramos, los millones de muertes, las miles de violaciones, los esclavos traídos desde el África, el saqueo que hizo de Europa lo que es (y siempre es saludable pensar ¿Qué es?)

Cuenta Fray Bartolome de las Casas que estas palabras fueron dichas por Hatuey, cacique indio de la isla la Española.:
"Este es el Dios que los españoles adoran. Por estos pelean y matan; por estos es que nos persiguen y es por ello que tenemos que tirarlos al mar... Nos dicen, estos tiranos, que adoran a un Dios de paz e igualdad, pero usurpan nuestras tierras y nos hacen sus esclavos. Ellos nos hablan de un alma inmortal y de sus recompensas y castigos eternos, pero roban nuestras pertenencias, seducen a nuestras mujeres, violan a nuestras hijas. Incapaces de igualarnos en valor, estos cobardes se cubren con hierro que nuestras armas no pueden craquear."

En el año del señor de 1512 a 20 años del arribo del Almirante de la Mar Oceano, el cacique Tahino de la isla La Española Hatuey fue condenado a la hoguera, castigo reservado a los más viles criminales. Pero cuando estaba a punto de ser quemado, al preguntársele si quería convertirse en cristiano para subir al cielo preguntó:
"¿Y los cristianos también van al cielo?"
y al recibir una afirmación dijo luego el cacique, sin más pensar, que:
"No quiero yo ir allá, sino al infierno, por no estar donde estén y por no ver tan cruel gente. "2

Bueno, les dejo un breve texto que encontré en la revista Letras Libres “Colón, el descubriento”, Por Brenda Lozano – Revista Letras Libres, junio 2006 y el texto del Diario de A bordo del Almirante de la Mar océano.

Colón, el descubriento
 Supongamos que en una avenida se rinde homenaje a todos los descubridores. Digamos que el monumento estelar está dedicado a Colón. Fijemos la mirada en tamaño retoño, que, como todo prócer que posa para el escultor, merece una placa con alguna de sus frases célebres. ¿Cuál? Suspendamos aquí las palabras, Colón no dijo nada memorable. Nadie cita al navegante en medio de un aprieto, pero no empujemos a nuestro protagónico a tan soporífera escena. Todo héroe debe tener su frase célebre y si no, se antoja, como gustaba a Ibargüengoitia, especularla. Indaguemos en los retratos escritos. No cabría plantar en este texto un árbol genealógico de Cristóbal Colón, ni echarse un clavado a las minucias de sus viajes. Pero tres detalles, tres naves, flotan entre sus cartas y biografías. Su Niña: Colón gozaba de una destacable fama de hipocondríaco, sufría frecuentes achaques que repiten tanto Bartolomé de las Casas como su hijo Hernando, y él se encargaba de hacer saber el estado de sus dolencias en sus misivas, de modo que una opción sería: “Caray, mañana será un mejor día.” Su Pinta: Un aspecto menos ilustrado de Colón, y raro en la España del Descubrimiento, era su afición de librero. Anotaba y dibujaba los márgenes de sus ejemplares, dejando rastro para identificar esta rarísima característica, hasta la fecha, que es ser un comprador de libros. Una posible inscripción para la placa del lector: “Caray, ayer fue mejor que hoy.” Su Santa María: Era un hombre de agradables conversaciones, buen sentido del humor, y suponemos que llegó a repetir el mismo chiste una y otra vez como si esa frase fuera un náufrago en la isla del humor, así que podríamos revelar una broma de categoría repetitiva, la nuestra, para que nuestros congéneres crean que la hemos tomado prestada.

Digamos, también, que hay otros monumentos. Por ejemplo, el del hombre que descubre su calvicie luego de observar la coladera del baño y notar que su cabellera cabalga por las tuberías. Su placa: “¿Por qué querrían recordarme por mi melena?” Y conformémonos con un solo hombre que descubre el restaurante donde sirven los mejores y más barrocos emparedados, en el que con letras doradas brillaría la frase de su encuentro: “Los muchachos de la oficina no creerán lo estupendo de estos emparedados.” Suspendamos aquí para enmarcar el segundo del descubrimiento: la frase es necesaria para ordenar el caos de la eureka. En este paseo por la avenida que no existe, se antoja congelar todas las frases por igual, pues quizá las palabras que despiertan un descubrimiento, menor o mayor, son el inicio de toda narración.
 
