lunes, 13 de junio de 2011

Marcha de las Putas



Una vez, platicando con unos compañeros, en esas platicas masculinas, donde evidentemente el gran tema de conversación son las mujeres, uno de ellos dijo “Todas las mujeres son putas, menos mi madre y mi hermana”… Hay una antigua voz española que arribo al nuevo mundo con los nuevos señores “Las mujeres son tan putas como las gallinas”

La Real Academia define puta como “Persona que ejerce la prostitución” esto es un intercambio donde se contrata un servicio por dinero, ahora bien, he escuchado también decir tanto a hombres como a mujeres “¿y después por que las violan?”, evidenciando que es el atuendo el medio y la portadora es responsable de la violación, así aquí la victima es quien provoca el acto, esto es maravillosa, ella lo provoca y por tanto debe ser castigada, que gran sentido de justicia y respeto tenemos.

Este domingo, 5 de junio, en la Ciudad de México se realizó “la marcha de las putas”, acto que se ha efectuado en otras ciudades del mundo, porque resulta que la discriminación y la agresión es de lo más democrática que puede haber.

Creo que e hora de que todas y todos comencemos a darnos cuenta que el lenguaje es en esencia una manifestación, la más clara de nuestros prejuicios, odios, temores, de que debemos de aprender a creer y a aceptar la diferencia como lo más valioso de la sociedad humana, de que esa diferencia es la que brota y da origen a nuevos horizontes, que la discriminación verbal o no, es a fin de cuentas un acto de cobardía y de odio.

Les dejo con un articulo publicado en la revista Proceso de hoy 6 de junio, así como algunos datos estadísticos que demuestran este hecho, elaborados por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática de México, los datos son del 2003, habría que considerar que por desgracia las cifras tienden a incrementarse.

Y por último un video de la “Marcha de las Putas”

Alejandro.

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La marcha de las putas

Marta Lamas

MÉXICO, D.F., 12 de junio (apro).- Este domingo 12 varias mujeres partieron a las dos de la tarde de la Palma de Reforma rumbo al Hemiciclo a Juárez, replicando la Marcha de las Putas que ya se ha venido realizando en otras ciudades. No obstante el nombre, no se trata de una marcha de trabajadoras sexuales sino de todo tipo de mujeres para protestar porque mucha de la violencia sexual se justifica con el pretexto de la apariencia provocadora de las víctimas. Apropiarse del término estigmatizante de “puta” es una actitud desafiante y liberadora. “Puta” se usa no sólo para nombrar a las trabajadoras sexuales; se usa para calificar a las mujeres que no se ajustan a los lineamientos de “decentes” (sea porque tienen relaciones sexuales libres o simplemente porque visten de manera llamativa); pero también ciertos hombres utilizan dicho apelativo como venganza cuando una mujer resiste sus avances indeseados. Por eso el calificativo de “puta” les sirve a ciertos hombres como insulto y socialmente se vuelve un arma para mantener a raya a las mujeres: el temor de ser calificadas de “putas” las predispone a aguantar malos tratos o restricciones a sus deseos. Así, la utilización arbitraria y sexista de “puta” cuando el comportamiento de las mujeres no es lo que se espera hace que en cualquier momento las mujeres puedan ser estigmatizadas como “putas”.

El estigma genera mucha vulnerabilidad social y, además, es absolutamente discriminatorio. Si el comercio sexual ocurre entre una persona que vende y otra que compra, ¿por qué sólo se estigmatiza a quien vende y no a quien compra? Habría que eliminar la definición del trabajo sexual como “prostitución”, pues es una de las formas de violencia simbólica más insidiosas contra las mujeres. Ese es también el sentido de la Marcha de las Putas, una batalla por la resignificación simbólica que, aunque no acaba por sí sola con la separación ideológica entre las mujeres decentes y las putas, provoca una reflexión muy necesaria respecto a la doble moral. La valoración desigual de la actividad sexual humana, comercial o gratuita, es el andamiaje moral que rige la sociedad. No es lo mismo que un hombre tenga una expresión sexual libre a que la tenga una mujer. Por eso la doble moral se expresa con ideas absolutamente machistas: “ella se lo buscó”, “ella lo provocó con su forma de andar, de vestirse”, “si fuera decente, se habría quedado en su casa”, etc…