Diario de abordo del primer viaje del almirante Cristóbal Colón

Jueves, 11 de Otubre, 1492.

Navegó al Güesudueste. Tuvieron mucha mar, más que en todo el viaje avían tenido. Vieron pardelas y un junco verde junto a la nao. Vieron los de la caravela Pinta una caña y un palo, y tomaron otro palillo labrado a lo que parecía con hierro, y un pedaço de caña y otra yerva que nace en tierra y una tablilla. Los de la caravela Niña también vieron otras señales de tierra y un palillo cargado d'escaramojos. Con estas señales respiraron y alegráronse todos. Anduvieron en este día, hasta puesto el sol, 27 leguas. Después del sol puesto, navegó a su primer camino al Güeste. Andarían doze millas cada ora, y hasta dos oras después de media noche andarían 90 millas, que son 22 leguas y media. Y porque la caravela Pinta era más velera e iva delante del Almirante, halló tierra y hizo las señas qu'el Almirante avía mandado. Esta tierra vido primero un marinero que se dezía Rodrigo de Triana puesto que el Almirante, a las diez de la noche, estando en el castillo de popa, vid lumbre; aunque fue cosa tan çerrada que no quiso affirmar que fuese tierra, pero llamó a Pero Gutiérrez repostero d'estrados del Rey e díxole que pareçía lumbre, que mirasse él, y así lo hizo, y vídola. Díxolo también a Rodrigo Sánchez de Segovia, qu'el Rey y la Reina embiavan en el armada por veedor, el cual no vido nada porque no estava en lugar do la pudiese ver. Después qu'el Almirante lo dixo, se vido una vez una vez o dos, y era como una candelilla de cera que se alçava y levantava, lo cual a pocos pareçiera ser indiçio de tierra; pero el Almirante tuvo por çierto estar junto a la tierra. Por lo cual, cuando dixeron la Salve, que la acostumbran dezir e cantar a su manera todos los marineros y se hallan todos, rogó y amonestólos el Almirante que hiziesen buena guarda al castillo de proa, y mirasen bien por la tierra, y que al que le dixese primero que vía tierra le daría luego un jubón de seda, sin las otras mercedes que los Reyes avían prometido, que eran diez mill maravedís de juro a quien primero le viese. A las dos oras después de media noche pareçió la tierra, de la cual estarían dos leguas. Amainaron todas las velas, y quedaron con el treo que es la vela grande, sin bonetas, y pusiéronse a la corda, temporizando hasta el día viernes que llegaron a una isleta de los lucayos, que se llamava en lengua de indios Guanahaní.

Luego vieron gente desnuda, y el Almirante salió a tierra en la barca armada y Martín Alonso Pinçón y Viceinte Anes, su hermano, que era capitán de la Niña. Sacó el Almirante la vandera real y los capitanes con dos vanderas de la Cruz Verde, que llevava el Almirante en todos los navíos por seña, con una F y una I, ençima de cada letra su corona, una de un cabo de la + y otra de otro. Puestos en tierra vieron árboles muy verdes y aguas muchas y frutas de diversas maneras. El Almirante llamó a los dos capitanes y a los demás que saltaron en tierra, y a Rodrigo d'Escobedo, escrivano de toda el armada, y a Rodrigo Sánches de Segovia, y dixo que le diesen por fe y testimonio cómo él por ante todos tomava, como de hecho tomó, possessión de la dicha isla por el Rey e por la Reina sus señores, haziendo las protestaçiones que se requirían, como más largo se contiene en los testimonios que allí se hizieron por escripto. Luego se ayuntó allí mucha gente de la isla. Esto que se sigue son palabras formales del Almirante en su libro de su primera navegaçión y descubrimiento d'estas Indias. «Yo», dize él, «porque nos tuviesen mucha amistad, porque cognosçí que era gente que mejor se libraría y convertiría a nuestra sancta fe con amor que no por fuerça, les di a algunos d'ellos unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se ponían al pescueço, y otras cosas muchas de poco valor, con que ovieron mucho plazer y quedaron tant nuestros que era maravilla. Los cuales después venían a las barcas de los navíos adonde nos estávamos, nadando, y nos traían papagayos y hilo de algodón en ovillos y azagayas y otras cosas muchas, y nos las trocavan por otras cosas que nos les dávamos, como cuentezillas de vidrio y cascaveles. En fin, todo tomavan y daban de aquello que tenían de buena voluntad, mas me pareció que era gente muy pobre de todo. Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y también las mugeres, aunque no vide más de una farto moça, y todos los que yo vi eran todos mançebos, que ninguno vide de edad de más de XXX años, muy bien hechos, de muy fermosos cuerpos y muy buenas caras, los cabellos gruessos cuasi como sedas de cola de cavallo e cortos. Los cabellos traen por ençima de las cejas, salvo unos pocos detrás que traen largos, que jamás cortan. d'ellos se pintan de prieto, y [d']ellos son de la color de los canarios, ni negros ni blancos, y d'ellos se pintan de blanco y d'ellos de colorado y d'ellos de lo que fallan; y d'ellos se pintan las caras, y d'ellos todo el cuerpo, y d'ellos solos los ojos, y d'ellos solo el nariz. Ellos no traen armas ni las cognosçen, porque les amostré espadas y las tomavan por el filo y se cortavan con ignorançia. No tienen algún fierro; sus azagayas son unas varas sin fierro y algunas d'ellas tienen al cabo un diente de peçe, y otras de otras cosas. Ellos todos a una mano son de buena estatura de grandeza y buenos gestos, bien hechos. Yo vide algunos que tenían señales de feridas en sus cuerpos, y les hize señas qué era aquello, y ellos me amostraron cómo allí venían gente de otras islas que estavan açerca y les querían tomar y se defendían. Y yo creí e creo que aquí vienen de tierra firme a tomados por captivos. Ellos deven ser buenos servidores y de buen ingenio, que veo que muy presto dizen todo lo que les dezía. Y creo que ligeramente se harían cristianos, que me pareçió que ninguna secta tenían. Yo plaziendo a Nuestro Señor llevaré de aquí al tiempo de mi partida seis a Vuestras Altezas para que deprendan fablar. Ninguna bestia de ninguna manera vide, salvo papagayos en esta isla.

Todas son palabras del Almirante.



jueves, 3 de octubre de 2013

El canto del cisne o de cómo se llegó a ser 2 de octubre.



“Huya ahora el lobo de la oveja, produzcan doradas pomas las duras encinas, florezca en los olmos el narciso, destile la corteza de los tamariscos espeso ámbar, desafíen a cantar las lechuzas a los cisnes, sea Títiro un Orfeo en las selvas, un Arión entre los delfines.
“Las Églogas” Virgilio.

“Posiblemente la expresión de esa mirada anticipó, amenguándola, la impresión de las palabras. El cisne cerró los ojos”
“El canto del cisne” Horacio Quiroga

“Entonces cuando lo tenía a la altura de mi pecho, sentí que se desenrrollaba una cinta, algo como un brazo negro me rozaba la cara. Era su largo y ondulante cuello que caía. Así aprendí que los cisnes no cantan cuando mueren"
Confieso que he vivido, Pablo Neruda.

 
Cuentan que cuando los cisnes un poco antes de morir cantan, con ello anuncian el próximo final. En 1968 se quiebra el cielo, el cisne canta y muere, pero no es inmediata, es una larga agonía que comienza con sus lamentaciones. Mayo en Paris, Berlín RFA (actual Alemania), Primavera de Praga, el Che, Jean Paul Sarte, The Beatles, The Rolling Stones, Hippies, jóvenes, siempre jóvenes.

Y así, el poder retado, obtuso, temeroso reprime y recuerdo a Grinsberg en su poema Aullido, “Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas…”

En México el cisne también canto, lo hizo en la plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, entre restos pre españoles, arquitectura colonial y edificios multifamiliares, el dos de octubre de 1968, el México viejo, artrítico, con altos índices de colesterol y deficiente alimentación, ese México analfabeta en el cual el poder era quien daba y quitaba libertad (¿acaso a eso se puede llamar libertad?), ese México católico, prejuiciado, sin memoria, ese México ese México empezó ese día a morir.