Precisamente la Marcha de las Putas surge por el comentario que el policía canadiense Michael Sanguinetti hizo durante un seminario sobre agresión sexual en la Universidad de York, en Toronto: “Las mujeres deben evitar vestirse como putas para no ser víctimas de la violencia sexual”. (Women should avoid dressing like sluts in order not to be victimized). El policía Sanguinetti tuvo que ofrecer una disculpa pública, diciendo que estaba “avergonzado” por su comentario y que éste no reflejaba el compromiso de la policía de Toronto con las víctimas de agresiones sexuales. Y la vocera de la corporación, Meaghan Ray, salió a declarar que los policías deben dar una lista detallada de los lugares y los tiempos en los que ocurren las agresiones sexuales para que las mujeres puedan adecuar su conducta, pero que no deben sugerirles cómo vestirse. Sin embargo, el comentario escandaloso ya había encendido la mecha de la indignación. Más de 3 mil mujeres salieron a la calle en Toronto vestidas como “putas” para expresar que no importa la vestimenta que se use, nada justifica la violencia sexual. Además, se burlaron de la idea de que hay hombres a los que esos atuendos excitan al grado de perder el control. El mensaje fue claro: las agresiones sexuales son responsabilidad de quienes las llevan a cabo y no de las víctimas. Así, la Marcha de las Putas se diseminó a otras ciudades: Montreal, Londres, Matagalpa, Melbourne, Seattle, Los Ángeles, Tegucigalpa...

La campaña tiene un eslogan central: cuando una mujer dice NO, significa que NO. En México, una de las organizadoras, Minerva Valenzuela, lo plantea de forma muy clara:

Aunque use medias de red y tacones de aguja: si digo no, significa no.

Aunque la apertura de mi falda suba hasta mi muslo: si digo no, significa no.

Aunque en cualquier momento decida no consumar el acto sexual: si digo no, significa no.

Aunque me ponga una borrachera marca diablo: si digo no, significa no.

Aunque baile de forma sensual: si digo no, significa no.

Aunque el escote de mi vestido sea tentador: si digo no, significa no.

El objetivo de la marcha es exigir respeto y protección de parte de los violadores, y también decirle a la sociedad y al gobierno que no se puede ya seguir culpando a las mujeres porque supuestamente parecen putas. ¡Como si ser trabajadora sexual fuera una razón para ser agredida sexualmente! Hay un hecho incontrovertible: los agresores sexuales deben aprender a controlarse. Por eso resulta imprescindible que las personas expresen su repudio, a tono con esta Marcha de las Putas. Algo importante: la convocatoria fue no sólo para mujeres, sino que estuvo abierta a todas las personas, de cualquier expresión y orientación de género, profesión, nivel educativo, raza, etnia, edad, capacidad, comprometidas en la lucha contra la violencia sexual.

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Algunos datos

Según el estudio realizado por el "Diagnostic and treatment guidelines on domestic violence del organismo American Medical Association" en 2011, entre 1% y 70% de las mujeres afirman haber sufrido de agresión física o psicológica por su pareja masculina. Además, la violencia contra la mujer embarazada es más frecuente de lo que pensamos. El mismo estudio menciona que en una investigación realizada en México con mujeres embarazadas, 31.1% de ellas afirman haber soportado actos de violencia sexual, verbal o física de parte de su compañero sentimental a un momento durante el embarazo. Una mujer embarazada maltratada por su esposo puede desarrollar problemas de autoestima, trastornos psicológicos y las repercusiones de tales actos son peligrosos tanto para ella que para el bebe.


INEGI

“ESTADÍSTICAS A PROPÓSITO DEL DÍA INTERNACIONAL PARA LA ELIMINACIÓN DE LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES” - DATOS NACIONALES


En uno de cada tres hogares del Área Metropolitana de la Ciudad de México, se registra algún tipo de violencia.

De cada 100 hogares donde el jefe es hombre, en casi 33 se registra algún tipo de violencia por 22 de cada 100 de los dirigidos por mujeres.

Los miembros más frecuentemente agresores son el jefe del hogar, 49.5%, y la cónyuge, 44.1 por ciento.

Las víctimas más comúnmente afectadas son hijas, hijos, 44.9%, y cónyuge s, 38.9 por ciento.

Las expresiones más frecuentes de maltrato emocional son los gritos y los enojos mayores; 86% de los hogares con presencia de agresiones de tipo emocional sufrieron gritos y 41%, enojos mayores.

Las formas de maltrato que con más frecuencia se presentan en la violencia física, fueron los golpes con el puño, 42%; bofetadas, 40% y golpes con objetos 23 por ciento.

VIOLENCIA INTRAFAMILIAR

Este tipo de violencia es un abuso que refuerza las jerarquías de género y edad. De ahí que también las mujeres pueden agredir y ser violentas. Sin embargo, en nuestro país del total de personas generadoras de violencia, 91 de cada 100 son hombres y 9 mujeres

La Encuesta sobre Violencia Intrafamiliar (ENVIF), registró que uno de cada tres hogares del Área Metropolitana de la Ciudad de México sufre algún tipo de violencia intrafamiliar; asimismo, reveló una mayor presencia de actos de violencia en los hogares con jefatura masculina, 32.5% de estos hogares reportó algún tipo de violencia por 22% de los dirigidos por mujeres.

Por otra parte, los miembros más frecuentemente agresores son el jefe del hogar (49.5%) y la cónyuge (44.1%), mientras que las víctimas más comúnmente afectadas son hijas, hijos (44.9%) y cónyuges (38.9%).

En las familias se presentan diferentes tipos de violencia. Las expresiones más frecuentes de maltrato emocional son los gritos y los enojos mayores; 86% de los hogares con presencia de agresiones de tipo emocional sufrieron gritos y 41%, enojos mayores.

Por otra parte, en los hogares en que se identificó violencia física, las formas más frecuentemente empleadas fueron golpes con el puño, 42%; bofetadas , 40%; golpes con objetos 23%; patadas, 21% y pellizcos, 18% por ciento.

Asimismo, la intimidación se expresa en actos como empujones (46% de los hogares con presencia de intimidaciones), jaloneos (41%) y amenazas verbales (38%).

En el país, datos de la Encuesta Nacional de Usuarios de los Servicios de Salud, aplicada a mujeres mayores de 15 años usuarias de los servicios en hospitales generales del IMSS, ISSSTE y SSA en el presente año, muestran que poco más de 2 mujeres de cada 10 sufrieron algún tipo de violencia infligida por su pareja durante el año previo al del levantamiento de la encuesta, y casi 37 de cada 100, algún tipo de agresión a lo largo de su vida por diversas personas cercanas a ellas.

Asimismo, 90% de las mujeres encuestadas sufrió agresión psicológica; 44.7%, física; 32.1%, sexual y 21.5%, los tres tipos de violencia.

En la población femenina, la presencia de actos violentos se manifiesta sin distinción clara de edad y nivel educativo; sin embargo, mujeres de 31 a 45 años y aquéllas con niveles de escolaridad bajos presentaron porcentajes ligeramente más elevados que los de otros grupos de edad.

En México, el Programa de Prevención al Maltrato Infantil del Sistema Nacional de Desarrollo Integral de la Familia (DIF-PRENAM), en el 2002 registró 23 mil 585 denuncias, de las cuales se comprobó en poco más de 13 mil casos, maltrato infantil; de éstos, se dio atención a 22 mil 463 menores. De la población infantil atendida, 50.8% fueron niños y 49.2% , niñas

DEFUNCIONES FEMENINAS

En el 2001, se produjeron 51 mil 370 decesos por causas violentas en nuestro país; de éstos, 10 mil 679 fueron de mujeres (20.8%). De los fallecimientos violentos de población femenina, alrededor de 78 de cada 100 se debió a accidentes años y 24.2% a mujeres de 65 años y más, grupos demográfica y socialmente más vulnerables.

Las muertes por homicidio y suicidio de mujeres de 15 a 39 años tienen un peso singularmente mayor que el registrado por el total de los decesos por causas violentas femeninas. En el grupo de 20 a 24 años, una quinta parte de las muertes violentas registradas fue por homicidio, y en el de 15 a 19 años, una de cada seis mujeres falleció por suicidio.

En el País, Quintana Roo registra la proporción más alta de muertes violentas femeninas (10.6% del total de defunciones femeninas), y la más baja, en el Distrito Federal (3.5 por ciento).

Por otra parte, veinte entidades federativas superan el porcentaje nacional de muertes violentas femeninas (5.4%). Entre las anteriores destacan el estado de México (27.8% de las defunciones de mujeres registradas en la entidad), Quintana Roo (19.3%), Chihuahua (16.9%), Oaxaca (16%) y Guerrero (15.8%).

Asimismo, 13 entidades presentan porcentajes de muertes femeninas por homicidios y suicidios, superiores a los registrados para el país (12% y 6.4%, respectivamente, respecto del total de muertes violentas). Estados como Campeche, Yucatán, Tabasco y San Luis Potosí, tienen las proporciones de suicidios más altas respecto del total de las muertes violentas femeninas de éstos, 19.2%, 14%, 11.1% y 11%, respectivamente.

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