Hoy es nuevamente dos de octubre, hace 45 años, en 1968 la intolerancia y el miedo salieron con sus feroces dientes y cual mastines llenaron la historia de sangre, en ese tiempo yo tenía 12 años, sin embargo recuerdo vivamente cuando los estudiantes se subían a los camiones e intentaban dar a conocer sus peticiones (Libertad a los presos políticos, Derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal Federal. (Instituían el delito de disolución social y sirvieron de instrumento jurídico para la agresión sufrida por los estudiantes), Desaparición del Cuerpo de Granaderos, Destitución de los jefes policíacos, Indemnización a los familiares de todos los muertos y heridos desde el inicio del conflicto, Deslindamiento de responsabilidades de los funcionarios culpables de los hechos sangrientos) y de cómo tenían que descender para no ser detenidos y a pesar de ello, las amas de casa, los obreros, las madres y los padres, los campesinos, los pobres y los ricos por vez primera en un poco más de 50 años unieron su voz y fue tan fuerte que se escuchó en la marcha del silencio, porque no hay grito más poderoso que aquel que proviene de mil bocas cerradas.
 
Yo no fui parte de esto como estudiante, pero la vivencia la traigo en piel, el recuerdo en la memoria y el ánimo de seguir, ese amigo desde entonces esta en mi hígado, en mi estómago y en mi corazón.

El perdón han gritado y exigido los asesinos, es asunto viejo, dijeron, el perdón solo lo otorga la víctima, este es un acto de misericordia hacia ambos (victima-victimario), los actos humanos no se reducen (por desgracia) a esta violencia, sino que la trascienden y son de lo cotidiano, el perdón entonces adquiere un tamaño casi divino, por ello el perdón lo deben otorgar solo quienes sufren y lo deben de recibir aquellos que han recuperado su alma, que están arrepentidos.

Sé que este es un tema que se tamiza en la criba de los sentimientos, pero también sé que no es posible perdonar sino se habla y se acepta, no es sólo un acto moral, ético, ni religioso, tampoco es exclusivamente jurídico o político, es ante todo un acto y un sentimiento humano y el perdón no es olvido ni impunidad, el perdón es memoria y justicia.

Así, quienes piden ser perdonados las victimas serán quienes decidan, más ello no los vuelve invisibles, no son fantasmas, ellos deben ser juzgados sin odio, sin venganza, solo con justicia para la víctima y el victimario, sin olvido, por que quien olvida no perdona, admite y reconoce el pecado y es indiferente por eso termina siendo culpable.

Hoy no basta con recordar a los muertos, a los desaparecidos, a los torturados, es necesario recuperar la voz, la violencia es el argumento de los cobardes, de los timoratos y pusilánimes, la voz hecha silencio y canto es nuestra, es nuestro salmo, nuestra esperanza.

Falta mucho por caminar, no caigamos en la violencia y la estupidez, cuando yo estudiaba antropología en la ENAH (por cierto, todavía la escuela estaba en el Museo Nacional de Antropología e Historia) conocí a un par de estudiantes becados, ellos eran vietnamitas, en una ocasión les invitamos a una fiesta y ambos nos dijeron que no podían asistir, que ellos tenían una responsabilidad con el pueblo de Vietnam y con los combatientes muertos, heridos, desaparecidos  torturados, con todos, traigo esto a colación por que creo que todos los que hoy estamos aquí tenemos una responsabilidad similar pero también la tenemos con el futuro, con dejarle a los niños de hoy un lugar hermoso donde vivir, donde dejarles la alegría, el canto, la esperanza.
 
Termino dejándolos con dos films propios a la época.

“El grito”, de hecho es el único testimonio fílmico y lo hicieron jóvenes para que la memoria perdure.

El otro es el “Memorial del 68”, un recuento de los hechos a la distancia del tiempo, de la vida y la experiencia.

Un solidario abrazo camaradas.
Alejandro. 

El grito


Memorial del 68